Por regiones

Número total de proyectos y programas aprobados por región (1964-2012)

África subsahariana  38%

Asia y el Pacífico  23%

Europa y Asia Central 13%

América Latina y el Caribe  16%

Cercano Oriente y Norte de África  12%

Inversión total por región (1964-2012)

África subsahariana  19%

Asia y el Pacífico 33%

Europa y Asia Central  14%

América Latina y el Caribe 20%

Cercano Oriente y Norte de África 14%

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A pesar de que la mayoría de los proyectos se concentran en África subsahariana, los fondos invertidos allí son muy inferiores que los de Asia y el Pacífico, donde el desarrollo agrícola ha desempeñado un papel fundamental en la liberación de millones de personas de la pobreza. El menor número de proyectos en África subsahariana responde a varios factores en base a los cuales las Instituciones Financieras Internacionales (IFI) determinan sus préstamos. Estos factores incluyen el endeudamiento del país, su capacidad de realizar inversiones y su entorno normativo general. Muchos países de África subsahariana tiene una escasa o nula capacidad para acceder a préstamos siguiendo las pautas del mercado.

 Una parte importante de la labor del Centro de Inversiones es entender las dificultades, retos y oportunidades para invertir en agricultura con las que se encuentra cada región.

 

Asia y el Pacífico


La región de Asia y el Pacífico presentan un panorama plagado de éxitos y fracasos en la lucha contra el hambre.

Las inversiones en agricultura y desarrollo rural en esta región son de las más altas del mundo.  El sureste asiático se encuentra en el buen camino para conseguir la meta de reducción del hambre establecida por los Objetivos de Desarrollo del Milenio. China ha reducido considerablemente la pobreza gracias a grandes programas gubernamentales de inversión en agricultura y desarrollo rural.  Aprovechando los avances conseguidos durante la revolución verde, las inversiones a gran escala continúan en la India y mejoran los medios de vida, refuerzan las infraestructuras para la agricultura –sobre todo para la gestión hídrica– y descentralizan y privatizan los servicios de extensión e investigación.

A pesar de estos éxitos, la totalidad de la región sigue albergando el 64 por ciento de las personas hambrientas del mundo.  De hecho, la seguridad alimentaria se está viendo deteriorada en algunas partes del sureste asiático y sólo África subsahariana cuenta con una tasa de pobreza mayor a la del sureste asiático y el Pacífico.  Incluso en los países en los que desciende la pobreza urbana, los niños de las zonas rurales tienen el doble de posibilidades de padecer insuficiencia ponderal con respecto a los niños de las ciudades.

Los retos son muchos e incluyen el cambio climático que está aumentando la vulnerabilidad de la producción agrícola en el Himalaya y en los deltas de los grandes ríos, sobre todo del Mekong, el Ganges-Meghna-Brahmaputra y el Irrawady.  Estos ejemplos señalan las oportunidades para realizar inversiones más efectivas y de mayor envergadura en agricultura y desarrollo rural para mejorar la vida rural.   Los desestabilizadores conflictos en Afganistán, Pakistán, Nepal y Sri Lanka han afectado a gran parte de la población rural y agravado las crisis provocadas por los recursos naturales, las cuales precisan de estrategias a largo plazo y programas de inversión agrícola y de desarrollo rural que garanticen la capacitación a gran escala necesaria para una mejor gestión en situaciones de conflicto o post-conflicto en la región.   En toda la zona de Asia y el Pacífico se necesitan grandes inversiones para mejorar el riego y la gestión de los recursos naturales; fortalecer las infraestructuras rurales para el transporte, comercialización y creación de pequeñas y medianas empresas; y garantizar la inocuidad de los alimentos y las normal de control de la calidad. También es necesario prestar atención a las emisiones de gases invernadero y a los mecanismos para minimizarlas. La aplicación efectiva de proyectos agrícolas y de desarrollo rural con el objetivo de reducir la pobreza les permitirán a los más pobres mejorar sus modos de vida.

 

Europa y Asia central                                                                                          

Incluidos los países en transición de Europa central y oriental, la antigua Comunidad de Estados Independientes (CEI), los Balcanes y Turquía, esta región está afrontando difíciles retos relacionados con el paso de una economía centralizada a una economía de mercado. 

