La división del trabajo entre hombres y mujeres en la producción agrícola varía considerablemente de una región a otra y de una comunidad a otra. Sin embargo, normalmente los hombres aran los campos y guían a los animales de tiro, mientras que las mujeres realizan la mayor parte de las tareas de siembra, escarda, abonado y rociado con plaguicidas, recolección y trilla. De la misma manera, los hombres suelen ocuparse de los cultivos comerciales en gran escala, sobre todo cuando las labores están muy mecanizadas, mientras que las mujeres se encargan de la producción de alimentos para la familia y los cultivos comerciales en pequeña escala, que exigen un nivel de tecnología bajo. Este sistema está particularmente arraigado en el África subsahariana, donde hombres y mujeres cultivan por lo general parcelas distintas. Los hombres suelen producir cultivos comerciales y se quedan los ingresos, mientras que las mujeres usan sus tierras principalmente para la producción de cultivos de subsistencia para alimentar a sus familias.
Las mujeres desempeñan también un papel importante en la producción de cultivos secundarios, como legumbres y hortalizas. Además de proporcionar nutrientes esenciales, esos cultivos son a menudo la única fuente de alimentos disponible durante el período de escasez previo a la cosecha o cuando se pierde la cosecha principal. Los huertos familiares, atendidos con frecuencia casi exclusivamente por las mujeres, también exigen un tiempo precioso y unos cuidados muy intensos. A pesar de que con frecuencia sus papeles en la agricultura son complementarios, diversos estudios han revelado que en casi todas las sociedades las mujeres suelen trabajar más horas que los hombres. La diferencia del volumen de trabajo es especialmente acusada en el caso de las campesinas, que son los principales productores de alimentos del mundo. Las mujeres participan en todas las fases del ciclo de producción de alimentos y, aunque existe una división del trabajo en función del sexo, suelen hacer la mayor parte. Además de las actividades de producción de alimentos, las mujeres son responsables de preparar y elaborar los alimentos y de cumplir al mismo tiempo su papel fundamental de criar y cuidar a los niños y atender a los miembros ancianos de la familia.
La proporción del volumen de trabajo que recae sobre las mujeres va en aumento. La falta de empleo y de otras oportunidades de generación de ingresos en las zonas rurales del África subsahariana ha conducido a un incremento de la emigración estacional o permanente de las poblaciones de varones. La "feminización de la agricultura" se pone de manifiesto en el aumento considerable del número de hogares encabezados por mujeres. Los problemas a que se enfrentan esas familias encabezadas por mujeres varían en función de su grado de acceso a los recursos productivos. La falta de mano de obra masculina, no obstante, puede obligar a las mujeres con un volumen de trabajo mayor a producir cultivos que exigen menos mano de obra - y que a menudo son menos nutritivos - y recurrir al trabajo infantil. Este hecho tiene graves consecuencias tanto sobre la familia como sobre el capital humano del país. Las innovaciones tecnológicas pueden ofrecer importantes oportunidades para aumentar el tiempo a disposición de las mujeres, multiplicar el potencial productivo de las mujeres y mejorar su calidad de vida y la de sus familias. La división del trabajo entre los sexos sigue siendo mal conocida. Esto se debe a que gran parte del trabajo de la mujer en la producción agrícola consiste en trabajo no remunerado en campos que producen para la familia más que para el mercado. Como resultado de ello, el trabajo de las mujeres no se refleja en las estadísticas. A consecuencia de esta escasez o - en la mayoría de los casos - ausencia total de información disponible, hasta ahora no se ha reconocido de modo efectivo la aportación de la mujer a la agricultura. Es preciso contar con datos desglosados por sexo para ayudar a los técnicos, planificadores y encargados de la elaboración de políticas a determinar las diferencias entre las funciones de los hombres y las mujeres en lo relativo a la producción de cultivos alimentarios y comerciales, así como el distinto grado de control administrativo y financiero de unos y otras sobre la producción, el almacenamiento y la comercialización de los productos agrícolas.
Tan sólo mediante la reunión y el análisis de datos desglosados por sexo de ese tipo será posible que las estrategias de desarrollo incorporen a la mujer como participante activo y en igualdad de condiciones en el desarrollo |
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