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Las mujeres trabajan en un proyecto de reclamación de tierras en Níger
FAO/18875 /F. Paladini/R. Carucci
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La situación del medio ambiente del planeta es fundamental para la seguridad
alimentaria mundial. Hubo un tiempo en que se creía que los recursos naturales
tenían una capacidad ilimitada para satisfacer las necesidades de la humanidad. En la
actualidad, sin embargo, hay una mayor conciencia de que el medio ambiente se encuentra
amenazado y necesita ser protegido.
Desde principios de los años ochenta se ha prestado considerable atención a la
relación entre la mujer y el desarrollo y se han hecho grandes esfuerzos por identificar
los efectos de la crisis internacional del medio ambiente sobre la mujer. En ese sentido,
se proporcionó un gran impulso mediante el Seminario de ONG que se celebró
paralelamente a la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer de Nairobi (1985), en la que
se reconoció que las cuestiones de la mujer y el desarrollo y el medio
ambiente no sólo están relacionadas, sino que deben incorporarse también en la
planificación de las políticas.
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Miembros de un comité del pueblo en Madagascar, discuten sobre los esfuerzos comunes a hacer para proteger los campos de maíz.
FAO/17765/ A. Conti
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Esos esfuerzos culminaron en la preparación del Programa 21 de acción en pro de
la mujer, elaborado durante los preparativos para la Conferencia de las Naciones
Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD), por medio del cual se subrayó la
importante relación entre la mujer y el medio ambiente.
En cuanto productores de alimentos, los hombres y las mujeres deben preocuparse,
por su propio bien, de preservar el medio ambiente y promover un desarrollo
ecológicamente sostenible. Los recursos de tierras y aguas forman la base de todos
los sistemas agrícolas y su conservación es crucial para asegurar la producción
sostenida y creciente de alimentos. El agua
está presente en muchos niveles de la vida de las campesinas:
las mujeres recogen agua y administran su empleo en el hogar; producen cultivos de
regadío y de secano; saben dónde hay agua, cómo almacenarla, cuándo escasea y si es
apta para el consumo de sus familias.
Lo mismo es cierto por lo que respecta a la tierra. Las agricultoras tienden
a emplear y perfeccionar métodos de cultivo tradicionales desarrollados con el paso del
tiempo a fin de proteger los recursos naturales preciosos. Esto hace que sean agentes
esenciales en la conservación de la fertilidad de los suelos.
Las mujeres emplean métodos como el barbecho (dejar los campos sin cultivar durante al
menos un año), la rotación de cultivos (sembrar en un campo cultivos diferentes
sucesivamente), el cultivo intercalado (plantar en un campo varios cultivos distintos
simultáneamente), el cubrimiento del suelo (cobertura con materias orgánicas alrededor
de las plantas para evitar la evaporación de la humedad) y una variedad de técnicas que
favorecen la conservación, la fertilidad y el enriquecimiento de los suelos. Los
planificadores están empezando a reconocer la utilidad de aprender
de los conocimientos locales de las mujeres con miras a proteger y mantener el medio
ambiente.
No obstante, la pobreza es una de las causas principales de la degradación del medio
ambiente en los países en desarrollo. Las agricultoras que se esfuerzan por ganarse la
vida trabajando tierras marginales, con un bajo nivel de educación y sin acceso a los
recursos agrícolas, se ven forzadas en ocasiones a adaptar cultivos y prácticas que
requieren menos mano de obra pero que pueden ser perjudiciales para el medio ambiente. Los
resultados de esas prácticas son la erosión del suelo, la contaminación del agua y el
descenso de la producción.
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En Malawi, una campesina utiliza una cocina alimentada con estiércol natural
FAO/17418
/H. Wagner
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Por otra parte, como las mujeres raramente son propietarias de la tierra que
cultivan, tienen pocos incentivos para adoptar decisiones ecológicamente
racionales, mientras que su falta de acceso al crédito hace que les resulte difícil
adquirir tecnologías e insumos que resultarían menos nocivos para el medio ambiente.
Esos factores negativos dan lugar a un ciclo de reducción de la productividad, aumento de
la degradación ambiental e inseguridad alimentaria en el futuro.
Es preciso alertar a los hombres y las mujeres sobre los riesgos que entraña la
degradación ambiental por lo que se refiere a la seguridad alimentaria. Se debe
informar a las mujeres en particular sobre métodos alternativos de preparación de los
alimentos, cultivo, calefacción y eliminación de desechos. La aplicación de una
planificación de la capacitación y el desarrollo de tecnología sensible a la
problemática de género no sólo haría que aumentara la producción en la actualidad,
sino que también favorecería la protección del medio ambiente el día de mañana.
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