El sector agrícola está emergiendo como una fuente dinámica de crecimiento económico para la región.  La producción de trigo de Rusia creció un 27 por ciento entre 2007 y 2009, convirtiendo a este país en uno de los tres principales exportadores de trigo del mundo.  El crecimiento de la producción agrícola es mayor en los países de Asia central y de la región transcaucásica que han adoptado políticas decisivas para poner más tierras en manos privadas.  Las inversiones en agricultura y desarrollo rural del Banco Mundial alcanzaron 4,5 mil millones de USD en 2009.

Los productores están cada vez más orientados al mercado y aumentan tanto sus parcelas de producción como sus niveles productivos.  Los gobiernos están empezando a desempeñar su función de promotores de las inversiones privadas.  Los mercados nacionales y regionales están contribuyendo a la consolidación de las ventajas comparativas de los productores agrícolas, mientras que la región espera alcanzar su máximo potencial de exportación.

Aún así, siguen quedando retos  y aunque la situación varía dependiendo del país, hay algunos factores comunes.   La pobreza en las zonas rurales a veces está vinculada al bajo nivel de formación escolar y a una capacitación agrícola inadecuada.  Las cuestiones relacionadas con los derechos de tenencia de tierras y las privatizaciones no han sido gestionadas de forma correcta, lo que ha dado lugar a la fragmentación y creación de explotaciones agrícolas de tamaño poco rentable. Los periodos prolongados con escasas inversiones en agricultura y desarrollo rural por parte del sector público y privado también han dejado huella.  El mantenimiento de las infraestructuras ha sido deficiente.  Los bienes agropecuarios, la maquinaria y las instalaciones de almacenamiento se han quedado obsoletos.  La capacidad de procesamiento y de “adición de valor” se ha perdido.  La gestión inadecuada de los recursos naturales, especialmente en Asia Central, se ha traducido en una disminución de la fertilidad, la propagación de la salinidad y alcalinidad, y la erosión del suelo.  La baja productividad y la falta de competitividad son consecuencias de estos problemas intersectoriales. 

América Latina y el Caribe                                                                                  

En los últimos años, los países de América Latina y el Caribe han emprendido reformas económicas y realizado progresos encaminados a conseguir la estabilidad financiera. El reto ahora consiste en alcanzar un crecimiento económico sostenible y reducir la pobreza. Para conseguirlo las economías rurales desempeñan un papel esencial. La agricultura, la agroindustria y las actividades no agrícolas son sectores fundamentales para sostener el empleo y generar ingresos, crear reservas de divisas y obtener una seguridad alimentaria a nivel familiar y nacional. Las dos cuestiones que quedan por abordar son la asignación adecuada de recursos de inversión y la mejora de los mercados.

Por otra parte, es necesario adoptar las medidas necesarias para proporcionar más recursos públicos y asignarlos de forma eficiente, incluyendo una reducción de las subvenciones generales al sector privado y un aumento de las inversiones en tecnología, educación, infraestructura, etc. Además, las asociaciones entre el sector público y el privado deberían ser una prioridad para la realización de inversiones agrícolas más efectivas. Los gastos sociales directos que alivian la pobreza han de ser planificados de forma descentralizada e incluir la participación de la comunidad.

El mejor funcionamiento de los mercados es fundmental para el desarrollo rural. Se deberán poner en práctica políticas públicas apropiadas y contundentes en lo que respecta a la tenencia y administración de tierras; desarrollo del capital humano; servicios tecnológicos; recursos financieros, etc. Además, los pequeños productores necesitan apoyo para establecer vínculos con mercados modernos y de mayor valor dentro del marco de las cadenas de valor dinámicas.

La garantía de buenas políticas, además de inversiones específicas y suficientes, son retos para los gobiernos y la comunidad de donantes internacionales. 

 Cercano Oriente y África del Norte                                                                   

La mayoría de los países de esta región son susceptibles a las crisis provocadas por los precios de los alimentos y las proyecciones indican que esta vulnerabilidad se acentuará en el futuro. Esto se debe a que algunos factores relacionados con el aumento de la demanda de alimentos (como la población, el aumento de los ingresos y la urbanización) son más predominantes en estas zonas que en el resto del mundo. Al mismo tiempo, el agua y la tierra dedicados a la producción de alimentos son más limitados que en otros lugares del globo.

