DISCURSO del Director General en la celebración del Día Mundial de la Alimentación
Sala de Plenarias, 17 de octubre de 2011
Excma. Sra. Michelle Bachelet, ex Presidenta de la República de Chile y actualmente
Secretaria General Adjunta de las Naciones Unidas y Directora Ejecutiva de ONU-Mujeres,
Excmo. Sr. Franco Frattini, Ministro de Relaciones Exteriores de la República Italiana,
Excmo. Sr. Francesco Saverio Romano, Ministro de Políticas Agrícolas, Alimentarias y Forestales de la República Italiana,
Excmo. y Rvdmo. Arzobispo Luigi Travaglino, Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO,
Excmo. Sr. Gianni Alemanno, Alcalde de Roma,
Excelencias, señoras y señores:
Este año celebramos el 30.º Día Mundial de la Alimentación, un acontecimiento que se viene celebrando sin interrupción en todo el mundo desde hace tres décadas. Se celebró por primera vez el 16 de octubre de 1981, después de que la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptara una Resolución en la que se reconocía que los alimentos son necesarios para la supervivencia y el bienestar humanos y que constituyen una necesidad básica de los seres humanos.
El mes pasado, en vísperas de la Cumbre sobre los ODM, la FAO, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) publicaron conjuntamente las últimas cifras sobre el hambre, según las cuales 925 millones de personas padecen hambre crónica y malnutrición. Aunque esta cifra es inferior a la de 2009, sigue siendo inaceptablemente alta.
Además, hay actualmente 100 países que requieren asistencia de emergencia para reconstruir su capacidad productiva agrícola y 30 países en situación de crisis alimentaria. Como consecuencia, el nivel de la asistencia de emergencia de los programas de la FAO en estos países alcanza la cifra de 1 100 millones de USD y cuenta con la participación de unos 2 000 expertos y técnicos.
La persistencia de elevados niveles de hambre, a pesar de la abundante oferta mundial de alimentos, las mejores perspectivas económicas y el descenso relativo del precio de los alimentos, apuntan a que el problema tiene raíces más profundas. De hecho, se ha llegado a la dramática situación que se vive actualmente porque el mundo, en vez de abordar las causas estructurales de la inseguridad alimentaria, desatendió la agricultura en el ámbito de las políticas de desarrollo, lo que resultó en una inversión insuficiente en este sector en particular en los países en desarrollo.
Además de asegurar la seguridad alimentaria de las personas que padecen hambre actualmente, la producción mundial de alimentos tendrá que aumentar en un 70 % y duplicarse en los países en desarrollo para que sea posible alimentar adecuadamente a una población mundial que se espera que alcance los 9 100 millones de personas en el año 2050. El crecimiento de la población se producirá exclusivamente en el mundo en desarrollo, donde viven prácticamente todas las personas subnutridas. Debemos actuar con resolución para invertir la tendencia negativa de la proporción de asistencia oficial al desarrollo que se destina a la agricultura, que descendió del 19 % en 1980 al 3 % en 2006 y representa actualmente alrededor del 6 %. Los gobiernos de los países de bajos ingresos y con déficit de alimentos también deberían aumentar la proporción de sus presupuestos nacionales destinada a la agricultura, desde alrededor del 5 % actual hasta, por lo menos, el 10 %.
Se deberán lograr incrementos de la producción de alimentos para hacer frente a varios nuevos desafíos. Las áreas urbanas crecerán un 82 % (alrededor de 3 000 millones de personas), mientras que la población rural disminuirá un 20 %. Por lo tanto, disminuirá la fuerza de trabajo rural. Además, existe una mayor demanda de materias primas agrícolas para biocombustibles, la producción de los cuales se ha triplicado entre 2000 y 2008. Cada año se desvían unos 100 millones de toneladas de cereales destinadas inicialmente al consumo humano. También se debe tomar en consideración el impacto del cambio climático en la producción, debido a los fenómenos meteorológicos cada vez más frecuentes y graves.
