A menudo, al pensar en los agricultores se piensa en hombres, pero en realidad las campesinas participan enormemente en la producción mundial de alimentos.
Fíjate, las mujeres rurales producen la mitad de los alimentos del mundo, y entre el 60 por ciento y el 80 por ciento casi en todos los países en desarrollo.
En general los hombres labran las tierras y llevan a los animales de tiro, mientras que las mujeres se encargan de la siembra, la eliminación de la maleza, la aplicación de fertilizantes y plaguicidas, la cosecha y la trilla. Los hombres cuidan los cultivos comerciales, y ellas los huertos domésticos.
En las estadísticas económicas por lo general no figura el trabajo que desempeñan las mujeres, pero tiene una gran importancia para la alimentación y la salud de la familia. Como ellas utilizan una gran variedad de plantas silvestres como alimentos y medicamentos para sus familias, tienen un valioso conocimiento de la
biodiversidad local.
En muchas partes del mundo en desarrollo, especialmente en África, está aumentando la participación de las mujeres en la producción de alimentos. La guerra, la epidemia de SIDA y las presiones para encontrar empleos mejor remunerados en las ciudades han creado una situación en la cual muchos esposos y padres sencillamente están ausentes. En el sur de África, casi una tercera parte de los hogares con hijos están a cargo de las mujeres.
Ya que tienes información básica ¿por qué no resuelves nuestro
cuestionario sobre las mujeres y la agricultura?
La discriminación contra las mujeres comienza de pequeñas. Las niñas, en especial las del campo, muchas veces no tienen las mismas oportunidades de estudiar que los niños. En el sur de Asia sólo el 60 por ciento de las niñas, en comparación con los niños, va a la escuela. En África, la cifra es de 68 por ciento.
Fíjate, se ha investigado que si las niñas terminan la escuela primaria la producción agrícola podría aumentar un 24 por ciento. También mejoraría mucho la salud y la nutrición en el hogar y disminuiría la mortandad infantil.
Infórmate sobre el trabajo de la FAO en el ámbito de
la educación.
En muchos países del mundo en desarrollo, las campesinas a menudo no tienen derecho de ser propietarias ni de heredar tierras. O cuando tienen estos derechos por ley, no se practican.
El analfabetismo y la falta de derechos efectivos significan que las mujeres a menudo no puedan obtener préstamos para comprar suministros o contratar mano de obra, ni participar en las cooperativas agrícolas o en otros grupos de apoyo a los agricultores.
También significa que las mujeres y las niñas pueden sufrir una pobreza extrema cuando mueren sus parejas o sus padres. En algunos países, la familia del esposo despoja a las mujeres de sus bienes cuando muere su pareja. Esto las hace todavía más pobres y las expone a la explotación sexual y la violencia.
Infórmate sobre
las mujeres y el SIDA.
Como el trabajo agrícola de las mujeres a menudo no está remunerado y lo que producen no figura en la información económica, muchas personas creen que no "cuenta". Por eso falta mucha información sobre la contribución de las mujeres a la producción de alimentos y sobre los servicios que ellas necesitan. La FAO ayuda a los países a recopilar información más exacta sobre la función de las mujeres en la producción de alimentos, para que puedan mejorar sus políticas de desarrollo rural.
La FAO también ayuda a los gobiernos, las cooperativas agrícolas y otras organizaciones de agricultores a mejorar sus servicios a fin de que las mujeres reciban el apoyo que requieren.
Además, la FAO trabaja en el campo para estudiar la forma en que las comunidades protegen o no protegen los derechos de las mujeres. Ha organizado conferencias internacionales para encontrar formas de hacer que los derechos a la tierra y de propiedad sean más justos para las mujeres. Colabora con los gobiernos y con centros locales de ayuda jurídica para crear conciencia en las comunidades rurales sobre los derechos de las mujeres y la forma en que es posible protegerlas.