Género

Por qué el género ::: La mujer rural y los ODM

Las mujeres rurales desempeñan una función clave de apoyo a sus hogares y comunidades para alcanzar la seguridad alimentaria y nutricional, generar ingresos y mejorar los medios de subsistencia y el bienestar general en el medio rural. Como tales, las mujeres desempeñan un papel activo en la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Pese a todo, cada día alrededor del mundo, las mujer es y niñas rurales se enfrentan a continuas limitaciones estructurales que les impiden disfrutar plenamente de sus derechos humanos y dificultan sus esfuerzos por mejorar sus vidas y las de aquellos a su alrededor. En este sentido, ellas también son un importante grupo beneficiario de los ODM.

La información presentada en esta página fue extraída de la nota informativa:1 La mujer rural y los Objetivos de Desarrollo del Milenio. La presente nota informativa ha sido elaborada por el Grupo de acción interinstitucional sobre la mujer rural que dirigen FAO, FIDA y PMA, y que se compone de los siguientes miembros: CIF-OIT, OMS, ONUDI, ONU Mujeres, PNUD, PNUMA, SPFII, UNCTAD, UNESCOUNFPA. Además, ONUSIDA contribuyó de manera substancial a la sección relativa al ODM6.

 Árabe, españolfrancés, inglés

Objetivo 1: Erradicar la pobreza extrema y el hambre

Objetivo 1: Erradicar la pobreza extrema y el hambre

La dificultad de acceso de la mujer rural a las infraestructuras en zonas rurales limita sus posibilidades de reducir la pobreza y el hambre

Figura 1
Fuente: PNUD. 2011. Informe sobre Desarrollo Humano. Sostenibilidad y Equidad: Un mejor futuro para todos. p. 58. Nueva York.

Las mujeres rurales dedican más tiempo que los hombres y mujeres de zonas urbanas a labores reproductivas y del hogar, incluyendo el tiempo necesario para la obtención de agua y leña, el cuidado de los hijos y las personas enfermas y la elaboración de alimentos. Esto es debido a las escasas infraestructuras y servicios rurales, así como también a una asignación cultural de funciones que limitan en gran medida la participación de las mujeres en oportunidades de empleo (véanse también los Objetivos 3 y 7).

Ante la falta de servicios e infraestructuras, las mujeres rurales acarrean gran parte del peso de asegurar la provisión de agua y leña en el hogar. En zonas rurales de Guinea, por ejemplo, las mujeres dedican más del doble del tiempo que los hombres a la recolección de leña y agua cada semana, mientras que en Malawi dedican más de ocho veces más que los hombres a las mismas tareas. Las niñas de áreas rurales de Malawi también dedican más de tres veces el tiempo que los niños a la recolección de leña y agua (Figura 1). En conjunto, las mujeres del África subsahariana dedican unos 40.000 millones de horas al año a la recolección de agua.2

Figura 2
Fuente: FAO. 2011. El Estado Mundial de la Agricultura la Alimentación 2010-2011. Pg. 17. Roma. Fuente original: OIT. 2009. Key indicators of the labour market [Indicadores fundamentales del Mercado laboral], 6ª edición. Ginebra, Suiza).

Por estas razones y porque las mujeres rurales no suelen considerar como empleo su contribución a la familia, los datos disponibles indican que el empleo femenino en la agricultura es sistemáticamente inferior al masculino para toda la población adulta en los países en desarrollo, aunque esta cifra varía considerablemente por región
(Figura 2). Los empleos de las mujeres rurales suelen ser de menor duración, más precarios y menos seguros que los de los hombres rurales y las personas de áreas urbanas. La falta de horarios flexibles que permitan compaginar el trabajo familiar, junto con la discriminación en materia de salario y ocupación y la escasa representación de las mujeres en las organizaciones de trabajadores son, en parte, la causa de esto.

Como medio importante de subsistencia para los más pobres, la agricultura es un medio para erradicar la pobreza extrema, especialmente en el caso de las mujeres rurales

A pesar de la baja tasa de empleo de las mujeres en general, entre las mujeres empleadas la proporción de mujeres que trabajan en la agricultura frente a otros sectores es normalmente igual o superior que la de los hombres. Casi el 70 por ciento de las mujeres empleadas en Asia meridional y más del 60 por ciento de las mujeres empleadas en el África subsahariana trabajan en la agricultura.3 Esta considerable implicación de la mujer rural en la agricultura, fundamentalmente en empleos no remunerados o como trabajadoras familiares, señala la importancia de elaborar políticas y programas que se ocupen de las necesidades, los intereses y las limitaciones a las que se enfrentan tanto mujeres como hombres en el sector agrícola. Para ello hay que modernizar y reforzar los sistemas de extensión para que sean más inclusivos y sensibles a la situación de las mujeres, hacer frente a las barreras estructurales del acceso de la mujer a los recursos productivos y mejorar los sistemas financieros para que respondan a las necesidades de las mujeres productoras y empresarias rurales, incluido el abandono de los segmentos menos productivos de la economía rural.4

