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Inversión extranjera: observaciones principales

Tradicionalmente no ha sido significativa

Los datos indican que las inversiones internas y las inversiones empresariales internacionales en la producción agrícola son marginales y contribuyen poco a la formación de capital en las explotaciones. Entre 1970 y 2008, del total de inversiones extranjeras directas dirigidas a Tailandia, menos del 0,5 % se destinaron a la agricultura. En China, en los años 90 del siglo pasado, la agricultura recibió solo un 1,3 % del total de las inversiones extranjeras directas. Por su parte, en Brasil estas inversiones representaron en 2008 sólo 420 millones de USD de un total de 288 000 millones de USD.

Gran parte de las inversiones extranjeras se destinan a la postcosecha y cultivos de alto valor

Unas amplias consultas y encuestas efectuadas por la FAO a los inversores internos y los inversores empresariales internacionales revelaron que ambos tienden a evitar las inversiones en la producción primaria por:

  • el alto grado de riesgo en la producción;
  • las intromisiones prácticamente universales de los Gobiernos en la producción, los precios y el comercio de productos alimentarios primarios
  • la poca claridad de los derechos de propiedad;
  • la falta de leyes para hacer respetar estos derechas y las dificultades que encuentran para recobrar inversiones en capital fijo cuando se producen disputas.

Por estos motivos, los inversores están dirigiendo principalmente sus inversiones a procesos postcosecha y cultivos de alto valor.

Puede repercutir significativamente en el ámbito local

La adquisición de tierras en países en desarrollo con tierra abundante por parte de países más prósperos, una práctica conocida como “acaparamiento de tierras”, se está convirtiendo en una nueva forma de inversión extranjera directa. Esta práctica podría llegar a repercutir en la seguridad alimentaria mundial. No se dispone todavía de suficientes datos al respecto, pero algunas proyecciones sugieren que el acaparamiento de tierras no afectaría ni a un 1 % de las tierras cultivables de los países afectados, una cifra pequeña a escala mundial. Sin embargo, esta práctica puede repercutir significativamente en el ámbito local.