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Plataforma de Territorios Inteligentes

Sostenibilidad sistémica

 

Apoyamos inversiones integradas que propicien el desarrollo a largo plazo del territorio, al abrir el foco estratégico desde la sostenibilidad económica hasta la sostenibilidad social y medioambiental.

Desafíos para el desarrollo sostenible de América Latina y el Caribe

El compromiso global de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas está dirigido a poner fin a la pobreza y el hambre y a construir sociedades pacíficas, justas, inclusivas y protectoras del medio ambiente. A pesar de los avances de los últimos años en América Latina y el Caribe (ALC), estos temas siguen siendo centrales para la consecución de un desarrollo sostenible en la región. El nuevo marco global que impulsa la Agenda 2030 requiere de políticas sociales intersectoriales e integrales en los países latinoamericanos, que den cuenta de la multidimensionalidad de la pobreza, la desigualdad y la exclusión social. ALC renovó su compromiso con la erradicación completa del hambre a través de la Iniciativa América Latina y el Caribe Sin Hambre 2025 .

 

A través de un trabajo de estrecha colaboración con los gobiernos nacionales, la sociedad civil, la academia, los pueblos indígenas, el sector privado y las organizaciones no gubernamentales, la FAO  apoya a través de tres iniciativas regionales prioritarias para avanzar hacia la erradicación total del hambre en ALC: (1) Apoyo a la Iniciativa América Latina y Caribe sin Hambre; (2) Agricultura familiar y desarrollo territorial rural en América Latina y el Caribe; y (3) Mejora de los sistemas alimentarios en el Caribe.

 

Además, algunos países de la región ya han dado pasos hacia este enfoque multidimensional de las políticas de desarrollo sostenible e integrado, enfocadas en el bienestar de las personas, en la protección del medio ambiente y en la mejora de la resiliencia del territorio.

 

Con respecto a la competitividad de la región, el Informe Global de Competitividad 2014-2015 del Foro Económico Mundial introduce consideraciones sobre la competitividad sistémica, y señala además de los factores económicos, otros de carácter social o cultural en los resultados. Así, por ejemplo, se presenta cómo Panamá tiene la mejor posición en Centroamérica, por su excelente infraestructura, pero su posición queda perjudicada por el funcionamiento de las instituciones, la corrupción y la mala calidad de la educación; Brasil se beneficia de su gran tamaño del mercado y una sofisticada comunidad de negocios e innovación, pero el país está marcado por las debilidades persistentes de infraestructura de transporte y la percepción de un deterioro en el funcionamiento de sus instituciones y de la corrupción; México tiene una razonable infraestructura de transporte y un profundo mercado interior que le permite importantes economías de escala, pero sufre de percepciones pobres sobre el funcionamiento de las instituciones, la calidad de la educación, y un bajo nivel de absorción de las TIC. Costa Rica está bastante bien preparada para participar en una transición hacia más actividades basadas en el conocimiento. Cuenta con un buen sistema educativo, capacidad para innovar e instituciones relativamente fuertes.  Sin embargo su deficiente infraestructura de transporte o la dificultad para acceder a la financiación y el alto déficit presupuestario lastran su competitividad sistémica. Colombia ha mejorado recientemente su nivel de adopción tecnológica y también el de desarrollo de infraestructura, aunque éste último sigue siendo un factor problemático junto con el alto nivel de corrupción. Tiene un buen nivel educativo, aunque ha de avanzar en un sistema de innovación más sólido (GEF, 2014).

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