El crédito y el capital son requisitos básicos para incrementar la
producción agrícola. Los agricultores y agricultoras necesitan créditos a corto
plazo para comprar semillas mejoradas, fertilizantes, insecticidas y herbicidas, así como
para contratar braceros para trabajar los campos y ayudar en las actividades post-cosecha.
Y necesitan créditos a largo plazo para invertir en tecnologías más eficientes - en
riego, herramientas y aperos que permiten ahorrar mano de obra, y transportes - y para
crear nuevas empresas si las condiciones son propicias.
Aunque en los países en desarrollo todos los pequeños agricultores, ya sean hombres o mujeres, encuentran problemas para conseguir créditos, la situación a que se enfrentan las mujeres es más grave porque carecen de garantías. Como los hombres son los propietarios de la tierra reconocidos por la ley, son ellos quienes proporcionan los avales. Cuando emigran a los pueblos y las ciudades, dejando a las mujeres encargadas de la administración de la explotación familiar, el problema obviamente se agrava. Un análisis de los sistemas de crédito en Kenya, Malawi, Sierra Leona, Zambia y Zimbabwe reveló que las mujeres reciben menos del 10% del volumen de crédito concedido a pequeños agricultores y tan sólo el 1% de la cuantía total de los créditos destinados a la agricultura. En Jamaica, las mujeres reciben únicamente el 5% de los préstamos del Banco de Crédito Agrícola. La ironía de esta situación es que, como demuestran diversos estudios y la experiencia, cuando las mujeres logran créditos son más de fiar que los hombres por lo que respecta al reembolso de sus deudas.
Varios factores determinan la renuencia de los bancos y las asociaciones de crédito a conceder préstamos a las mujeres:
La limitada participación de las mujeres en las asociaciones y cooperativas de agricultores, dominadas por los varones, reduce asimismo la probabilidad de que reciban créditos cuando éstos se distribuyen. Pero la inversión en las mujeres produce resultados considerables, como ha demostrado un reciente programa de la FAO en Malí. Estableciendo fondos y sistemas de crédito rotatorio, es posible aprovechar el potencial de las mujeres para participar en igualdad de condiciones en el desarrollo sostenible.
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