Mejorar el acceso de las mujeres a los recursos productivos es fundamental para hacer frente al hambre

Las mujeres constituyen un promedio del 43 por ciento de la fuerza laboral agrícola en los países en desarrollo. La evidencia indica que si esas mujeres tuvieran el mismo acceso a los recursos productivos que los hombres, podrían aumentar el rendimiento de sus explotaciones entre un 20 y un 30 por ciento. De este modo, la producción agrícola total en los países en desarrollo podría aumentar entre un 2,5 y un 4 por ciento, lo que a su vez permitiría reducir el número de personas hambrientas en el mundo entre un 12 y un 17 por ciento.5 Para las mujeres y los hombres rurales, la tierra es probablemente el activo doméstico más importante para la producción y para garantizar la seguridad alimentaria, nutricional y económica. Sin embargo, una comparación internacional de los datos de los censos agrícolas muestra que, debido a una serie de limitaciones legales y culturales en el proceso de herencia de la tierra, propiedad y utilización, menos del 20 por ciento de los jefes de las explotaciones son mujeres.6 Las mujeres representan menos del 5 por ciento de todos los jefes de las explotaciones agrícolas en los países de África del Norte y Asia Occidental, mientras que la media de África subsahariana es del 15 por ciento.7

Hay pruebas abundantes de que el acceso a toda una serie de bienes y servicios productivos fundamentales para los medios rurales de subsistencia es más limitado en los hogares encabezados por mujeres que en los encabezados por hombres. Estos bienes y servicios incluyen fertilizantes, ganado, equipamientos mecánicos, variedades de semillas mejoradas, servicios de extensión y formación agrícola.8 De manera similar, en siete de nueve países de África, Asia y Latinoamérica, los hogares rurales encabezados por mujeres suelen utilizar menos créditos que los encabezados por hombres.9

El empoderamiento económico de la mujer rural puede contribuir a reducir el número de niños y niñas por debajo de su peso normal

Figura 3
Fuente: FAO. 2011. El Estado Mundial de la Agricultura la Alimentación 2010-2011. pp. 135-141 (Anexo estadístico, cuadro A6). Roma.

Una gran masa de datos señala que poner más dinero en manos de las mujeres es beneficioso para la nutrición, la salud y la educación de los hijos10aunque hay poca información sobre nutrición infantil desagregada tanto por sexo como por ubicación en áreas urbanas/rurales. En todas las regiones en desarrollo11 del mundo, los niños de zonas rurales tienen más probabilidad de estar de insuficiencia ponderal que los de áreas urbanas. Entre 1990 y 2008, la proporción de niños menores de cinco años de regiones en desarrollo por debajo del peso normal disminuyó del 31 por ciento al 26 por ciento, aunque en algunas zonas de Latinoamérica y el Caribe y de Asia, las diferencias entre niños de áreas rurales y urbanas aumentaron.12 La Figura 3 señala que en América del Sur y Central, los niños de áreas rurales tienen un probabilidad aproximadamente 1,8 veces mayor de estar de insuficiencia ponderal que los niños de zonas urbanas; otras regiones también rankean bajo. Las mejoras en materia de nutrición materna, suministro de agua y saneamiento y servicios de salud, que no se dan en muchas zonas rurales de los países menos adelantados, también contribuirían en gran medida a hacer frente a esta situación.

Objetivo 2: Lograr la enseñanza primaria universal

Objetivo 2: Lograr la enseñanza primaria universal

La pobreza y la desigualdad constituyen barreras para la educación universal

Figura 4
Fuente: Nationes Unidas. 2010. Objetivos de Desarrollo del Milenio. Informe de 2010. p. 18. Nueva York.

Un año adicional de educación primaria aumenta el salario potencial de las niñas en un 10-20 por ciento, facilita que el matrimonio se produzca más tarde y que tengan menos hijos y las hace menos propensas a sufrir violencia.13 Sin embargo, en muchas zonas del mundo la educación de las niñas se considera menos importante que la de los varones. Además, pese a que se ha avanzado considerablemente en la reducción de la brecha de género en la matriculación en educación primaria, siguen existiendo diferencias profundas entre las áreas rurales y urbanas. Los datos de los hogares de 42 países reflejan que las niñas rurales tienen más probabilidad de no estar escolarizadas que los niños de estas zonas, y que tanto los niños como las niñas rurales tienen el doble de probabilidad de no estar escolarizados que las niñas de zonas urbanas (Figura 4).

En las zonas rurales suele haber más “castigos” en forma de barreras sociales y culturales, requisitos de contratación y grandes distancias,14 que mantienen a las niñas fuera del proceso de escolarización. En Pakistán, un aumento de medio kilómetros en la distancia a la escuela disminuye la inscripción de las niñas en un 20 por ciento.15 Disminuir la distancia a la escuela aumenta la asistencia y la matriculación de las niñas; construir escuelas locales en comunidades rurales aumentó la matriculación de niñas en Egipto, Indonesia y en varios países africanos. El gasto que representa la educación constituye otra barrera, especialmente para las familias rurales pobres.

