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Escolares plantando árboles en Myanmar FAO/19737
/G. Bizzarri
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Educación
Invertir en el capital humano es una de las maneras más eficaces de reducir la pobreza
y promover el desarrollo sostenible. Un estudio sobre la productividad agrícola mostró
que cuatro años de educación primaria hacían que la productividad de los agricultores
se incrementara hasta en un 10%. Sin embargo, en los países en desarrollo
las mujeres reciben por lo general menos educación que los hombres.
El aumento del nivel educativo de la mujer no sólo es una cuestión de justicia, sino
que produciría resultados excepcionales respecto de la seguridad alimentaria mundial. Un
estudio del Banco Mundial llegó a la conclusión de que si las mujeres recibieran la
misma educación que los hombres, la producción agrícola aumentaría entre un 7% y un
22%. El mero incremento de la educación primaria de las mujeres podría
producir un aumento de la producción agrícola del 24%. Pese a ello, precisamente
en las regiones donde el hambre y la malnutrición están más generalizadas, el acceso de
las niñas a la educación sigue estando gravemente limitado. En Asia meridional, la tasa
de escolarización de las niñas equivale únicamente al 60% de la tasa correspondiente a
los chicos, mientras que en África la relación es del 68%.
Las ventajas de la escolarización de la mujer no se limitan al aumento de la
productividad. La enseñanza puede ayudar también en grado considerable a
mejorar la condición de la mujer y mejoraría significativamente la salud y la
nutrición de las familias; reduciría las tasas de morbilidad y mortalidad infantil, y
detendría el crecimiento de la población. De acuerdo con un estudio realizado por las
Naciones Unidas, proporcionar a las mujeres diez años de enseñanza sería más eficaz
con miras a reducir la mortalidad infantil que duplicar sus ingresos, proporcionar
servicios de saneamiento y agua corriente, y transformar a todos los trabajadores
agrícolas en oficinistas.
La educación de la mujer le permite también obtener mayores salarios. Un informe
recientemente realizado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) puso de
relieve que cada año adicional de escolarización aumentaba los ingresos de la mujer en
cerca de un 15%, en comparación con un 11% en el caso de los hombres. En el sector
agrícola, la educación no sólo ayuda a la mujer a lograr una productividad más elevada
y realza su situación social y profesional, sino que las coloca también en condiciones
de aplicar medidas de protección del medio ambiente.
Extensión
Los programas de extensión agraria garantizan que la información sobre nuevas
tecnologías y variedades de plantas, por ejemplo, llegue a los agricultores. No obstante,
en los países en desarrollo es habitual que los servicios de extensión y capacitación
se dirijan fundamentalmente a los hombres. Un estudio reciente de la FAO ha mostrado que las agricultoras reciben únicamente el 5% de los servicios de divulgación
agraria a nivel mundial y que tan sólo el 15% de los trabajadores de extensión
del mundo son mujeres. En Egipto, por ejemplo, las mujeres representan el 53% de la mano
de obra agrícola, pero sólo el 1% de los funcionarios de extensión egipcios son
mujeres. La consiguiente falta de información menoscaba la productividad de la mujer,
así como su capacidad para proteger el medio ambiente utilizando los recursos naturales
de forma sostenible.
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Un programa divulgativo en Bolivia examina las nuevas semillas de patatas
FAO/19866/R.
Jones
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Diversos estudios sobre los servicios de extensión agrícola han subrayado varias
deficiencias con objeto de llegar a las campesinas. Tradicionalmente, la mayor parte de
los servicios de extensión se ha dirigido a los agricultores que poseen tierra y que
pueden y quieren obtener créditos e invertirlos en insumos e innovaciones tecnológicas. Dado que con frecuencia las mujeres no tienen acceso a la tierra y carecen de
otras garantías con las que obtener créditos, los servicios de extensión descuidan
involuntariamente a la mujer.
Asimismo, se ha determinado que las actitudes de los funcionarios de extensión
constituyen una importante barrera entre la extensión y las mujeres. Un estudio de las
actividades de extensión en África reveló la existencia de diversas creencias
profundamente arraigadas con arreglo a las cuales las mujeres no contribuyen en realidad
de modo significativo a la producción agrícola, están siempre ocupadas por las tareas
domésticas y el cuidado de los niños, son tímidas, esquivas y reacias a las
innovaciones.
El reducido número de mujeres matriculadas en escuelas de agronomía, especialmente de
nivel superior, dificulta el aumento del número de mujeres entre los agentes de
extensión.
Por lo tanto, los programas de extensión raramente incluyen a las
mujeres como parte integrante del grupo al que van dirigidos. Si lo hicieran, los
beneficios serían considerables. En Kenya, como resultado de la realización de una campaña de
información a escala nacional dirigida a la mujer en el marco de un proyecto nacional
de extensión, la producción de maíz aumentó en un 28%, la de judías en un 80% y la de
patatas en un 84%.