Los países de África del Norte y del Cercano Oriente pueden mejorar su seguridad alimentaria mitigando de forma más efectiva los efectos de la escasez y subida de precios de los cereales. Este objetivo se puede conseguir adoptando un planteamiento basado en tres pilares, el cual requiere una inversión adicional considerable. En primer lugar, se deben reforzar las redes de seguridad. En segundo, aumentar las inversiones en investigación, desarrollo y modos de vida rurales. En tercero, usar instrumentos financieros mejores para controlar los riesgos y poder reducir su exposición a la volatilidad de los mercados, a la vez que se mejoran las cadenas de suministro.

La mejora de la gestión hídrica y el refuerzo de las obras de ingeniería institucionales también son objetivos fundamentales para la inversión agrícola y el desarrollo rural en esta región.

La demanda de recursos hídricos se está acercando a la máxima capacidad disponible y los esfuerzos para aumentar el suministro giran en torno a una mejor gestión de la demanda. Con oportunidades cada vez más reducidas de construir presas o crear lagos artificiales entre colinas, la prioridad principal es encontrar maneras de usar el agua eficientemente, sobre todo para regar. Los países afectados están elaborando programas nacionales para maximizar el uso del agua y se necesitan inversiones para crear proyectos que apoyen estos programas, principalmente centrados en la promoción del riego localizado y de la gestión integrada de los recursos hídricos (de superficie y subterráneos). La gestión de la adaptación y mitigación del cambio climático es otro imperativo para la región.

Incluso aquellos países que cuentan con las competencias técnicas adecuadas precisan de una modernización drástica de las instituciones sectoriales (principalmente los ministerios de agricultura). Se han de mejorar las estructuras locales, regionales y centrales; contratar y formar personal; y adoptar instrumentos metodológicos más sofisticados, como los sistemas de información geográfica y sistemas avanzados para la gestión integrada de recursos naturales. La limitada financiación pública está disponible para tales inversiones “ligeras”, la importancia de las cuales se está empezando a apreciar ahora.

África subsahariana                                                                                            

La agricultura se enfrenta a complejos retos de desarrollo en África subsahariana, donde la mayoría de la población depende de la agricultura para subsistir. Los conflictos y la falta de seguridad, los sistemas no equitativos de tenencia de tierras, los deficientes servicios de apoyo a la agricultura y los crecientes efectos del cambio climático están entre los principales retos que se le plantean a esta región para alimentar a una población cada vez mayor y reducir la pobreza rural. Teniendo en cuenta que aproximadamente el 95 por ciento de la agricultura de la región es de secano, son necesarias considerables inversiones para mejorar la gestión hídrica, del terreno y de la fertilidad del suelo además de desarrollar la irrigación y la eficiencia de la recolección del agua. También es necesario realizar mayores inversiones que fomenten la investigación en materia agrícola y los servicios de extensión, la capacitación y formación, los mercados rurales y las infraestructuras de comunicación.

La FAO estima que la población de África subsahariana se duplicará para el año 2050, lo que obligará al sector público a invertir entre 6 y 7 billiones de USD adicionales al año en agricultura. A través del Programa general para el desarrollo de la agricultura en África (CAADP), se está consiguiendo una creciente concienciación y compromiso por parte de los gobiernos y donantes para aumentar las inversiones en agricultura en todo el continente. La urgencia de alcanzar la seguridad alimentaria y todos los Objetivos de Desarrollo del Milenio han sido relegadas por las crisis alimentarias y financieras a nivel mundial.

 El apoyo a las organizaciones de investigación agrícola para el desarrollo a nivel nacional y regional y el refuerzo de las organizaciones de productores son cruciales para el desarrollo del sector agrícola subsahariano. Un incremento cuantitativo de la producción de los pequeños agricultores requiere un mayor uso de buenas prácticas como vincular a los pequeños productores con los mercados, promover la agricultura de conservación, mejorar la gestión de los riesgos y aumentar la disponibilidad y el uso de herramientas participativas de extensión como las escuelas de campo para agricultores.