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Género

De la granja al comedor escolar


Las comidas regulares y saludables son esenciales para que los niños puedan tener la energía que necesitan para crecer, aprender y jugar. ©SIFI/Rustem Ilyasov
23/04/2019

Desde 2006, la alimentación escolar ha sido una de las estrategias de Kirguistán para luchar contra la inseguridad alimentaria. Los principales beneficiarios han sido habitualmente los estudiantes, que reciben a diario un desayuno caliente. Pero ahora, un programa piloto de la FAO explora cómo este programa puede mejorar también las vidas de los pequeños campesinos.

Aunque los agricultores representan más de la cuarta parte de la fuerza laboral de Kirguistán, en muchos casos se encuentran con obstáculos para su crecimiento y desarrollo. Los campesinos individuales tienen problemas para satisfacer el volumen que algunos contratos exigen, y a veces carecen de los recursos necesarios para obtener certificados de calidad para sus productos. El hecho de no tener un contrato –unido a unas instalaciones de almacenamiento deficientes–, significa que los pequeños productores tienen que dedicar más tiempo a encontrar compradores y luego vender sus productos en un mercado saturado. “En el otoño, los precios de los productos bajan”, asegura Azamat Boskebaev, un agricultor que cultiva hortalizas, cereales y tréboles: “eso significa pérdidas para el campesino”.

Al mismo tiempo, algunas escuelas tienen problemas para encontrar el suministro constante de productos de calidad que necesitan para alimentar a sus alumnos. Tan sólo entre 2016 y 2017, se calcula  que las escuelas del distrito de Kemin necesitaron unas 9,2 toneladas de papas, 4,2 toneladas de zanahorias y 2,6 toneladas de cebollas, por no hablar del repollo, pimientos dulces, tomates, pepinos, rábanos, remolacha y ajo. “No tenemos almacenes en la escuela, así que debemos comprar los productos poco a poco”, explica Galina Shakun, directora de una escuela en Kemin.

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