Gran parte de las personas analfabetas del mundo son mujeres rurales

Más de dos tercios de los 796 millones de analfabetos en el mundo son mujeres, muchas de las cuales viven en áreas rurales.16 En algunos países, muchas menos mujeres que hombres saben leer y escribir. Por ejemplo, en Camboya el 48 por ciento de las mujeres rurales frente al 14 por ciento de los hombres rurales son analfabetos, mientras que en Burkina Faso la tasa de analfabetismo es del 78 por ciento para las mujeres rurales y del 63 por ciento para los hombres rurales.17 La alfabetización y la educación son instrumentos poderosos para el empoderamiento de las mujeres rurales y la lucha contra la pobreza y el hambre. De hecho, las mujeres que han recibido educación tienen más probabilidad de contar con salud, generar ingresos mayores y tener mayor poder de decisión en sus hogares.18

Objetivo 3: Promover la igualdad entre los sexos y el empoderamiento de la mujer

Objetivo 3: Promover la igualdad entre los sexos y el empoderamiento de la mujer

Las niñas rurales del mundo tienen una doble desventaja para asistir a la educación secundaria

Figura 5
Fuente: Naciones Unidas. 2009. Objetivos de Desarrollo del Milenio. Informe de 2009. p. 20.

La asistencia a la escuela secundaria tiene consecuencias de frente a las posibilidades laborales y económicas de futuro, así como efectos sobre la salud. Hay datos que señalan que las niñas rurales tienen menos probabilidades que los niños rurales de acudir a escuelas de educación secundaria y mucha menos probabilidades que las niñas de áreas urbanas. Según la Figura 5, el 39 por ciento de las niñas rurales reciben educación secundaria frente al 45 por ciento de los niños de comunidades rurales, el 59 por ciento de las niñas urbanas y el 60 por ciento de los niños urbanos.

Las mujeres rurales tienen menos probabilidades de realizar empleos remunerados que los hombres rurales

Datos recientes de varios países de África, Asia y Latinoamérica señalan que las mujeres tienen muchas menos probabilidades que los hombres de realizar empleos rurales remunerados (tanto agrícolas como no agrícolas) (Figura 6).

Figura 6
Fuente: FAO. 2011. El Estado Mundial de la Agricultura y la Alimentación 2010-2011. p. 18. Rome.

Por el contrario, son más activas en la economía rural informal que opera fuera de las normas laborales. En los casos en que realizan actividades remuneradas, las mujeres rurales suelen hacerlo en empleos a tiempo parcial, estacional y/o mal remunerado.19 El salario medio de los hombres es mayor que el de las mujeres, tanto en las zonas rurales como urbanas y en algunos países la brecha salarial entre mujeres y hombres también es mayor en las áreas rurales.20 Las mujeres rurales suelen contribuir al trabajo familiar no remunerado con más frecuencia que los hombres.21

Además, las mujeres rurales suelen trabajar más horas que los hombres si se tienen en cuenta tanto las actividades productivas remuneradas como las reproductivas no remuneradas o las responsabilidades domésticas o de cuidado. En Benín y Tanzania, por ejemplo, las mujeres trabajan, respectivamente, 17,4 y 14 horas semanales más que los hombres, mientras que las mujeres rurales indias trabajan casi 11 horas más que las mujeres urbanas y 12 horas más que los hombres urbanos.22
 
En la mayoría de las regiones, las mujeres están subrepresentadas en los procesos políticos y de toma de decisiones

Desde 1995 se ha avanzado en la representación política de las mujeres, incluida el África y gran parte de Asia, donde hay casos de aumentos notables de la presencia de mujeres parlamentarias. Sorprendentemente, Ruanda realizó grandes avances y su parlamento está constituido actualmente por un 56 por ciento de mujeres, frente al 17 por ciento de 1995.23 Sin embargo, en general sigue existiendo a todos los niveles una brecha de género en el acceso por parte de las mujeres al poder, su inclusión en la toma de decisiones y el liderazgo, incluso en consejos rurales. Datos de 2010 de Asia señalan una representación femenina en la presidencia o dirección de los consejos rurales de entre el 0,2 por ciento (Bangladesh) y el 7 por ciento (Camboya), mientras que la representación por cargos electos en dichos consejos variaba entre el 1,6 por ciento (Sri Lanka) y el 31 por ciento (Pakistán).24

Muchas mujeres rurales padecen violencia y muy pocas solicitan ayuda

Figura 7
Fuente: OMS. 2005. WHO Multi-Country study on women's health and domestic violence against women [Studio multipaís de la OMS sobre salud de la mujer y violencia doméstica]. Anexo estadístico, cuadros 2(a) y 17. Ginebra.

