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El logro de la seguridad alimentaria y nutricional en áreas remotas de las Colinas de Chittagong en Bangladesh

El proyecto de la FAO crea resiliencia en dos comunidades rurales remotas para abordar la subalimentación crónica.

Datos clave

Los hombres y mujeres de las áreas rurales remotas de las Colinas de Chittagong (Chittagong Hill Tracts) son ahora más optimistas sobre su futuro y su capacidad para resistir los impactos futuros en sus medios de vida basados en la agricultura. En funcionamiento desde febrero de 2013 a junio de 2014, un proyecto implementado por la FAO promovió exitosamente un enfoque en la agricultura familiar integrada, basado en la producción de semillas de calidad; la mejora de las prácticas agrarias de las tierras altas, la producción de frutas y verduras, la avicultura y la concienciación nutricional. Con el soporte de la Dirección General de Ayuda Humanitaria y Protección Civil (ECHO), de la Comisión Europea FAO ha trabajado con 6 200 hombres y mujeres de la región para reducir la inseguridad alimentaria, restaurar sus medios de vida y reforzar su resiliencia ante los impactos y presiones futuras.

Las Colinas de Chittagong es una región geográfica  y socioculturalmente diferenciada, localizada en el sureste de Bangladesh. Conservando aún las cicatrices de más de dos décadas de agitación política y disturbios sociales, hasta la firma de un Acuerdo de Paz en 1997, este área alberga un gran número de pequeñas comunidades étnicas que cuentan con sus tradiciones, lenguas y estilos de vida propios. Gran parte de la región está cubierta de escarpadas colinas que la han hecho única en Bangladesh en materia de prácticas agrícolas y estilos de vida.

La mayoría de la población depende de la agricultura para su sustento, con mucha gente dedicada a la agricultura de subsistencia, incluyendo una técnica tradicional de rotación de cultivos llamada jum.

Los agricultores tienen una capacidad limitada para resistir los impactos y presiones estacionales. Son especialmente vulnerables a sucesos como la peste o brotes de enfermedades, los desastres naturales o los estallidos de conflictos localizados.

En áreas remotas de la región, la inseguridad alimentaria es crónica y un fenómeno generalizado, particularmente entre los meses de junio y agosto. Durante este período –que se solapa con la estación de los monzones y la temporada previa a la cosecha del arroz jum–, las familias se quedan sin existencias y tienen oportunidades limitadas para ganar dinero fuera de casa.

En los meses de invierno la sequía también es un problema habitual. Prevalece la inseguridad alimentaria y la situación nutricional es más precaria que en el resto de Bangladesh. A partir de 2010, una serie de calamidades naturales (brotes de peste, riadas, desprendimientos de tierra, etc.) han empeorado la situación, afectando a los más vulnerables, especialmente a las mujeres que generalmente sufren más, comiendo menos en comparación con otros miembros de la familia.

Del socorro al desarrollo: trabajar con hombres y mujeres rurales para restablecer sus medios de subsistencia agrícolas.
La intervención de FAO en el área aprovechaba una  iniciativa de emergencia llevada a cabo por el PMA en 2012. Un programa limitado de “dinero por trabajo” en dos localidades remotas condujo a peticiones de asistencia técnica para rehabilitar el sistema productivo local por parte de los agricultores locales y las autoridades del distrito.  La FAO se asoció con ECHO y el Ministerio de Asuntos de las Chittagong Hill Tracts (MoCHTA) para implementar prácticas agrícolas sostenibles para lograr una mejor seguridad alimentaria y nutricional.

El proyecto proporcionó insumos agrícolas esenciales (cultivos, horticultura, aves de corral), pero estos insumos fueron también una oportunidad  para un extenso desarrollo de la capacidad para mejorar la producción, diversificación y sostenibilidad agrícola –así como una conciencia nutricional– para los hombres y mujeres rurales. Las mujeres fueron las principales destinatarias de las intervenciones en horticultura y aves de corral, teniendo en cuenta la dinámica de género existente y las diferentes funciones y responsabilidades de hombres y mujeres en los hogares del área de las CHT.

Los esfuerzos combinados de distribuciones y formación aumentaron los ingresos y la resiliencia de las comunidades, al tiempo que aportaron beneficios nutricionales a través del incremento de la disponibilidad y el consumo de una mayor variedad de alimentos ricos en nutrientes, mientras se promovía la conservación de recursos en localidades que sufren de degradación de los recursos naturales. Además, en el proyecto se trabajó con 200 agricultores líderes para convertirlos en proveedores de semillas a la comunidad en un esfuerzo para resolver, en parte, la grave falta de semillas de calidad en la región.

Los resultados del proyecto han sido significativos.  Los hombres y mujeres beneficiarios pudieron aumentar sus existencias de arroz (en promedio la duración de las existencias de alimentos a nivel familiar pasó de entre 4-5 meses a 7-8 meses)  y comenzaron a cultivar frutas y hortalizas a nivel doméstico, con el resultado de dietas más variadas en vitaminas y otros nutrientes.

Involucrar el trabajo comunitario para la resiliencia a largo plazo
Por primera vez para la FAO en Bangladesh, el proyecto implementó un plan de Dinero por trabajo (CFW) para la construcción de dos pequeñas presas. Construidas por las comunidades bajo la supervisión de un ingeniero de FAO, estas presas mejorarán la posibilidad de tener agua todo el año en una región que sufre de una grave escasez hídrica durante los meses secos del invierno.

Además de la creación de un sentido de propiedad comunitario  y de rendición de cuentas a través de la participación directa en el proceso de construcción, la mejora del acceso al agua gracias a la recolección de la lluvia del monzón es una solución efectiva a nivel local para aumentar la resiliencia de las comunidades colindantes.

Este ha sido el primer proyecto de campo de la FAO en las Colinas de Chittagong, una región difícil donde las necesidades son muy grandes y en la que los esfuerzos de desarrollo se habían visto limitados por las condiciones complejas del área. A pesar de las dificultades, los resultados del proyecto han sido significativos y ECHO se ha comprometido a aportar recursos adicionales para continuar y ampliar el ámbito de las actividades. Con este y otros proyectos en esta región que ha superado un conflicto, la FAO ha demostrado en la práctica su compromiso para mejorar la resiliencia de las comunidades vulnerables.

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