Plataforma de Territorios Inteligentes

Equilibrio rural-urbano

 

Fomentamos inversiones que vincule el medio rural y el urbano, sustituyan las prácticas de sustracción campo-ciudad por otras de complementariedad y de apoyo a los potenciales locales y creen empleos no agrícolas.

Marco conceptual

En el año 2050, dos tercios de la población mundial vivirán en áreas urbanas; y el 90% del crecimiento urbano se producirá en las regiones menos desarrolladas, en Asia oriental, Asia meridional y África subsahariana, regiones que afrontan un mayor número de desafíos en cuanto a la reducción de la pobreza, la presión sobre sus recursos naturales, y la seguridad alimentaria.

En este contexto, la relación entre las comunidades urbanas y rurales adquiere cada vez más relevancia, ya que los sistemas alimentarios dependen en gran medida de las dinámicas y actividades de los centros urbanos que se encuentran en su proximidad.

Esta relación urbano-rural está en el foco de atención de los gobiernos, planificadores y agencias de desarrollo, ya que la urbanización sostenible es fundamental para la realización de los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible (ODS) y la Nueva Agenda Urbana (NUA), que requieren enfoques territoriales del desarrollo integrados e inclusivos; y que exigen mejores sinergias entre las comunidades y los espacios urbanos y rurales.

La creación de vínculos económicos y solidarios fuertes entre el medio rural y el urbano, así como la diversificación de empleos no agrícolas en el medio rural, permite abordar retos tales como del fortalecimiento de ciudades intermedias, la expansión urbana incontrolada, o la creciente presión sobre la producción agrícola para el abastecimiento de las ciudades.

El enfoque territorial representa una mirada holística que permitiría resolver los retos que acompañan las modificaciones del espacio rural-urbano, tomando en cuenta las oportunidades ofrecidas por las economías locales y las sinergias rural-urbanas.

La creciente urbanización de la población mundial plantea un desafiante impacto en las áreas rurales ante la sobredemanda de alimentos y recursos naturales para abastecer a urbes cada vez más vastas. Esa demanda presenta una amenaza para el medio ambiente y el futuro de las áreas rurales. Además, la expansión urbana y la explotación de las tierras agrícolas sin una adecuada planeación y regularización genera un incremento de la pobreza rural.

Un buen gobierno es un requisito previo para plantear buenas actuaciones de equilibrio rural-urbano.

Un buen gobierno es un requisito previo para plantear buenas actuaciones de equilibrio rural-urbano.

Estas buenas actuaciones, según el Banco Mundial, han de organizarse en torno a tres pilares o dimensiones fundamentales:

planificar: trazar los términos de la “urbanización”, especialmente los de las políticas para el uso del espacio, la rehabilitación y ampliación de infraestructura básica y los servicios públicos; 

conectar: hacer que los mercados de trabajo, bienes y servicios de una ciudad, municipio, sean accesibles a otras ciudades y otros barrios y 

financiar: valorar y desarrollar la solvencia de crédito de la ciudad, municipio, etc.

De las tres dimensiones, la planificación es primordial. Un enfoque centrado en el financiamiento, aunque es comprensible y busca satisfacer necesidades urgentes, es probable que tenga poco éxito si no se coordina con la planificación y la conexión. Además esa falta de coordinación puede tener consecuencias nefastas que lamenten las generaciones urbanas posteriores 

La redefinición de las relaciones entre las ciudades y las área rurales, al depender de numerosas instancias y ámbitos de desarrollo, ha de involucrar a todos los niveles de autoridades públicas que tengan competencias en el territorio (ya sea a nivel de servicios públicos, de infraestructuras, de ordenamiento territorial, de agricultura y mercados, etc), así como a los actores público-privados.

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