Un aspecto fundamental para garantizar el empoderamiento de las mujeres y erradicar la pobreza, es hacer frente a la desigualdad en las relaciones de poder entre hombres y mujeres y a las normas y creencias continuadas que mantienen la violencia de género y las prácticas tradicionales dañinas, como la mutilación genital femenina, el matrimonio a edades tempranas o la herencia de esposa. Según un estudio multi-país realizado por la OMS, las mujeres rurales padecen más violencia física que las de áreas urbanas (Figura 7). Sin embargo, los datos del estudio no muestran una tendencia clara en cuanto a si las mujeres rurales acuden más a servicios de ayuda en estas situaciones que las mujeres urbanas. Por lo general, las mujeres suelen mostrar dudas sobre la capacidad de estos servicios para ofrecerles la ayuda que necesitan. Manifiestan asimismo temor por su propia seguridad y la de sus hijos si denuncian el abuso. Es probable que el acceso a los servicios legales y de orientación, así como a la policía, sea peor para las mujeres de áreas rurales que para las de áreas urbanas, por ejemplo a causa de la falta de transporte o por la distancia hasta tales servicios.

 

Objetivo 4: Reducir la mortalidad infantil

Objetivo 4: Reducir la mortalidad infantil

La tasa de mortalidad infantil en zonas rurales sigue siendo mayor que en zonas urbanas

Entre 1990 y 2009, todas las regiones del mundo experimentaron un descenso significativo de la tasa de mortalidad en niños menores de 5 años, llegando algunas regiones en desarrollo a alcanzar las metas para 2015, o acercándose a las mismas.25 Sin embargo, los datos existentes impiden determinar cómo varía la mortalidad infantil entre los niños y las niñas rurales. Aunque los niveles de mortalidad infantil varían considerablemente entre países, la tasa en zonas rurales suele ser mucho mayor que en las áreas urbanas (Figura 8). El África subsahariana posee la tasa más elevada de mortalidad de niños menores de 5 años en general y en áreas rurales. Con frecuencia las zonas rurales se encuentran en la misma situación de desventaja en países con una tasa de mortalidad de niños menores de 5 años muy inferior, como es el caso de Honduras, donde los niños menores de 5 años del medio rural tienen el doble de probabilidad de morir que los niños urbanos. De entre las regiones en desarrollo, Latinoamérica y el Caribe, así como Asia oriental poseen niveles de mortalidad de niños menores de 5 años relativamente inferiores, aunque también cuentan con los niveles más elevados de desigualdad entre la población rural y urbana (Figura 9). En general, los niños rurales menores de 5 años en regiones en desarrollo tienen aproximadamente 1,4 más probabilidades de fallecer que los niños de iguales características en áreas urbanas.

Figura 8
Fuente: Observatorio mundial de la salud. Datos de la OMS disponibles sobre la mortalidad de niños menores de cinco años en zonas rurales y urbanas de 46 países en desarrollo en distintos años entre 1999 y 2007.

Figura 9
Fuente: Naciones Unidas. 2011. Objetivos de Desarrollo del Milenio. Informe de 2011. p. 26

 

La educación de la mujer es un factor determinante para la supervivencia de sus hijos

Según datos de 68 países sobre la mortalidad de los niños menores de cinco años en relación con la educación de sus madres, la educación de la mujer es primordial para determinar si sus hijos sobrevivirán más allá de los cinco primeros años de vida. Las posibilidades de supervivencia de un niño aumentan aún más cuando su madre posee educación secundaria o superior. Los hijos de mujeres sin educación en la región de Latinoamérica y el Caribe tienen 3,1 más probabilidades de morir que aquellos cuyas madres han recibido educación secundaria o terciaria y 1,6 más probabilidades de fallecer que aquellos cuyas madres poseen educación primaria.26 Estos datos indican que las carencias educativas de las mujeres rurales tienen implicaciones mayores y más a largo plazo para el bienestar de las familias y la reducción de la pobreza.

Objetivo 5: Mejorar la salud materna

Objetivo 5: Mejorar la salud materna

Aumenta el número de partos asistidos entre las mujeres rurales pero se mantienen las desigualdades
 
Para conseguir una buena salud materna es necesario contar con servicios de salud reproductiva de calidad e intervenciones oportunas. Cientos de miles de mujeres fallecen cada año debido a la ausencia de tales servicios. En la mayoría de las regiones en desarrollo, las mujeres rurales tienen peor acceso a personal sanitario cualificado durante el parto, aunque las antiguas diferencias entre áreas rurales y urbanas han disminuido en todas las regiones e incluso han desaparecido en algunas de ellas (Figura 10).
 