Otra amenaza a la seguridad alimentaria que exige una especial atención es la creciente inestabilidad de los mercados de alimentos. El incremento de la volatilidad de los precios repercute directamente en las decisiones de inversión y afecta gravemente a los consumidores pobres, que deben dedicar entre el 50 % y el 60 % de sus ingresos a comprar alimentos. Este hecho también amenaza la estabilidad política y social. Las decisiones unilaterales de los gobiernos de restringir las exportaciones tienden a agravar la situación y pueden provocar un incremento de la especulación. Es necesario dotar de mayor coherencia y coordinar mejor las opciones políticas para asegurar más firmemente el acceso no restringido a los suministros mundiales y mejorar la confianza en el funcionamiento de los mercados y la transparencia de éstos. Urge disponer de herramientas y mecanismos eficaces para abordar la volatilidad del precio de los alimentos.
También debemos garantizar la calidad y la inocuidad de los alimentos para los consumidores. Necesitamos disponer de protección frente a las plagas y las enfermedades de las plantas y los animales. También necesitamos disponer de la capacidad para abordar con eficacia las situaciones de emergencia derivadas de catástrofes naturales.
La solución sostenible para el problema de la inseguridad alimentaria consiste en incrementar la producción y la productividad agrícolas en los países en desarrollo y en fortalecer su capacidad de resistencia para que puedan producir los alimentos necesarios y reforzar su resistencia ante situaciones de crisis.
La labor de la FAO demuestra que el planeta puede alimentarse por sí mismo siempre que se adopten medidas concretas y bien orientadas para abordar las diversas causas básicas del hambre. No obstante, el objetivo debería ir más allá del simple equilibrio entre las necesidades y el suministro. Se debe orientar la atención a los pequeños productores de los países de bajos ingresos y con déficit de alimentos, en los que viven la mayoría de las personas hambrientas y en los que se producirá la mayor parte del crecimiento de la población. Los ingresos generados por alrededor de 500 millones de pequeños productores que cultivan terrenos de menos de dos hectáreas sostienen los medios de subsistencia de cerca de dos terceras partes de los 3 000 millones de personas pobres del medio rural de todo el mundo.
Para incrementar la productividad de los pequeños productores es necesario disponer de mejores infraestructuras rurales, más carreteras, un mejor acceso a insumos de calidad y tecnologías más perfeccionadas relacionadas con el suelo y el agua, mejores servicios de crédito y extensión, más máquinas y herramientas y mayor capacitación y formación de los productores.
Disponemos de los recursos mundiales, la tecnología y los conocimientos para asegurar que todas las personas disfruten del derecho a la alimentación. Muchos países de todo el mundo, en África, Asia y América Latina y el Caribe han alcanzado progresos considerables en la lucha contra el hambre, lo que implica que sabemos lo que debemos hacer para vencer al hambre.
Debemos basarnos en los éxitos pasados. La FAO ya reconoció el papel fundamental desempeñado por el Dr. Norman Borlaug, conocido popularmente como el padre de la Revolución Verde, por su labor pionera e innovadora en México y más tarde en la India en la década de 1960 que, con inversiones considerables en infraestructura rural y acceso a insumos modernos, propició un aumento sin precedentes de la producción de alimentos y ayudó a prevenir hambrunas generalizadas. Su compromiso, dedicación y esfuerzos incansables serán siempre una fuente de inspiración para nosotros.
De hecho, la mitad de los incrementos de los rendimientos de los cultivos mundiales que se produjeron entre 1965 y 2000 se debió a la mejora fitogenética, y la otra mitad se debió a la mejora del suministro de agua y fertilizantes y a las mejores prácticas de gestión de cultivos en el terreno. La producción de cultivos se puede incrementar de manera sostenible aplicando las políticas adecuadas y asegurando los incentivos apropiados y los ingresos de los productores, aunque también adoptando las tecnologías y los enfoques adecuados. Dentro de unos minutos verán una película sobre la manera en que se puede lograr.
