FAO.org

Inicio > En acción > Guatemala: voz a la mujeres sobre seguridad alimentaria y nutrición

Guatemala: voz a la mujeres sobre seguridad alimentaria y nutrición

© FAO/Mariela Molina

La FAO ayuda a Guatemala a implementar políticas de igualdad de género

Datos clave

En agosto de 2016, el gobierno de Guatemala tomó posición en favor de las mujeres rurales y los pueblos indígenas cuando su Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) ratificó la primera Política Institucional para la igualdad de género, en el ámbito de la seguridad alimentaria, la nutrición y el desarrollo rural.

La nueva política tiene como objetivo abolir la discriminación que las mujeres rurales y los pueblos indígenas enfrentan diariamente. La normativa les permite pedir cuentas al Estado sobre la reducción de las desigualdades en las áreas rurales y promover el empoderamiento de las mujeres rurales en la arena política. En este sentido, esta política no solo garantiza que sus voces sean escuchadas en los procesos de desarrollo rural, sino que también les otorga acceso a recursos agrícolas y asistencia técnica.

La política se desarrolló en consulta con grupos de mujeres y una gran variedad de diferentes partes interesadas. Es un hito en la implementación de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés), de la cual Guatemala es uno de los 189 Estados Parte.

A pesar de que la igualdad de género en Guatemala ha ganado terreno en los últimos años, la hegemonía masculina sigue caracterizando fuertemente la cultura, especialmente en las áreas rurales.

Generalmente, los hombres gestionan los recursos materiales, sociales y políticos y también son quienes toman las decisiones. En las zonas rurales de Guatemala, las tareas domésticas se consideran responsabilidades que atañen solo a las mujeres y se les da prioridad sobre las actividades generadoras de ingresos. Las mujeres a menudo tienen bajos niveles de educación y las áreas rurales les ofrecen muy pocas oportunidades de empleo formal. Aunque son las mujeres de las zonas rurales quienes trabajan en sus propias granjas, no reciben ningún pago ni ningún reconocimiento por el trabajo que realizan como agricultoras.

A medida que los hombres emigran cada vez más a otros lugares, las mujeres comienzan a ganar más reconocimiento como agricultoras. Sin embargo, siguen enfrentando discriminación al recibir salarios precarios. Las percepciones culturales también desalientan la participación de las mujeres en grupos de agricultores y cooperativas, las mujeres agricultoras tienen tasas muy bajas de tenencia de la tierra en Guatemala (solo el 7,8% de los propietarios son mujeres), lo cual supone una dificultad añadida para ellas a la hora de solicitar créditos y socava su poder en la toma de decisiones.

“No es ningún secreto que las mujeres rurales en Guatemala enfrentan múltiples desafíos en muchos aspectos de sus vidas, entre los cuales se encuentran el acceso limitado a la tierra, la capacitación y el crédito. También tienen dificultades para encontrar oportunidades de empleo decente debido a las múltiples formas de discriminación que enfrentan en función de su género, condición socioeconómica y el área geográfica donde viven”, dijo Milvian Aspuac, coordinador de la Asociación de Mujeres para el Desarrollo.

Transformar las políticas en prácticas

Para abordar esta desigualdad, la FAO está ayudando al Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) a mejorar su capacidad para desarrollar no solo esta política de igualdad de género, sino también los procesos y mecanismos institucionales que promueven dicha igualdad. La FAO también está ayudando al Ministerio a transformar estas políticas en prácticas.

“Como parte de la CEDAW, Guatemala reconoce el papel fundamental que desempeñan las mujeres en el desarrollo económico rural y en la seguridad alimentaria”, dijo Floridalma López Sincal, jefa de la Unidad de Género del MAGA.

Esta es la razón por la cual Guatemala recurrió por primera vez a la FAO en 2013, solicitando el asesoramiento técnico de la Organización para apoyar las actividades del Gabinete Específico de la Mujer (GEM) formado el año anterior. La FAO convocó por primera vez a 20 directores ministeriales para concienciar sobre la inclusión de la mujer rural en proyectos de seguridad alimentaria y desarrollo rural. El resultado fue una mejor comprensión de los derechos de las mujeres rurales y de cómo la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres mejoran la seguridad alimentaria y contribuyen a reducir la pobreza.

Con el fin de influir en la formulación de políticas y aprovechar las fortalezas únicas y la creciente colaboración entre diferentes instituciones, la FAO ayudó a establecer un Grupo de Trabajo Técnico sobre Desarrollo Rural que trabajaría en instituciones y sectores con enfoque de género y pueblos indígenas. Finalmente, a través de un amplio proceso de consulta entre 2016 y 2017, la FAO ayudó al MAGA a mapear los mecanismos de implementación, monitoreo y evaluación de la política de igualdad de género, acompañados de eventos de sensibilización para concienciar al público y provocar un cambio cultural.

Un hito en la igualdad de género

El cambio cultural de Guatemala se debe a la labor de la FAO y otras agencias de las Naciones Unidas, cuyos esfuerzos conjuntos han facilitado que los funcionarios gubernamentales y la sociedad civil colaboren más estrechamente para promover el desarrollo rural en el país. Este trabajo “entre bastidores” jugó un papel importante en el fortalecimiento de la voluntad política en Guatemala para formular y respaldar una política de igualdad de género.

En 2016, se puso en marcha la política de igualdad de género del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación. “No hay duda de que este es un hito hacia una mayor igualdad de género en la agricultura y el desarrollo rural en el país”, dijo Felipe Orellana, Viceministro para el Desarrollo Rural del MAGA. Con esta política, Guatemala se asegurará de que uno de sus objetivos, lograr una mejora progresiva y duradera en la calidad de vida de las mujeres rurales e indígenas, se convierta en realidad.

A fondo

Compartir esta página