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Usar los conocimientos indígenas para revertir la degradación del suelo en Angola

La FAO apoya la rehabilitación de las tierras de las comunidades pastoriles e indígenas de Angola.

Datos clave

Angola tiene una superficie total de 1 247 000 km2, de los cuales el 43 por ciento son praderas y pastizales permanentes. Los grupos indígenas como los Herero, los Khoisan y los Muimba, que se basan en sus tradiciones para gestionar sus sistemas pastoriles y agropastoriles, viven en las provincias del sur de Angola (Namibe, Cunene y algunos municipios de Huila). La pertinaz sequía de los últimos años, el sobrepastoreo y otros factores están obligándoles a adaptarse a una nueva realidad. La mejora en el manejo de los pastos es hoy cada vez más importante para proporcionar alimento suficiente para los animales, que suponen la reserva de capital sociocultural y económico de las comunidades indígenas. Gracias al apoyo financiero del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) y con la participación de las comunidades indígenas y sus conocimientos ancestrales, la FAO ha ayudado a fortalecer la capacidad de los productores agropastoriles en el suroeste de Angola para reducir el impacto de la degradación del suelo y aumentar la rehabilitación de las tierras degradadas.

Las tres prioridades principales de la FAO para la mejora de los medios de vida en Angola son fortalecer la producción y la productividad de los pequeños agricultores para mejorar la seguridad alimentaria y la nutrición, fortalecer la gestión sostenible de los recursos naturales y aumentar la resiliencia de los medios de vida rurales a los impactos del clima y al cambio climático.

Angola tiene una superficie total de 1 247 000 km2, de los cuales el 43 por ciento son praderas y pastizales permanentes. Los grupos indígenas como los Herero, los Khoisan y los Muimba, que se basan en sus tradiciones para gestionar sus sistemas pastoriles y agropastoriles, viven en las provincias del sur de Angola (Namibe, Cunene y algunos municipios de Huila). La pertinaz sequía de los últimos años, el sobrepastoreo y otros factores están obligándoles a adaptarse a una nueva realidad.

Rehabilitar las tierras y mejorar los medios de vida
Para hacer frente a la importante cuestión de la degradación de la tierra y promover sistemas alimentarios y agrícolas sostenibles en Angola, la FAO ha estado promoviendo un “Programa de Tierras” durante los últimos diez años.

Una intervención actual, centrándose en las provincias del suroeste de Angola, trata de mitigar el impacto de los procesos de degradación y rehabilitar las tierras afectadas con la incorporación de tecnologías adaptadas a nivel local de Gestión sostenible de la tierra (SLM) en las actividades de desarrollo agrícola y agropastoril. Estas iniciativas están diseñadas para apoyar a 2 800 familias de pequeños productores agropastoriles a través de las Escuelas de Campo para Agricultores. Además de crear un entorno más propicio que apoye un flujo sostenible de servicios agro-ecosistémicos, el proyecto está ayudando a fortalecer y diversificar tanto las cadenas de valor ganaderas, como las no ganaderas.

La reducción de la tierra fértil acompañada del crecimiento demográfico es la causa principal de conflictos en la zona, particularmente entre campesinos y agricultores comerciales, pastores tradicionales, guardas del ganado comercial y refugiados que regresan y reclaman sus derechos de uso de la tierra. Técnicas como la rehabilitación de las zonas pastoriles con árboles y arbustos de leguminosas aumentan y mantienen la fertilidad del suelo, lo que permite a las comunidades diversificar sus medios de vida.

Incorporando mejores prácticas locales
Durante siglos, el sistema pastoril de Angola ha demostrado ser el más adecuado para los ecosistemas áridos y semiáridos de la región, con un alto nivel de resiliencia y adaptabilidad a contextos siempre cambiantes. Por lo tanto, el trabajo de la FAO se basa en la participación de las comunidades indígenas, sus conocimientos ancestrales y en la incorporación de las mejores prácticas locales para revertir los procesos de degradación de tierras. Las dos herramientas principales son la Escuela de Campo para Agropastoralistas (APFS) y el Desarrollo Territorial Participativo y Negociado (PNTD).

Actualmente, la FAO está estableciendo una sólida red de APFS en el área del proyecto que promueven el intercambio de conocimientos entre los beneficiarios con un enfoque endógeno, es decir, las comunidades locales definen dónde y cómo quieren ser apoyadas. Hasta ahora han sido acreditados un grupo de 40 formadores expertos de APFS pertenecientes a instituciones gubernamentales, ONGs y OSCs que ya están instruyendo a más de 80 facilitadores de las APFS que son agropastoralistas o pastoralistas. Su función es movilizar a las comunidades pastoralistas y facilitar el desarrollo de experiencias prácticas comparativas basadas en los planes de estudio desarrollados por los miembros de las APFS.

“Cuando no llueve, la gente se enfrentan a graves problemas. Se vuelven muy pobres y empiezan a pedir ayuda a otras personas”, asegura un beneficiario de la tribu Mucubal, un subgrupo de los Herero en el estado de Namibe. “Ahora entendemos que debemos compartir nuestros conocimientos y ayudar a los demás para que nadie sea pobre”.

El enfoque del PNTD, por el contrario, es un proceso de facilitación que aspira al desarrollo a través del diálogo y la negociación. Su objetivo es facilitar la creación de mesas de negociación donde las distintas partes implicadas (a menudo con intereses opuestos) puedan sentarse juntas para tratar de encontrar un acuerdo común sobre el desarrollo de su territorio.

Para 2018, fecha previsible de finalización de la intervención, el proyecto pretende alcanzar dos objetivos principales:  beneficiar directamente a 2 800 personas -garantizando que al menos el 30 por ciento de ellas sean mujeres- y que se beneficie indirectamente a más de 20 000 personas.

Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF)
La FAO es un organismo ejecutor del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF), un mecanismo internacional de cofinanciación que aporta subvenciones a los países para invertir en proyectos ambientales a nivel mundial que aborden la relación fundamental entre la agricultura y el medio ambiente. Aquí se incluye el cambio climático, la biodiversidad, la degradación de la tierra, las aguas internacionales y los productos químicos. Con una población mundial que superará los 9 000 millones en 2050, el reto consiste en intensificar de forma sostenible la producción de alimentos en un 60 por ciento en este plazo de tiempo, manteniendo a la vez la base de recursos naturales para las generaciones futuras.

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