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El caso de Natalie Félix
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Una viuda en una de las regiones más pobres de la República Dominicana describe la lucha diaria con gran determinación para sacar adelante a su familia y su labor al frente de un proyecto de TeleFood que ha movilizado a un grupo de voluntariosas mujeres de su comunidad.Me llamo Natalie Félix, tengo 18 años y soy estudiante. Vivo en un lugar denominado Batey Monte de Coca, una pequeña comunidad en el municipio de Hato Mayor del Rey, en la región oriental de la República Dominicana. Se trata de una zona agrícola de gran importancia, pero que atraviesa por una difícil situación social y económica por la crisis de la industria azucarera. Los tiempos de prosperidad pasaron, y ahora la falta de trabajo ha obligado a mucha gente a marcharse
Aquí estoy ajustando la silla del caballo de un vecino, que en ocasiones me deja montar. Es todavía un medio de transporte muy utilizado. [All Photos: ©FAO/Giuseppe Bizzarri]
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Los bateyes eran las viviendas donde se alojaban los trabajadores de las plantaciones de caña de azúcar durante la temporada de la zafra. Muchos de ellos venían de Haití. Nuestra casa fue construida hace más de 40 años con este fin. La mayoría de las casas necesitan arreglos. ¡Hay algunas que los días de tormenta, cuando en el campo deja de llover, sigue lloviendo dentro!
En casa tengo mi propia habitación. Vivo con mi prima María Estela, su marido, Casimiro, y sus cuatro hijos. Mi madre y dos hermanos más pequeños viven también en la zona. En nuestro batey viven un centenar y medio de familias, la mayoría con escasos recursos y descendencia numerosa.
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Siempre hay mucho que hacer en casa. Aquí estoy con María Estela limpiando dos pollos para la comida. Los acaba de matar Casimiro con un cuchillo bien afilado. El trabaja como policía municipal, y su sueldo es de unos 3 000 pesos mensuales (unos 100 dólares EE.UU.). El pollo es uno de los alimentos básicos en mi país. Nosotros los criamos en la parte de atrás de la casa. Está muy rico acompañado de “mangu”, que es un plato a base de plátanos verdes triturados.
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La vida en el batey no es fácil. Las grandes plantaciones de caña pertenecían al Estado, hasta que fueron privatizadas en 1998. Desde entonces la mayoría se han abandonado, ya que no fueron consideradas rentables. La gente aquí ya no pudo trabajar en la zafra, que era su principal fuente de ingresos.
El año 1998 fue fatídico: en septiembre sufrimos la devastación provocada por el ciclón “George”. Mucha gente decidió entonces marcharse a la ciudad, sobre todo a la capital, Santo Domingo, o a trabajar a los grandes hoteles de la costa.
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Es necesario encontrar fuentes de ingresos alternativas, y de ahí la importancia de los proyectos como los de TeleFood para mi comunidad. Aquí estoy visitando uno de ellos. Se trata de un terreno en el que se crían gallinas. Ahora hay casi medio centenar. Son una fuente importante de proteínas, y se obtienen ingresos con la venta de los huevos.
Me acompaña mi vecinito Wandel. TeleFood proporcionó recursos para construir las instalaciones y para la compra de los 150 pollitos iniciales.
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Por las tardes acudo al liceo, que está en la vecina localidad de Consuelo. Para llegar a clase tomo una motocicleta con conductor. Es un medio de transporte que se denomina “motoconcho”, muy popular en mi país, en donde el precio del combustible es caro. El recorrido me cuesta unos 40 pesos por cada trayecto (algo más de 1 dólar), tardamos unos quince minutos por caminos que atraviesan las plantaciones de caña de azúcar, en las que ya nadie trabaja.
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Estudio en el centro de Enseñanza secundaria “Sor Ana Nolan”. Mis asignaturas favoritas son biología, matemáticas, informática e inglés. Muchos de mis compañeros son de origen haitiano, hijos de emigrantes que se establecieron aquí en busca de trabajo. Mi escuela está muy bien cuidada, pero cuenta todavía con algunas carencias: por ejemplo, harían falta más ordenadores. El profesor de biología me ha pedido que explique la lección de hoy a mis compañeros. ¡Resulta difícil que me escuchen en silencio…!.
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Cuando tengo tiempo libre ayudo en nuestro proyecto de TeleFood en la zona. Está situado en el Batey de la Jagua, muy cerca de donde vivo. Contamos con el asesoramiento de Felipe, al que todos conocen como “Felito”, con la camisa azul, que lidera una asociación local de campesinos. En la foto también aparece Nelson, que colabora en cuidar el huerto. Él es de origen haitiano pero lleva ya muchos años residiendo en la zona. Nelson se queja de las gallinas, que al menor descuido se comen la producción del huerto.
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En el huerto tenemos una gran variedad de verduras: lechuga, berenjenas, maíz, ajos, rábano, repollo, tomate o remolacha. También se crían gallinas. La tierra es buena, pero hace falta mucha agua. “Felito” quiere también que criemos conejos. Dice que es una carne sabrosa y sana.
En los dos proyectos de TeleFood en la zona colaboran más de treinta familias, que pueden así mejorar su dieta y obtener algunos ingresos extra con la venta de los productos. Además, se despierta el interés de los jóvenes por la agricultura.
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Por las tardes dedico un rato a jugar al béisbol, que aquí es el deporte nacional. Acudo al terreno, que llamamos “play”. Hoy hemos formado equipos mixtos de muchachas y muchachos. A veces jugamos nosotras contra ellos, y ¡no siempre ganan!. Algunos de mis compañeros sueñan con llegar a ser grandes campeones, como las estrellas dominicanas que hay en la Liga profesional en EE.UU. Yo solo pretendo hacer deporte y divertirme.
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En el batey tenemos un colmado, que vende productos de primera necesidad. No hay muchos artículos en venta, ya que la gente aquí tiene escaso poder adquisitivo. Salen adelante con pequeños trabajos en el sector informal.
El colmado funciona también como punto de reunión social: los hombres vienen a veces a tomarse una cerveza al final de la jornada. Normalmente hay suministro eléctrico y tenemos luz por la noche, pero los apagones son frecuentes.
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Sentirse unidos y optimistas
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Estamos ensayando una representación musical para la gente mayor. Para ello me reúno con mis amigas en un centro comunal. Para mí es importante que hagamos cosas en beneficio de la comunidad, y sentirse unidos.
Antes al menos los bateyes tenían la asistencia del Estado, que se ocupaba de los servicios básicos. Pero tras el abandono de las plantaciones nadie se hace cargo de ellos. Para recibir asistencia médica hay que trasladarse a Consuelo. Hay que mirar al futuro con optimismo. Es cierto que el cierre de los ingenios fue dramático para la gente, ¡pensar que antes en esta zona trabajaban hasta 23 000 jornaleros durante la zafra! Hay que crear nuevas oportunidades de trabajo y de obtener ingresos, en especial para nosotros, los jóvenes. De ahí la importancia de los proyectos de TeleFood.
A mí me gustaría poder ir la Universidad: estudiar ingeniero de sonido o pediatría. Pero estudiar cuesta dinero, sobre todo porque tienes que trasladarte a vivir a otra localidad. Hay que tener fe y trabajar duro, si quieres convertir tus sueños en realidad.
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