Durante demasiado tiempo, las políticas se han basado en la premisa - cuya falsedad
han demostrado diversos estudios - de que la información transmitida al cabeza de familia
sería compartida por éste con las mujeres. Pero los hombres no discuten necesariamente
las decisiones sobre producción con sus mujeres ni les transfieren los conocimientos
adquiridos gracias a las actividades de extensión. Por otra parte, los
encargados de la elaboración de políticas no reconocen que los hombres y las mujeres se
encargan generalmente de cultivos, ganado, labores y actividades generadoras de ingresos
diferentes y que, en consecuencia, sus necesidades en materia de extensión no coinciden.
Esas premisas erróneas son prácticamente una garantía de que los resultados serán
decepcionantes. En un caso, en Zambia, los agentes de extensión proporcionaron a los
agricultores unos vasos especiales graduados para velar por el empleo controlado de
fertilizantes, pese a que quienes se encargaban efectivamente de aplicar los fertilizantes
eran las mujeres. Como consecuencia de ello, las mujeres siguieron aplicando los
fertilizantes sin usar los vasos y persistió el problema de las medidas inexactas.
Los servicios de extensión se dirigen normalmente a los cultivos
comerciales más que a los cultivos de subsistencia, que son la ocupación principal de
las agricultoras, además de ser clave para la seguridad alimentaria en los países en
desarrollo. Los agentes prefieren por lo general trabajar con unos pocos hombres
que a su juicio tienen una actitud progresista y, de esa manera, descuidan a las personas
de pocos recursos y sin tierra, incluidas las mujeres. Para colmo de males, las reuniones
de extensión se programan con frecuencia a horas que hacen que las campesinas no puedan
asistir debido a sus otras responsabilidades domésticas.
Habida cuenta de que las mujeres son un eslabón vital del desarrollo
agrícola, resulta esencial que ocupen su lugar junto a los hombres como beneficiarias y
participantes de pleno derecho en los programas de divulgación. La FAO ayuda a
concienciar a los planificadores, investigadores y agentes de extensión sobre la
problemática de género preparando materiales de capacitación en análisis basado en el
sexo. Por ejemplo, el Programa de
análisis socioeconómico y de género (ASEG) de la FAO dota a los especialistas en
desarrollo de métodos e instrumentos prácticos para reforzar sus capacidades para el
análisis socioeconómico y en función del género en los planos regional, nacional y
local, y mediante él se pretende establecer una red específica de agentes de desarrollo
en todo el mundo.
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En Ghana, una extensionista enseña cómo mejorar la técnica del secado del pescado FAO/18422/P. Cenini
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Comunicación
La comunicación es un arma en favor del cambio. La información diseminada entre los
agricultores puede ayudarles a aumentar la cantidad y calidad de los alimentos que
producen. Igualmente importante es la información reunida entre ellos. Muchas
actividades de desarrollo no producen resultados satisfactorios porque los planificadores
tienen un escaso conocimiento del papel de las mujeres respecto de la agricultura y la
seguridad alimentaria de la familia y no se toman la molestia de consultar a las
propias mujeres acerca de sus actividades y necesidades.
Para hacer frente a esas deficiencias, la FAO puso en marcha sendos proyectos piloto en
Namibia y Nepal con miras a mejorar los canales de comunicación entre los agricultores y
los agentes de extensión, los encargados de la elaboración de políticas y los
planificadores utilizando un enfoque participativo.
En Namibia, se proporcionó a un grupo inicial de 23 agentes de extensión
capacitación sobre planificación agrícola con atención a las diferencias en la
situación de hombres y mujeres, así como sobre los modos de alentar a los agricultores a
expresar sus necesidades y participar en la planificación. A continuación, los agentes
proporcionaron capacitación a otros 150 funcionarios de extensión en todo el país.
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Niños de un pueblo mejicano viendo un vídeo educativo en el centro de comunicaciones
FAO/16884
/L. De Matteis
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Posteriormente, los agentes celebraron una serie de reuniones con los agricultores de
las aldeas beneficiarias, con la ayuda del personal de los proyectos, a fin de elaborar
gradualmente análisis detallados de la situación de las aldeas en lo relativo al
suministro de alimentos, la situación económica y la división de las tareas agrícolas
y la responsabilidad por la adopción de decisiones entre hombres y mujeres. Por último,
representantes de las aldeas y funcionarios de extensión viajaron a la capital para
proporcioanr información, basándose en los mencionados análisis, a los funcionarios
ministeriales encargados de la planificación y la adopción de decisiones.
En Nepal, se prestó capacitación en el enfoque participativo a 53 agentes de
divulgación de los distritos. Éstos se reunieron después con más de 500 agricultores y
por último transmitieron la información así obtenida a los funcionarios ministeriales y
de los distritos encargados de la planificación y la adopción de decisiones.
Otras actividades de extensión notables realizadas por la FAO han
demostrado la eficacia del enfoque participativo con vistas a informar a las mujeres;
por ejemplo, la adopción, con buenos resultados, del horno Chorkor en las comunidades de
pescadores de Ghana, las actividades de capacitación de la mujer para tomar
decisiones sobre nutrición, realizadas en diversas regiones y las actividades
encaminadas a modificar
las actitudes de los agentes de extensión respecto de la mujer llevadas a cabo en
Honduras.
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