Los cuidados prenatales han mejorado para las mujeres rurales, pero aún siguen estando por debajo de los que reciben las mujeres en las áreas urbanas
 
Entre 1990 y 2008, la proporción de mujeres rurales que recibía cuidados prenatales al menos una vez durante el embarazo aumentó del 55 al 66 por ciento, mientras que esta misma proporción para las mujeres urbanas pasó del 84 al 89 por ciento en el mismo periodo de tiempo. Pese a que los cuidados prenatales han mejorado de manera más rápida en las zonas rurales, sigue existiendo una brecha importante.27
 
Los datos disponibles desde mitad de los años noventa hasta la mitad y el final de la primera década del siglo 21 señalan que algunos países con un componente rural predominante (en los que al menos el 60 por ciento de la población habita en áreas rurales) han realizado importantes avances en materia de cobertura de los cuidados prenatales (al menos 4 visitas) en áreas rurales (Figura 11). En Asia, Bangladesh realizó importantes avances en cobertura prenatal aunque en 2007 seguía estando por debajo del 20 por ciento, mientras que la India y Nepal también mejoraron pero se quedaron por debajo del 30 por ciento de cobertura en 2005 y 2006, respectivamente. En África subsahariana, Namibia aumentó la cobertura al menos en un 20 por ciento entre 1992 y 2006, pero la mayoría de los demás países avanzaron muy poco o nada y algunos incluso vieron disminuir la cobertura de estos servicios.

Figura 10
Fuente: Naciones Unidas. 2010. Objetivos de Desarrollo del Milenio. Informe de 2010.. p. 32

Figura 11
Fuente: OMS Inventario del Observatorio de la Salud Mundial. Datos de un total de 25 países. Los países seleccionados para la elaboración del gráfico son aquellos predominantemente rurales (60 por ciento y superior).

Objetivo 6: Combatir el VIH/SIDA, la malaria y otras enfermedades

Objetivo 6: Combatir el VIH/SIDA, la malaria y otras enfermedades

Las mujeres rurales tienen menor conocimiento que las mujeres urbanas de los mecanismos de contagio del VIH, el primer paso para evitar la infección
 
En 2010, las mujeres constituían la mitad de los adultos (a partir de 15 años) viviendo con el VIH en todo el mundo.28 Las mujeres jóvenes son especialmente vulnerables al VIH y constituyen el 64 por ciento de las infecciones de VIH en personas jóvenes en todo el mundo.29 Sólo un 33 por ciento de los jóvenes y un 20 por ciento de las jóvenes en las regiones en desarrollo tienen un conocimiento exhaustivo y correcto del VIH.30 Las personas jóvenes de las áreas rurales, y especialmente las mujeres jóvenes son menos proclives que las jóvenes de las áreas urbanas a saber acerca de métodos de prevención o a utilizar condones.31 Los datos de la OMS (Figura 12) de 25 países señalan que la mujer rural tiene casi siempre menos probabilidad que la mujer urbana de conocer los métodos de transmisión sexual del VIH, en algunos casos con una diferencia del 20-50 por ciento. Llama la atención el hecho de que en varios países con niveles elevados de infección por VIH (Malawi, Namibia, Ruanda, Tanzania, Uganda, Zambia y Zimbabue), la brecha rural-urbana es menor, probablemente como consecuencia del éxito de las intervenciones públicas y de las campañas de sensibilización realizadas en estos países.

Figura 12
Fuente: OMS Inventario del Observatorio de la Salud Mundial. Datos de distintos años entre 2003 y 2007.

 

El acceso al tratamiento con antirretrovirales es desigual

A finales de 2010, el número de personas con acceso a tratamientos con antirretrovirales en los países con ingresos bajos y medios alcanzó unos 6,6 millones (47 por ciento del total de personas que reúnen los requisitos para el tratamiento). En general, la aplicación de terapias antirretrovirales suele ser mayor en las mujeres que en los hombres. En los países más pobres y aquellos con ingresos medios, se calcula que un 53 por ciento de las mujeres que cumplían los requisitos recibían el tratamiento a finales de 2010, en comparación con el 40 por ciento de los hombres. Esta cobertura era mayor para las mujeres que para los hombres en Asia Oriental y Meridional, en el Sudeste asiático y en el África subsahariana; en Latinoamérica y el Caribe se daba la situación opuesta.32
 
Aunque la información sobre patrones de aplicación aun está poco desarrollada en lo que respecta a comprender las distintas respuestas de la población rural y urbana, hay datos significativos de epidemias generalizadas que señalan que las poblaciones rurales tienen menor acceso a tratamiento que las poblaciones urbanas, aunque la situación está mejorando en algunos países a medida que estos servicios se están expandiendo (por ejemplo, Senegal, Uganda).33
 
Las mujeres cargan con las tareas de cuidado, también en las áreas rurales

 
La mayoría de los cuidados que reciben las personas con VIH se realizan en los hogares y las mujeres y las niñas constituyen entre el 66 y el 90 por ciento de las personas que proporcionan cuidados a enfermos de SIDA (aparte de las muchas otras tareas de las que ya se encargan). Las mujeres y las niñas de las áreas rurales se enfrentan a las condiciones más difíciles. La cantidad desproporcionada de cuidados relacionados con la enfermedad que proporcionan las mujeres y las niñas influyen considerablemente en su propio bienestar y a menudo aumenta su vulnerabilidad a la infección por VIH. El estigma y la discriminación ligados al VIH aumentan la pobreza de los hogares encabezados por mujeres y niños y el aumento de la probabilidad de abandono escolar a edades tempranas es otra carga añadida para las cuidadoras.34
 
