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Plataforma de Territorios Inteligentes

Equilibrio rural-urbano

 

Fomentamos inversiones que vincule el medio rural y el urbano, sustituyan las prácticas de sustracción campo-ciudad por otras de complementariedad y de apoyo a los potenciales locales y creen empleos no agrícolas.

Marco conceptual y contexto general

Hasta hace poco, y todavía en bastante medida, lo rural se consideraba como lo “no urbano” y se medía en relación con la densidad de población, la especialización sectorial, determinadas pautas culturales, modos de vida, tamaño poblacional o condiciones administrativas. Estas definiciones son limitadas, y desconocen tanto la naturaleza del territorio como la importancia de las interacciones rural-urbano. Por otra parte, la revolución de los transportes y las telecomunicaciones ha originado una nueva concepción del espacio y ha venido a reinterpretar conceptos como límite y frontera, que pasan de ser considerados espacios de separación, a ser espacios de unión de ambas realidades: “El espacio rural ya no es un espacio definido por su particular relación con la tierra - y, en términos más amplios, con la naturaleza y el medio ambiente - sino que está profundamente ligado al espacio urbano contiguo” (Graziano da Silva, 2004).

La noción de ventaja competitiva del territorio, entendida como la necesidad de aprovechar las capacidades e identidad de un territorio determinado, a la hora de potenciar su posicionamiento en el marco global, está siendo aplicada en muchas estrategias de desarrollo. El enfoque territorial representa una mirada holística que supera los actuales límites geográficos y administrativos, y que tiene en cuenta la importancia creciente de actividades no agrícolas en el medio rural, las oportunidades ofrecidas por las economías locales en su conjunto y las oportunidades de los vínculos y las sinergias rural-urbanas. 

El modelo de desarrollo rural, sostenible y colaborativo, propone sustituir la separación tradicional entre el campo y la ciudad por un escenario de encuentro de sinergias y colaboración entre ambos, a través del cual abordar la construcción de mallas territoriales interrelacionadas y conectadas en red. La consideración de esa malla territorial que incluya lo rural y lo urbano, refuerza el capital social y relacional de ambas áreas, y permite el surgimiento de nuevos tipos de coaliciones sociales. 

Por otra parte, el aumento de población en los territorios tiene efectos perversos, como son la mayor presión sobre los recursos naturales (agua, energía...) y sobre los sistemas que sustentan al territorio; el tráfico; la excesiva demanda de servicios como saneamiento, salud o educación. La creciente urbanización de la población mundial plantea un desafiante impacto en las áreas rurales ante la sobredemanda de alimentos que se necesitan para abastecer a urbes cada vez más vastas y pobladas. Esa demanda creciente de alimentos y recursos naturales es una amenaza tanto para el medio ambiente como para el futuro de las áreas rurales. El desafío de lograr un mundo con “hambre cero”, hace que la agricultura urbana y periurbana deban ser también parte de la solución. Con este objetivo, la FAO está ayudando a los gobiernos y las ciudades en el desarrollo de políticas marco de agricultura urbana y peri-urbana con prácticas agrícolas adaptadas.

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