Las agricultoras y la tecnología
Las campesinas de los países en desarrollo realizan una amplia variedad de tareas laboriosas en los campos y en el hogar. En consecuencia, es preciso adoptar medidas para reducir el volumen de trabajo de las mujeres, reducir el estrés a que están sometidas y realzar su contribución a la seguridad alimentaria de la familia. Las mujeres necesitan desesperadamente que se preparen tecnologías que permitan ahorrar tiempo en relación con las labores de transformación y almacenamiento de alimentos, así como con la producción misma de alimentos y otras cuestiones conexas como el abastecimiento de agua, el saneamiento, la provisión de combustibles y la preparación de la comida. Lamentablemente, con demasiada frecuencia no se escucha la voz de las mujeres cuando se establecen las prioridades de investigación y sus necesidades quedan sin atender. Un reciente estudio sobre las diferencias en la utilización de aperos agrícolas en función del sexo realizado en África reveló una situación esclarecedora. "La escarda es la tarea que prácticamente mata a las mujeres", dijo un agricultor que señaló la necesidad de fabricar herramientas más ligeras. Otro añadió: "Compramos azadas y herramientas y cuando están gastadas las damos a las mujeres". Un miembro de una agrupación de mujeres del país sintetizó la situación al decir: "Nuestros hombres nunca conocen nuestras necesidades ni nos preguntan por ellas". Pero la tecnología no siempre beneficia a las mujeres. Demasiado a menudo, la tecnología creada en respuesta a las necesidades de los agricultores comerciales - que son en su mayor parte hombres - tiene en realidad un efecto perjudicial sobre las personas ya de por sí desfavorecidas, especialmente las mujeres de familias pobres o sin tierra. Las herramientas que alivian la monotonía de las actividades no remuneradas que realizan las mujeres no suelen resultar tan lucrativas como las herramientas que sustituyen su trabajo remunerado en la producción o transformación de cultivos para agricultores con más recursos. En Bangladesh, el descascarado del arroz con un mortero y un pilón accionado por un pedal había proporcionado tradicionalmente la única fuente de ingresos para muchas mujeres pobres y que no tenían tierra, en particular viudas y divorciadas. La introducción de blanqueadoras mecánicas redujo el volumen de trabajo de 270 horas por tonelada a 5 horas. La introducción de 700 descascaradoras adicionales permitirá que entre 100 000 y 140 000 mujeres puedan dedicarse a otros trabajos más productivos. |
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