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FAO en Guatemala

La historia de un “Llenacántaros”

Verónica Gómez (izq.) junto a hija, Yansy, y vecina frente al "llenacántaros".
22/03/2019
Son las 11 de la mañana en la comunidad “La Montaña”, en San Luis Jilotepeque, Jalapa. El Sol se ha elevado y la temperatura alcanza los 31 grados Celcius. 
 
En algunas comunidades de Jalapa es común observar mujeres, niños y niñas ir y venir con cántaros vacíos o llenos de agua, mucho depende de si van o vienen de las pocas fuentes que proveen el vital líquido: el grifo de agua comunitario o algún riachuelo cercano. 
 
"Hace un año, con este calor y temperatura, caminaba entre 50 y 60 minutos para ir a traer el agua en mi cántaro" indica Verónica Octavila Gómez, madre de dos niños, quien vive en La Montaña. 
 
Este cántaro de agua tiene unos cuatro litros de capacidad. Verónica utiliza el agua recopilada para lavar los platos del desayuno y para preparar alimentos del almuerzo... En horas de la tarde, algún miembro de la familia necesita nuevamente movilizarse para obtener más agua. 
 
El agua es un recurso muy preciado en Corredor Seco, área donde se ubica la comunidad de La Montaña. Está área es especialmente susceptible a la sequía y la falta de agua. 
 
Solamente un cántaro no es suficiente. De hecho, la familia de Verónica utiliza entre 10 y 12 al día, es decir, unos 40 litros. Según datos de la Organización de Panamericana de la Salud (OPS) indica que de 50 a 100 litros por persona al día serían necesarios para garantizar un nivel mínimo de atención a necesidades básicas (consumo, higiene, lavado de manos). Si se toma en cuenta esta cantidad, la familia de Verónica, de cuatro miembros, necesitaría cuatro veces más de lo que actualmente obtiene. Si se traduce en número de cántaros sería un promedio de 50 cántaros y 40 horas invertidas en todo el proceso de ir y venir de la fuente de agua. 
 
“El trabajo de recolectar el agua normalmente lo realizamos las mujeres” comenta Verónica. Según el ONUMujeres, en países en vías de desarrollo son las mujeres las que acarrean el peso de la provisión de agua. En conjunto, las mujeres del África subsahariana dedican unos 40.000 millones de horas al año a la recolección de agua.
 
Innovación a antigua fuente de agua

El agua es indispensable para la vida y también lo es para la seguridad alimentaria y nutricional. Es el vital líquido un eje de trabajo para el proyecto que busca el restablecimiento del sistema alimentario y fortalecimiento de la resiliencia de familias afectadas por la canícula en algunos municipios de los de Chiquimula y Jalapa, en la zona semiárida de Guatemala, implementado por FAO, UNICEF en apoyo a lso ministerios de Agricultura y Salud, con financiamiento del Gobierno de Suecia.
 
La fuente de agua más común en las aldeas rurales es el grifo comunitario, es allí donde acuden los pobladores a llenar cada uno de los cántaros o recipientes. 
 
Uno de los principales problemas de los grifos comunitarios es que solamente tiene una llave de agua, lo que significa una cantidad de tiempo considerable por cada cántaro que se llena. Las colas se hacen largas y la espera bajo el ardiente sol se hace pesada. 
 
"Conversando con la comunidad sobre este tema hicimos una propuesta innovadora la cuál a la cual le llaman: llenacántaros" indica Gustavo Ramírez, técnico de FAO en el proyecto mencionado. 
 
Los “llenacántaros” son depósitos de agua con capacidad de 1,200 litros de agua los cuales se modificaron y se incluyeron entre cuatro y seis llaves de agua. Estos reservorios se conectaron a los grifos comunitarios y ahora se pueden llenar seis cántaros a la vez. Ya no se observan largas colas para llenar los recipientes. 
 
 
"Otra innovación que incluyen los reservorios es el tratamiento del agua con cloro por medio de la colocación de hipocloradores de bajo costo. Esto para asegurarnos de que el agua que se lleva a las casas es segura para el consumo" indicó Ramírez, quien brinda acompañamiento técnico a las comunidades apoyadas por el proyecto. Un total de 50 depósitos modificados se han implementado en el área de intervención del proyecto. 
 
Las enfermedades gastrointenstinales han disminuido con el uso de los hipocloradores. 
“Esta agua ya está clorada. Antes mis hijos se enfermaban de diarrea y vómitos, pero ahora a mis hijos rara vez les pasa” finaliza Verónica, madre de dos niños. 

Las familias de La Montaña ya han mejorado el acceso al vital líquido de manera sustancial, y la salud de grandes y chicos ha mejorado gracias a la disminución de las enfermedades gastrointestinales.