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Los pequeños productores de té se benefician de la armonización de las normas de seguridad

Las plantas del té deben hacer frente a muchos enemigos: hongos, bacterias e insectos como mariposas, polillas, cocoideos y nematodos.

Datos clave

Hace unos 5 000 años se inició la andadura del té hasta convertirse en la bebida que más se consume en el mundo después del agua. Cuenta la leyenda que unas cuantas hojas de té caídas por accidente en una cazuela de agua hirviendo desprendieron un aroma tan rico que, al olerlo, un emperador chino no pudo resistirse a la idea de beberse el producto. Así nació la cultura del té, iniciada en Asia y transmitida a Europa en el siglo XVII, momento en el que los países europeos empezaron a establecer vastas plantaciones de té en sus colonias tropicales. Al día de hoy son necesarias más de 4 millones de toneladas de té anuales para atender la demanda de los consumidores, cifra que aumenta año tras año. La mayoría de las grandes plantaciones de té han dado paso a la producción por pequeños agricultores a quienes, a menudo, cuesta cumplir las diversas normas de seguridad sobre el uso de plaguicidas. En 2012, al cabo de un decenio de concertación, el Grupo Intergubernamental sobre el Té de la FAO, órgano subsidiario del Comité de Problemas de Productos Básicos, impulsó un acuerdo por el que se armonizaban las normas en materia de plaguicidas, con lo cual aumentó la inocuidad para el consumidor de la producción de té y se protegieron los medios de vida de millones de pequeños productores de todo el mundo. 

El té no nace en latas decoradas ni en bolsitas de malla. Procede de las hojas de Camellia sinensis, que se cultiva en más de 50 países pero abunda especialmente en los campos de cuatro: China, la India, Kenya y Sri Lanka. Mientras se encuentra en los campos, la planta del té debe hacer frente a una serie de enemigos naturales: hongos, bacterias e insectos como mariposas, polillas, cocoideos y nematodos. Para potenciar al máximo la producción, los cultivadores de té aplican diversos productos químicos y plaguicidas con el fin de luchar contra las plagas, pese a que de ese modo puede salir perjudicado el consumidor en caso de que las hojas conserven cantidades excesivas durante su elaboración.  

Tradicionalmente la cadena de valor del té estaba dominada por grandes plantaciones de té apoyadas por los gobiernos, pero la situación ha cambiado a medida que los pequeños agricultores pasaban a ponerse al frente de la producción en un comercio del té de dimensiones cada vez más planetarias. Más de un 70 % de la producción nacional del té de Sri Lanka y Kenya procede al día de hoy de pequeños agricultores, que son los que cultivan terrenos cuya superficie es inferior a tres hectáreas. 

Esta evolución es comprensible, pues la producción de té resulta atractiva para los pequeños agricultores. Aunque las plantas tardan de dos a tres años en madurar, su producción dura 30 años o incluso más. La producción de té también genera trabajo e ingresos todo el año y exige una inversión relativamente pequeña.  

Las reglamentaciones rigurosas ejercen presión en los pequeños agricultores
La demanda de consumo de té crece enormemente, a un ritmo de hasta el 5 % anual, en parte a causa del crecimiento de los ingresos per cápita en China, la India y otras economías emergentes. Con ello se han producido aumentos notables de la producción, las exportaciones y el consumo, y los precios de mercado han alcanzado sus cotas más altas. Al mismo tiempo han surgido problemas. 

Ha costado a los países productores de té cumplir reglamentaciones rigurosas que limitan la cantidad de productos químicos que pueden quedar en las hojas de té recolectadas. Aunque los países importadores han fijado “límites máximos para residuos” (LMR) como normas de inocuidad de los alimentos, a menudo lo han hecho sin entender del todo el peligro real que pueden suponer para los consumidores; el cumplimiento de la normativa resulta especialmente problemático para los pequeños agricultores. 

Los pequeños agricultores suelen emplear productos químicos menos caros, por lo general de marcas más antiguas, mientras que, en muchos casos, los fabricantes no han actualizado sus directrices sobre la manera de cumplir las normas modernas en materia de inocuidad. Así pues, los países importadores han calculado por su cuenta límites para los residuos, a menudo fijándolos muy por debajo de lo necesario para salvaguardar la inocuidad, con lo cual el cumplimiento por los pequeños productores resulta difícil. Asimismo, como los países importadores fijan sus propias normas en materia de LMR, los productores que exportan deben presentar en cada destino documentación que acredite el cumplimiento. Hasta los cultivadores que no sufren plagas y, en consecuencia, no utilizan productos químicos deben dedicar tiempo y dinero a reunir la documentación que acredite el cumplimiento. 

Armonización de las normas en pro de los pequeños productores
En vista de que el número de pequeños productores de té seguía aumentando a la vez que se establecían normas de inocuidad, estas cuestiones empezaron a plantear más problemas a la industria del té. En 2001 el Grupo Intergubernamental sobre el Té de la FAO, órgano auxiliar del Comité de Problemas de Productos Básicos, decidió buscar soluciones mediante una iniciativa encaminada a dar prioridad a una cooperación estrecha entre productores, importadores, comerciantes, juntas, asociaciones y otras organizaciones en la esfera del té. Mediante su grupo de trabajo sobre los LMR, el Grupo Intergubernamental coordinó sus actividades con las de la Comisión del Codex Alimentarius y otros organismos de normalización para ocuparse de armonizar las normas de los distintos países importadores de té. A lo largo del siguiente decenio el Grupo Intergubernamental sobre el Té aunó a productores e importadores a fin de poner en el conocimiento de unos los asuntos que preocupaban a los otros, armonizar los límites para residuos de una serie de plaguicidas en los principales países importadores y fortalecer las redes que vinculan las autoridades reglamentadoras con el comercio del té.  

Aparte del grupo de trabajo sobre los LMR, el Grupo Intergubernamental sobre el Té cuenta con otros grupos de trabajo que se ocupan de cuestiones de gran importancia para los pequeños agricultores y los productores industriales, que van de los requisitos para la producción orgánica de té al posicionamiento de la industria del té ante las alteraciones de las condiciones de crecimiento derivadas del cambio climático.

En general, la labor del Grupo Intergubernamental sobre el Té de la FAO en el ámbito de la armonización de los LMR ha tenido en cuenta y atendido las preocupaciones de los consumidores en materia de seguridad, pero a la vez ha reducido los costos del cumplimiento de las normas en materia de inocuidad. Tal es el caso, en particular, de la seguridad alimentaria en destacados países exportadores de té como Sri Lanka y Kenya, cuyos costos anuales de importación de alimentos ascienden a 1 000 millones de dólares EE.UU., si bien en uno y otro país los costos quedan compensados completamente por sus ingresos procedentes de la exportación de té.