Dar una respuesta adecuada al problema del hambre exige que todos los actores pertinentes de todos los ámbitos actúen urgentemente, con resolución y de manera concertada. Para ello es necesario que todos nosotros estemos unidos. De ahí viene el tema del Día Mundial de Alimentación de este año: "Unidos contra el hambre", que hace hincapié en el hecho de que el logro de la seguridad alimentaria no es responsabilidad de una única parte, sino que es responsabilidad de todos nosotros.
La renovación del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial constituye un esfuerzo de primer orden en esta dirección. Un aspecto fundamental de la reforma del Comité es que se convertirá en el foro más inclusivo sobre la seguridad alimentaria mundial, en el que todas las partes interesadas podrán trabajar juntas. La participación de los Estados Miembros, el sistema de las Naciones Unidas, los representantes de la sociedad civil, las ONG, las organizaciones de agricultores, el sector privado y los centros internacionales de investigación agrícola y las instituciones financieras internacionales y regionales ofrece una plataforma amplia para la convergencia de las políticas y la coordinación de las acciones y los conocimientos especializados en la lucha contra el hambre.
Otro buen ejemplo de los esfuerzos unidos para acabar con el hambre en el que participan ya más de un millón de personas de todo el mundo es el proyecto “1 000 millones de hambrientos”: una campaña internacional de promoción y concienciación que, con la participación activa de los organismos de las Naciones Unidas, las ONG, grupos juveniles, organizaciones de agricultores, el sector privado, nuestros Embajadores de Buena Voluntad de la FAO y otras personalidades, tiene por objetivo presionar a los líderes políticos para que actúen con urgencia contra el hambre y la malnutrición.
No obstante, quizá uno de los logros más importantes de la unidad de acción sea la erradicación de la peste bovina. A fecha de hoy, me complace anunciar que estamos alcanzando la tan anhelada meta de la erradicación de la peste bovina en todo el mundo. Hoy puedo anunciar que la FAO está concluyendo sus operaciones en el terreno y que podemos esperar la declaración formal de erradicación de la peste bovina junto con la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) para mediados de 2011. Ésta será la primera enfermedad animal que se erradicará en el mundo y la segunda enfermedad en la historia humana, después de la viruela.
La peste bovina ha afectado a África, Asia y Europa durante milenios, ha causado hambrunas generalizadas y ha provocado la muerte de millones de animales, tanto domésticos como silvestres. Solamente en el período comprendido entre 1980 y 1984, se estima que las pérdidas directas debidas a la enfermedad en África fueron de 500 millones de USD.
Ahora que el Programa mundial de erradicación de la peste bovina, iniciado en 1994, está a punto de alcanzar su meta consistente en la erradicación de esta devastadora enfermedad, permítanme reconocer que el éxito extraordinario de este programa no hubiera sido posible sin la unidad de acción y el compromiso decidido de los gobiernos de todos los países afectados y expuestos, sin la Oficina Interafricana de Recursos Animales de la Unión Africana, sin las organizaciones regionales responsables de Asia y Europa, o sin el apoyo continuo de los donantes. También deseo aprovechar esta oportunidad para dar las gracias a todas las personas que han dedicado su tiempo y sus vidas profesionales a este importantísimo esfuerzo.
Excelentísimo Presidente Kagame,
Excelentísimos Sres. Ministros y Embajadores,
Señoras y Señores:
En el contexto actual de dificultades y desafíos, corresponde a todos los actores la responsabilidad compartida de atender las necesidades de las personas hambrientas y pobres, y también las esperanzas de los padres fundadores de esta Organización. No podemos permanecer indiferentes ante el hecho de que 925 millones de nuestros compañeros ciudadanos padecen hambre todos los días. Es escandaloso. Tenemos que trabajar juntos para alcanzar nuestro objetivo común de un mundo que disfrute de la seguridad alimentaria.
Estoy convencido de que, juntos, podremos derrotar al hambre.
Muchas gracias por su amable atención.