Inseguridad alimentaria, pérdida de la propiedad y VIH en la mujer rural
 
Las mujeres constituyen la espina dorsal del trabajo agrícola, especialmente en el África subsahariana, que es el epicentro de la epidemia del VIH. El efecto del VIH/SIDA en las mujeres, tanto por la enfermedad en sí como por su función de cuidadoras, disminuye su tiempo y energía y se relaciona con un descenso de la productividad agrícola, lo que conduce a la inseguridad alimentaria.35 En las áreas rurales, los hogares con una o más personas afectadas por el VIH y el SIDA tienen más probabilidad de padecer inseguridad alimentaria que los hogares no afectados.36 El VIH también aumenta la falta de estabilidad con respecto a la propiedad y la pérdida de la misma por parte de las mujeres, especialmente para las viudas cuyos maridos fallecen a causa de algún problema relacionado con el SIDA.37

Objetivo 7: Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente

Objetivo 7: Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente

La mujer rural y los recursos naturales
 
La degradación medioambiental tiene efectos importantes sobre los recursos naturales, de los que dependen las mujeres para su subsistencia. Por ejemplo, hay datos que sugieren que las mujeres con menos opciones ocupacionales y menor movilidad dependen de los bosques más que los hombres. Si la calidad y la disponibilidad de la tierra, la caza, los bosques y los recursos genéticos y acuáticos se ven reducidos, aumenta el tiempo de dedicación de las mujeres rurales, se reduce su capacidad de hacer frente a crisis y al cambio climático, afecta al lugar en el que viven y ocasiona conflictos que a su vez socavan a salud, la educación y los medios de subsistencia rurales. Asimismo, algunos datos apuntan a la existencia de una relación informal entre la desigualdad de género y la degradación medioambiental, como por ejemplo en el caso de la desigualdad de género y la deforestación, con una relación causal entre 1990 y 2010 en más de 100 países.38

Mujer, política y sostenibilidad medioambiental
 
Los estudios sugieren que las mujeres manifiestan más preocupación por el medio ambiente, apoyan políticas que son beneficiosas para ello y suelen votar a favor de líderes que se preocupan por este tema. Los datos de 25 países desarrollados y 65 países en desarrollo indican que los países con mayor representación parlamentaria femenina suelen favorecer la reserva de áreas protegidas de tierra. Un estudio de 130 países señala que las mujeres tienden a ratificar más tratados internacionales de medio ambiente.39
 
La presencia de la mujer es importante, pero la naturaleza de su participación también lo es
 
Si bien la participación de las mujeres se asocia a una mejor gestión ambiental local, su mera presencia en las instituciones no es suficiente para superar las profundas disparidades. Para garantizar la participación eficaz de las mujeres en los procesos de toma de decisiones hacen falta cambios institucionales y flexibilidad. Un estudio publicado recientemente sobre instituciones forestales locales en la India y Nepal señalaba que el número proporcional de las mujeres en los comités de gestión forestal influía en la eficacia de su participación. Cuantas más mujeres participan en el comité de gestión, mayor es la probabilidad de que asistan a las reuniones de los comités, den su opinión y ocupen puestos oficiales.40
 
Las diferencias entre áreas rurales y urbanas en el acceso a fuentes mejoradas de agua siguen siendo significativas
 
En las áreas urbanas, el nivel de acceso a fuentes de agua y servicios de saneamiento mejorados suele ser alto y por encima de la meta del ODM. Por el contrario, las poblaciones rurales pobres aún tienen que hacer frente a importantes desafíos para tener acceso a agua potable. En todas las regiones, la cobertura en las áreas rurales es inferior a la de las áreas urbanas (Figura 13). En 2008, unos 141 millones de personas de las áreas urbanas y 743 millones de personas de las áreas rurales dependían de fuentes de agua potable no mejoradas. En África subsahariana, un residente urbano tiene 1,8 veces más probabilidad de usar una fuente mejorada de agua potable que un habitante de una zona rural.41

Figura 13
Fuente: Naciones Unidas. 2011. Objetivos de Desarrollo del Milenio. Informe de 2011. p. 54

Objetivo 8: Fomentar una alianza mundial para el desarrollo

Objetivo 8: Fomentar una alianza mundial para el desarrollo

Un estudio reciente de 23 miembros del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE señala que en el periodo 2007-08, las donaciones bilaterales destinaron 4.600 millones de dólares estadounidenses a la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer en los sectores económicos y productivos (incluida la agricultura).42 Esta cantidad constituye una quinta parte del total de la ayuda en estos sectores.43 El 42 por ciento de la ayuda destinada a la igualdad de género en los sectores productivos se asignó a la agricultura y el desarrollo rural.44
 
Pese al aumento del reconocimiento por parte de los donantes de la importante contribución de la mujer rural a la erradicación de la pobreza y el hambre y al bienestar general de los hogares y las comunidades rurales, aún siguen faltando datos sobre el efecto real de la ayuda en el empoderamiento de la mujer rural y la igualdad de género. El avance para la consecución de tales objetivos se traduce a menudo en indicadores de seguimiento y evaluación que valoran el “avance” en función del número de mujeres rurales que participan en intervenciones concretas, en vez de centrarse en la calidad de tales intervenciones y en el efecto más amplio que tienen sobre la mujer rural. Es muy necesario invertir en la mujer rural y desarrollar indicadores más integrales y matizados, así como otros sistemas de medición relacionados, con el fin de poder valorar el efecto sobre la mujer y el hombre rural de los distintos programas y políticas agrícolas y de desarrollo rural, así como la asignación de ayudas.

