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El camino de regreso a casa

La distribución de semillas de la FAO ayuda a los agricultores a recuperar sus medios de vida

Datos clave

En la cuenca del Lago Chad (concretamente en Camerún, el Chad y el Níger) la inseguridad ha perturbado gravemente la disponibilidad de alimentos y amenaza con fuerza a los medios de subsistencia. Los conflictos han hecho muy difícil el acceso a las tierras agrícolas, aumentando la inseguridad alimentaria, la pobreza y la degradación ambiental. El resultado es que millones de personas han tenido que abandonar sus hogares.

Para agosto de 2017, la crisis de la cuenca del Lago Chad había dejado casi 2,3 millones de personas desplazadas internamente (PDI), refugiadas y repatriadas, por lo que es la segunda mayor crisis de desplazamiento en el mundo (después de la crisis de Siria) y la que más rápido crece. La mayoría se encuentran en los estados del noreste de Nigeria, pero Camerún, el Chad y el Níger también reciben a muchas personas que han sido forzadas a abandonar sus hogares.

Para responder a la crisis alimentaria y de medios de subsistencia, la FAO ha puesto en marcha un amplio programa para atender a los desplazados internos, a los repatriados y a las comunidades de acogida a través del suministro de insumos agrícolas de calidad (semillas y fertilizantes) que les permitan sacar el máximo provecho a la cosecha de 2017. En junio de 2017, la FAO había apoyado a más de un millón de personas en los estados nigerianos de Adamawa, Borno y Yobe.

Mallam Bauwa Mala, funcionario jubilado que anteriormente trabajaba en el Departamento de Veterinaria y Ganadería del Ministerio de Agricultura del Estado de Yobe, también ha sido agricultor toda su vida. Vive con su esposa y 23 hijos,  incluyendo los de matrimonios anteriores.

Deja caer unas cuantas semillas en los pequeños hoyos que están en la cima de una colina de su granja. Usando su pie para empujar un poco de tierra para cubrirlo, mira hacia arriba y señala una carretera estrecha, a menos de 100 metros de distancia, aplanada por los carruajes tirados por bueyes que pasan a diario. Mala se detiene y cuenta que esa es la carretera que usan los insurgentes de Boko Haram para atacar su aldea, “en más de tres ocasiones, vinieron por este mismo camino para invadir el pueblo. Todo el pueblo fue saqueado. Todos corrimos por nuestras vidas”.

Mala, al igual que la mayoría de los habitantes de la aldea de Danmagun, en el estado de Yobe, al noreste de Nigeria, huyó a un lugar más seguro. Se llevó a su familia y huyó a 160 kilómetros hacia el vecino estado de Jigawa, donde vivió casi ocho años antes de regresar a su pueblo otra vez.

Desde 2009, cuando Boko Haram irrumpió en su pueblo, Mala no había podido cultivar. Tras la expulsión de estos grupos armados por parte de los militares nigerianos y la liberación de algunas comunidades, la gente está regresando masivamente para reconstruir sus vidas. Mala es uno de ellos y regresó unos tres meses antes de que comenzara la distribución de semillas de la FAO. Confesó que por falta de insumos, su tierra había estado sin sembrar.

Como parte de la respuesta a esta crisis, la FAO distribuyó 2 070 toneladas de cereales, legumbres y semillas de vegetales y unas 3 525 toneladas de fertilizantes. Esta distribución de semillas y fertilizantes de emergencia ha llegado a 33 000 hogares en el estado de Yobe, y Mala ha sido uno de los beneficiarios. Mientras estuvo fuera de su tierra, utilizaba los ingresos que percibía como pensión para alimentar a su familia, pero ahora, sin dinero y de regreso a su aldea natal, Mala ve con incertidumbre su futuro.

Al hablar de la distribución de semillas y fertilizantes de la FAO, la cual coincidió oportunamente con su regreso, Mala dice: "Esto es divino. Antes, la mayoría de la gente en la comunidad no tenía semillas para plantar. Aunque la tierra es enorme, la mayoría de la gente regresó a la comunidad sin nada en sus manos. Toda la comunidad había sido arrasada, así que la estamos reconstruyendo y la FAO ha llegado con esta ayuda. Sólo puede ser divino”.

La FAO está proporcionando cereales y semillas de rápido crecimiento, y fertilizantes a más de un millón de personas desplazadas, comunidades de acogida y repatriados para ayudar a restablecer sus medios de vida. Este apoyo de emergencia es esencial para evitar otra cosecha perdida. Las distribuciones de emergencia ayudan a responder a las necesidades inmediatas mientras actúan como punto de partida para actividades a más largo plazo que fortalezcan la capacidad de recuperación de los agricultores. La FAO también está ayudando a los agricultores y aldeas en la multiplicación de semillas, el almacenamiento posterior a la cosecha, la producción de hortalizas y frutas, el procesamiento de alimentos y la rehabilitación de la infraestructura agrícola.

“En el pasado, usábamos fertilizante orgánico a partir de estiércol de ganado, pero con la irrupción de Boko Haram se hizo escaso porque también robaron los animales. Sin embargo, la FAO ha traído fertilizantes que no hemos visto en años. Gracias a esto y a las semillas mejoradas mi familia y yo tendremos suficiente para comer”, reflexiona Mala. 

Reconstruyendo medios de vida resilientes

La Estrategia de respuesta de la FAO para la crisis de la Cuenca del Lago Chad está diseñada para abordar los impactos de largo alcance de la crisis y crear medios de vida resilientes. La respuesta de la FAO abarca una amplia gama de soluciones, como ayudar a rehabilitar la infraestructura, proporcionar piensos y vacunas al ganado, promover otros tipos de vida y contribuir a los análisis de la seguridad alimentaria. Estas intervenciones ayudan a hacer la vida más resistente a los choques y fortalecen la capacidad de las personas de ser autosuficientes.

La agricultura es la principal fuente de empleo e ingresos para más del 80 por ciento de la población en la cuenca del Lago Chad. Este sector tiene el potencial de generar nuevas oportunidades para todos, incluyendo a los jóvenes que entran al mercado laboral. La creación de las condiciones para una recuperación social, económica y ambiental sostenible puede ayudar a mitigar algunas de las causas profundas de los conflictos y la migración. Abordar las causas subyacentes es clave para ayudar a las personas a permanecer en sus tierras cuando se sientan seguras para hacerlo y para crear las condiciones necesarias para que las personas desplazadas regresen.

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