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FAO en Guatemala

Las semillas del CAMBIO

15/10/2019

Hoy, día 15 de octubre, es el día internacional de las mujeres rurales. La equidad de género es uno de los temas que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura -FAO- siempre tiene presentes. Es por ello que trabajamos para cerrar las brechas entre hombres y mujeres que, además, en el campo son más acusadas. Algunos de los programas de la FAO están dirigidos específicamente a mujeres y otros cuentan con un porcentaje alto de participantes femeninas.

La mayoría de mujeres del Valle del Polochic, en Alta Verapaz, que participan del Programa Conjunto “Acelerando el progreso del empoderamiento económico de las mujeres rurales” han pasado de no tener capacidades para cultivar la tierra a tener huertos que les producen pequeños excedentes de productos como el cilantro. La mayoría no tiene un trabajo fuera de su casa y la venta de estas hierbas y otros vegetales, como el tomate, les supone disponer de ingresos propios para variar la dieta de toda la familia añadiendo alimentos que antes no consumían (especialmente lácteos). 

Al haber producido mayores cantidades de vegetales, granos y fruta, aquellas mujeres a las que se han entregado las llamadas tecnologías de ahorro de tiempo, como las sembradoras manuales, pulverizadoras y piloneras, han conseguido empoderarse económicamente a un mayor nivel y se sienten orgullosas de poder comprarse ropa y comprarla para sus hijas e hijos, con el dinero del que disponen. Algunas de estas mujeres, han conseguido ampliar sus zonas de siembra hasta el punto en que pueden dar trabajo a sus esposos, que antes iban, por temporadas, a trabajar a otras zonas del país.

Por su parte, muchos esposos están haciéndose cargo de más cantidad de tareas domésticas. Aunque aún hay algunas, como el lavado de la ropa, que siguen siendo hechas casi exclusivamente por mujeres, otras como barrer el piso o lavar los trastes después de las comidas, están siendo compartidas cada vez más.

También en el oriente del país, en Jalapa y Chiquimula (donde la FAO implementó el proyecto “Restablecimiento del sistema alimentario y fortalecimiento de la resiliencia de familias afectadas por la canícula”, financiado por el gobierno de Suecia, se está ayudando a cerrar brechas de género relacionadas con los estereotipos tradicionales que relegaban a la mujer al interior de su casa y ponían el campo en manos de los hombres exclusivamente. Las mujeres que se sumaron a este programa como beneficiarias han empezado a cultivar hortalizas, árboles frutales y plantas medicinales en sus zonas de traspatio, y a criar tilapias y pollos en la casa. Los hombres las han ayudado en la construcción de reservorios comunitarios y cosechadores familiares de agua de lluvia, y las familias que han implantado Centros de Aprendizaje para el Desarrollo (CADERes) en sus casas comparten las tareas que se derivan de ello. Cuando hablamos con los hombres, reconocen que ahora dedican más tiempo a las tareas del hogar y de cuidado de sus hijos. Algunos presumen de cocinar bien o nos muestran su gusto por las plantas ornamentales (principalmente flores), que plantan con cariño para decorar sus patios. Nos dicen que están pasando esta nueva manera de pensar y actuar a sus hijos varones, porque deben poder valerse por sí mismos también en la cocina.

Fuera de la casa, las mujeres también están cultivando en las tierras comunales. Ellas han participado, junto con los hombres, del duro trabajo físico que supuso recuperar algunos terrenos para poner los huertos y fabricar estanques para la cosecha de agua de lluvia a gran escala, para toda la comunidad. Están orgullosas de haber pasado de hacer solo tareas domésticas y de cuidado a generar sus propios ingresos: tienen una mejor autoestima. Las familias trabajan los huertos de manera conjunta y los padres de familia nos cuentan cómo están enseñando a trabajar la tierra a sus hijos e hijas por igual, cuando salen de la escuela, porque es una tarea que no entiende de género. Las y los jóvenes tienen sueños y aspiraciones: quieren estudiar en la universidad, con el apoyo de sus familias, pero también entienden la importancia de la agricultura familiar. Todas las personas integrantes de cada hogar se están beneficiando de la variedad de productos que cultivan, además de la ingesta de pescado y huevos, dando como resultado una mejora de la seguridad alimentaria y nutricional  de todas ellas.