Desafíos informativos e implicaciones para futuros objetivos de desarrollo

Desafíos informativos e implicaciones para futuros objetivos de desarrollo

Algunos indicadores no son sensibles al género, y los que lo son, no son necesariamente sensibles a las disparidades entre áreas rurales-urbanas
 
En gran medida, los ODM proporcionan un seguimiento de los avances en general y aportan una información útil a la comunidad mundial y a los países individuales para la elaboración de políticas y la planificación. Pese a que las directrices de los ODM sugieren que todos los indicadores se desagreguen según sexo y entorno urbano-rural, solo en ocasiones se miden de esta manera debido a la naturaleza de los indicadores mismos, a la falta de capacidad y baja calidad de los sistemas de información o a la falta de interés. Algunos de los indicadores, como por ejemplo los del ODM2 (Lograr la enseñanza primaria universal) y el ODM3 (Promover la igualdad entre los sexos y el empoderamiento de la mujer) están desagregados por sexo. El ODM5 (Mejorar la saludad materna) se centra específicamente en la mujer. Otros, como por ejemplo el ODM7 (Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente), son difíciles de desagregar según el sexo. Sin embargo, incluso en los casos en que los datos están desagregados por sexo, es raro que también lo estén por situación rural-urbana. Además, la dinámica rural y la función de la mujer a veces requieren de un tipo de indicadores diferentes de los que se usan habitualmente para caracterizar y supervisar los avances. Por ejemplo, con los sistemas actuales es muy difícil obtener datos que recojan el empleo estacional y el pluriempleo de la mujer rural. En general, con muy pocas excepciones, los indicadores de los ODM proporcionan una base muy limitada que sirva para medir los avances de la mujer y el hombre rural y urbano y para identificar y corregir disparidades concretas.
 
Hacen falta mejores indicadores para monitoreaer los avances en la vida de la mujer rural
 
A medida que trabajamos para alcanzar los ODM y avanzamos en el desarrollo de objetivos mundiales nuevos y mejores, tenemos que considerar algunas áreas si queremos comprender mejor las oportunidades que tiene y las limitaciones a las que se enfrenta la mujer rural en su vida, y para supervisar de manera adecuada y eficaz los avances para conseguir el empoderamiento de la mujer rural y la igualdad de género. Los indicadores y los datos recopilados deben estar desagregados, como mínimo indispensable, por sexo y por situación en un entorno rural/urbano. Algunos de estos indicadores incluyen, entre otros, los siguientes: ODM1: promedio anual per cápita de consumo de alimentos; acceso al empleo, incluidos el sector informal y el empleo agrícola por cuenta propia; acceso a los recursos productivos y a los servicios financieros (por ej. tierra, crédito, servicios de extensión, tecnología agrícola); acceso a seguridad social y a otras redes de protección social; ODM2: proporción de huérfanos y no huérfanos (10-14 años) que asisten a la escuela; ODM3: prevalencia de casos de violencia de género y conocimientos/actitudes/percepciones al respecto; participación en las instituciones; ODM6: proporción de personas con VIH que reciben tratamiento con antirretrovirales en comparación con aquellos que necesitan tratamiento; acceso a otros servicios sanitarios, como el tratamiento de la malaria y la tuberculosis; ODM8: el efecto de la ayuda a la agricultura y al desarrollo rural y del comercio y la deuda sobre el empoderamiento de la mujer rural y la igualdad de género.

Notas

1. La presente nota informativa ha sido elaborada por el Grupo de acción interinstitucional sobre la mujer rural que dirigen FAO, FIDA y PMA y que se compone de los siguientes miembros: CIF-OIT, OMS, ONUDI, ONU Mujeres, PNUD, PNUMA, SPFII, UNCTAD, UNESCO y UNFPA. Además, ONUSIDA contribuyó de manera substancial a la sección relativa al ODM6.

2. UNIFEM (actualmente ONU Mujeres). 2009. El Progreso de las Mujeres en el Mundo. ¿Quién responde a las mujeres? Género y rendición de cuentas. p. 36.

3. FAO. 2011. El Estado Mundial de la Agricultura la Alimentación. pp. 16-17. Roma.

4. FAO, FIDA, OIT. 2010. Género y Empleo Rural. Documento de orientación Nº 3. ¡Un negocio de mujeres rurales es un buen negocio!"

