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El caso de Meltine Ravaonalsolo
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Una mujer de mediana edad, agricultora y madre, nos invita a conocer su vida cotidiana en las tierras altas tropicales de Madagascar; una región pobre y con un ecosistema muy degradado, pero que tiene un gran potencial económico, como lo demuestra un proyecto de TeleFood de la FAO.Me llamo Meltine Ravaonalsolo y vivo con mi esposo Milison y nuestros cinco hijos en la aldea de Ambohijanahary, en una casa rodeada de arrozales. Como me casé a los 14 años, ya tengo nietos, aunque apenas tengo 40. Éste es uno de nuestros cuatro arrozales. Ahorramos durante 21 años para comprar un terreno, así como los ladrillos y la madera con los que construimos la casa. Estoy muy contenta porque al fin tenemos una casa para nosotros, después de vivir todos esos años con los padres de mi esposo. Puedo hacer lo que quiera cuando lo desee, incluso tomar una siesta. Soy libre.Nuestros problemas son de atención médica y la educación de los niños, así como de los mercados para nuestros productos, como los tomates...
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Soy la segunda de la izquierda. En el extremo está mi hijo Jean Christian. Tiene malaria y debe ir a la ciudad, a unos cinco kilómetros de aquí, para que lo inyecten. Primero tomaba pastillas, pero no le hicieron efecto alguno.Mis dos nietos están sentados uno a cada lado de su madre, Marie Claire. Los tuvo con menos de un año de diferencia. Le he prohibido a mi hija que aplique la planificación familiar. Una amiga mía lo hizo y estuvo mal todo el tiempo. De cualquier manera, necesitamos más manos en el campo. A la derecha está Charlotte, tiene 18 años. Mi esposo hoy está en la ciudad tratando de registrar nuestros toros, eso podría llevarle todo el día.
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El problema de los tomates
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Esta zona es perfecta para los tomates: ése es el problema. Todo el mundo los cultiva y nosotros no podemos venderlos. A veces, después del mercado matutino de la localidad, los agricultores y los propietarios de los puestos tiran lo que no han vendido y el montón nos llega hasta las rodillas.
Cosecho unos 7 000 kilos de tomates al año. En el mercado, una vez recorridos los cinco kilómetros que hay de distancia, los puedo vender a unos 50 ariarys el kilo. Una hogaza de pan cuesta 200 ariarys, entonces tengo que vender cuatro kilos de tomates para comprar una hogaza de pan.
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Nuestra cooperativa es una de las cuatro de esta zona fundadas por TeleFood cuando el alcalde de la región solicitó ayuda a la FAO para elaborar nuestras cosechas de tomate, albaricoque y guayaba. Nuestro grupo es de 13 personas y yo me encargo de los materiales. Aquí estamos preparando mermelada de tomate. La del delantal blanco es Fy, la esposa del alcalde de nuestra localidad. Ella se enteró del programa TeleFood y convenció a su marido de que nos permitiera ocupar una sala disponible de la alcaldía para producir nuestra mermelada.La cooperativa me paga seis veces más de lo que recibo en el mercado por mis tomates. He llegado a venderle hasta 30 kilos de una vez y espero aumentar las ventas. Además, recibimos un dividendo al final de cada mes.
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He aprendido mucho durante este proyecto, por ejemplo, cómo organizar un grupo de personas y a elaborar los alimentos. Aún nos tenemos que aprender a usar el medidor de pH para determinar la acidez, y a comercializar nuestras mermeladas; y, desde luego, contamos con equipo para elaborar los alimentos.
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Orgullosas de nuestros productos
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Nuestras mermeladas se venden en el centro de capacitación de la ciudad próxima de Antsirabe. Hasta ahora no hemos podido cubrir la demanda de mermeladas. En la época navideña, el centro organiza una feria y las cuatro cooperativas vendemos toda la producción que nos queda.
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Ésta es nuestra tienda local. Aquí podemos comprar casi todo, pero hoy sólo necesito un poco de sal. Cuando alguno de nosotros está enfermo por la malaria, sabemos lo que nos pasa y qué hacer: venimos a esta tienda a comprar las pastillas.
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Es hora de cocinar el arroz para el almuerzo. Le añadimos algunas hortalizas. ¿Una chimenea? ¿Qué es eso? El humo de nuestra estufa sale por las ventanas, como en todas las casas.Nuestra casa es de ladrillos que nosotros mismos construimos con arcilla de la localidad. Parte de la madera viene de una arboleda que sembramos hace 21 años, previendo el día en que nos haría falta. Se usa madera dura para las puertas y las ventanas, y madera más ligera para el techo. Tuvimos que comprar las tejas. La casa tiene dos plantas, la planta baja es para las vacas y las gallinas, y la planta alta para nosotros.
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Mi hija de 12 años asiste al Colegio Luterano, porque nosotros somos luteranos. Ella y su hermana Suzelle, que tiene nueve años, antes iban a la escuela pública, pero debido a la falta de maestros, a veces sólo tenían una hora de clases al día.En esta escuela pago 88 000 ariarys (44 dólares EE.UU.) al año para que asistan las dos.Marie Jeanne es delicada de salud, apenas pesó 1,8 kilos al nacer. Ha visto a un oculista y necesita anteojos que cuestan 65 000 ariarys (30 dólares EE.UU.). Eso es una fortuna. Quiere ser doctora para atender a su familia. Suzelle quiere ser maestra. No tuve los medios para pagar la escuela de nuestros otros tres hijos. Sólo estudiaron la primaria.
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Los niños que no sobrevivieron
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Éste es la tumba de la familia, ahí descansan cinco de nuestros hijos.Un día llevaba a mi bebé en la espalda, me caí y se golpeó la cabeza contra una gran piedra. Mi hijo de siete años comió mucha fruta verde y murió de diarrea ese mismo día. Otra bebé murió de kwashiorkor. El cuarto nació minusválido y murió de siete meses. Estuvo enfermo tres semanas antes de morir y tuvimos que gastar mucho dinero en atención médica. Otro de nuestros hijos nació muerto. Debido a estos lutos y porque alguien nos robó nuestros dos toros, mi marido estuvo deprimido todo un año y también tuve que cuidarlo.
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Una organización de beneficencia italiana que trabaja en esta zona nos ofreció darnos gusanos de seda y capacitarnos para criarlos, así como para producir la seda. Parecía interesante. No tengo tiempo para tejer la tela, pero vendo el hilo a 120 000 ariarys (55 dólares EE.UU.) por kilo. Sin embargo, en nuestro clima es difícil criar esta variedad de gusano de seda.
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Los beneficios de TeleFood
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Todavía no estoy ganando mucho dinero con el proyecto de la mermelada, pero ya pude comprar 12 patos y un poco de semilla de arroz. Ya tengo 40 patos.De los patos hago paté de hígado. Cuando reciba un pedido de la ciudad prepararé a los patos para que les crezca el hígado. Cada pato me cuesta 7 000 ariarys (3,20 dólares EE.UU.) y lo vendo por 12 000 ariarys (5,50 dólares EE.UU.).Así que las cosas están mejorando, muy lentamente.
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