Los fondos de ahorro y contingencia común hacen que las mujeres que participan en ambos proyectos, articuladas en grupos que ellas mismas conforman y gestionan, dispongan del dinero suficiente para poder prestárselo unas a otras para la compra de insumos y el emprendimiento, o en el caso de que se diera en sus familias alguna urgencia como enfermedades. Las mujeres se muestran contentas de poder acceder a este tipo de fondos, ya que las entidades bancarias les habían negado el crédito hasta el momento. Además, en algunos grupos, la cantidad de dinero ahorrado es tan elevada que ahora sí han podido abrir una cuenta común en un banco para depositarlo.

En Yepocapa, donde la FAO participa en la “Asistencia de emergencia para recuperar la capacidad productiva y buscar la SAN de familias afectadas por la erupción del Volcán Fuego”, las mujeres siguen lamentándose cuando recuerdan todo lo que sus familias perdieron por culpa de las cenizas del volcán. Una de las tecnologías que más útil han encontrado son los macrotúneles, precisamente porque protegen sus cosechas de la inclemencia del Volcán de Fuego. Unas 8 mujeres plantan en cada macrotúnel, y los resultados son tan buenos que algunos grupos de mujeres de ciertas comunidades quieren organizarse para comprar otro con sus ahorros.

Casi todas coinciden en que antes de formar parte de este proyecto, nunca habían trabajado la tierra y lo consideraban algo propio de los hombres. Ahora, sin embargo, se sienten capaces de trabajar en igualdad de condiciones, y sus esposos han cambiado también ciertas actitudes dentro del hogar, ya que como ahora ellas trabajan también fuera, ellos han empezado a colaborar más con las tareas domésticas y el cuidado de los niños. Además, ellas sienten que son tomadas en serio, por ejemplo, cuando los hombres las han ayudado a construír cajones para plantar. Cuando se les pregunta qué capacitaciones les han resultado más útiles o cuáles aplican más, las de igualdad de género son unas de las que más nombran, porque han aprendido la importancia del autocuidado, y de tener una buena auto percepción para poder después tomar la palabra en reuniones comunitarias.

Otro de los proyectos que más éxito ha tenido entre las mujeres han sido las gallinas ponedoras. Las familias reciben unos 12 huevos al mes, que antes tenían que comprar, y usan ese dinero para otros alimentos a los que antes accedían en cantidades mucho menores, como la leche y sus derivados, o la carne.

Si bien el proyecto estaba en un principio centrado en asegurar la Seguridad Alimentaria y Nutricional -SAN- de las familias que habían perdido sus medios de vida como consecuencia de la erupción del volcán, hace algo más de un año, muchas mujeres han conseguido cosechar cantidades suficientes como para poder vender algo de excedentes (sobre todo de tomate y hierbas como el cilantro). Aunque no se han implementado en esta área grupos de ahorro comunitario, en muchas comunidades, las mujeres han empezado, por voluntad propia, a vender de manera conjunta y a llevar la cuenta de sus ingresos, dejando una parte en el grupo, para poder seguir comprando semillas.

Otro de los aspectos positivos de lo que pasó en el área es que se han inventado nuevas formas de resiliencia en su entorno. Por ejemplo, las mujeres reutilizan las lonas algo rotas de los macrotúneles viejos para tapar pequeños cajones donde tienen sembradas cebollas o hierbas. También han observado que si se lavan las hojas de las plantas con agua cuando les ha caído ceniza, éstas no sufren tanto daño.

Estos cambios en el empoderamiento de las mujeres y el cambio de mentalidad de los hombres pueden parecer pequeños, pero las beneficiarias de los tres programas declaran que les hubieran parecido impensables antes de que ellas (y en algunos casos sus esposos) empezaran a tomar parte en estos proyectos. Si bien aún queda mucho camino por recorrer, se podría considerar que éstos son los primeros brotes surgidos de las semillas del cambio.