5. FAO. 2011. Op.cit. p. 5.

6. FAO. 2010. Base de datos de Género y Derecho a la Tierra.

7. FAO. 2011. Op. cit. p. 23.

8. FAO. 2011. Ibid. (Ver Capítulo 3. La documentación de la brecha de género en la agricultura, pp. 24-40).

9. FAO. 2011. Ibid. p. 35.

10. FAO. 2011. Ibid. p. 9.

11. Naciones Unidas. 2011. Objetivos de Desarrollo del Milenio. Informe de 2011.. p. 67 expone: “Dado que en el sistema de las Naciones Unidas no se ha establecido ninguna convención para clasificar los países o zonas en “desarrollados” o “en desarrollo”, la distinción se emplea únicamente a efectos estadísticos.”

12. Naciones Unidas. 2010. Objetivos de Desarrollo del Milenio. Informe de 2010. pp. 13 -14. Nueva York.

13. The Chicago Council on Global Affairs. 2011. Girls Grow: A vital force in rural economies. [Las niñas crecen: una fuerza fundamental en las economías rurales]

14. Banco Mundial. 2012. Informe sobre el Desarrollo Mundial (IDM) 2012: Igualdad de Género y Desarrollo. p. 112. Washington DC.

15. Banco Mundial. Ibid. p. 112.

16. FAO, FIDA, OIT. 2010. Género y Empleo Rural. Documento de Orientación Nº 2: Invertir en capacitación para el empoderamiento socioeconómico de las mujeres rurales.

17. FAO, FIDA, OIT. 2010. Ibid.

18. FAO, FIDA, OIT. 2010. Ibid.

19. FAO, FIDA, OIT. 2010. Género y Empleo Rural. Documento de Orientación Nº 4. El desarrollo de las cadenas de valor agrícola: ¿amenaza u oportunidad para el empleo femenino?

20. FAO. 2011. Op. cit. p. 20.

21. FAO. Departamento de Desarrollo Económico y Social: Informes de Política

22. FAO, FIDA, OIT. 2010. Género y Empleo Rural. Documento de Orientación Nº 1. Trabajo rural equitativo entre mujeres y hombres para reducir la pobreza y estimular el crecimiento económico.

23. Banco Mundial. 2012. Op.cit. p. 83.

24. UNDP. 2010. Women's Representation in Local Government in Asia-Pacific: Status Report 2010. p. 20.

25. Naciones Unidas. 2011. Op. cit. p.28.

26. Naciones Unidas. 2011. Op. cit. p. 26

27. Naciones Unidas. 2010. Op. cit. p. 33.

28. ONUSIDA, UNICEF, OMS. 2011. Global HIV/AIDS Response: Epidemic update and health sector progress towards Universal Access [Respuesta mundial al VIH/SIDA]. p. 19. Ginebra.

29. ONUSIDA. 2011. Securing the future today: Synthesis of Strategic Information on HIV and Young People. p.2. Ginebra.

30. Naciones Unidas. 2011. Op. cit. p. 38

31. Naciones Unidas. 2011. Ibid. pp. 32, 39.

32. ONUSIDA, UNICEF, OMS. 2011. Op. cit. pp. 96, 98, 102.

33. ONUSIDA, OMS. 2006. Progress on global access to HIV antiretroviral therapy: a report on "3 by 5" and beyond [Avances en el acceso mundial a tratamientos con antirretrovirales del VIH: informe sobre la iniciativa “3 by 5” y posterior]. pp. 23, 33. Ginebra.

34. ONUSIDA, UNFPA, UNIFEM 2004. Women and HIV/AIDS: Confronting the Crisis [Mujeres con VIH/SIDA: afrontar la crisis].

35. FAO. 2005. Evaluación de la situación de la seguridad alimentaria mundial. Roma.

36. http://www.fao.org/hivaids/

37. Philipose, Anadita. 2007. HIV/AIDS, Gender and Food Security in Sub-Saharan Africa [VIH/SIDA, género y seguridad alimentaria en el África subsahariana]. Cornell University.

38. PNUD. 2011. Informe sobre Desarrollo Humano. Sostenibilidad y Equidad: Un mejor futuro para todos. p. 75. Nueva York.

39. PNUD. 2011. Ibid. pp. 63-65.

40. PNUD. 2011. Ibid. p. 65 (Box 3.4).

41. Naciones Unidas. 2011. Op. cit. p. 54.

42. Los 11 sectores productivos son: gestión de finanzas publicas; política de empleo; transporte y almacenaje; comunicación; energía; negocios y sector bancario; agricultura y desarrollo rural; industria; minería, construcción, turismo; comercio, desarrollo urbano.

43. OCDE. 2011. Aid in Support of Women's Economic Empowerment [Ayuda para el empoderamiento económico de las mujeres]. p.7.

44. Nota: Las áreas que se proponen aquí surgieron de la investigación interactiva con las agencias de la ONU participantes en la elaboración de esta hoja informativa. Para finalizar la lista de los indicadores propuestos será necesario el estudio y el debate formal de los mismos por parte de las organizaciones miembro de la ONU.

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