He aquí un detalle que probablemente ya conoces: el agua es necesaria para la agricultura.
Y en un mundo en el cual más de 6 000 millones de personas necesitan alimentos, es necesaria mucha agua dulce para producirlos.
Tal vez te sorprenda saber que la agricultura utiliza la mayor parte del agua dulce del mundo. Casi el 70 por ciento del total del agua dulce que se extrae −y más del 80 por ciento en los países en desarrollo− se destina a la agricultura.
Y conforme crece la población mundial es necesario producir todavía más alimentos y utilizar más agua.
La gran pregunta es ¿tenemos suficiente agua?
Adivina qué, tenemos buenas noticias.
La FAO prevé que el agua destinada a la agricultura aumentará poco de aquí a 2030. Esto significa que la producción de alimentos en régimen de irrigación no sufrirá una crisis mundial importante.
Desgraciadamente unas regiones tienen menos suerte que otras.
Por ejemplo, el África subsahariana, donde el hambre es grave, tiene un gran potencial para ampliar la irrigación e incrementar su producción de alimentos. Esta región sólo utiliza el 2 por ciento de sus recursos de agua. La FAO trabaja para ayudar a los agricultores africanos a utilizar con eficacia sus recursos hídricos.
El Cercano Oriente y África del norte, por otra parte, ya utilizan casi el 60 por ciento de sus recursos de agua fresca. Algunos países están llegando al límite y afrontan serios desafíos para equilibrar las necesidades de la agricultura y las de otros sectores y otras personas. La FAO ayuda a estos países a encontrar cómo adaptar sus sistemas agrícolas para evitar una crisis del agua.
Por supuesto que en las zonas áridas el agua es un recurso muy valioso y los agricultores la tienen que administrar con gran cuidado. Pero aun donde abunda, los agricultores tienen que utilizarla con mucho cuidado, de otra manera puede causar un desastre.
Cuando las tierras no tienen un buen sistema de drenaje, pueden anegarse o saturarse de sal, lo que impide ponerlas a producir. Esto es un gran problema en muchos países. En el mundo en desarrollo, una quinta parte de las tierras cultivadas están dañadas a causa de la saturación de agua o la salinidad.
La FAO da a sus países miembros la información y el apoyo técnico necesarios para asegurar que sus agricultores obtengan la producción máxima del agua que utilizan, con repercusiones mínimas en el medio ambiente circundante.
Los grandes sistemas de irrigación pueden ayudar a los grandes productores que tienen mucho dinero y tierras. Pero millones de pequeños agricultores, que posiblemente no tienen dinero ni tierras, necesitan soluciones más pequeñas y accesibles. Eso es lo que proporciona la FAO.
A través de sus proyectos de campo la FAO ha llevado a comunidades agrícolas de todo el mundo en desarrollo técnicas de irrigación económicas que respetan el medio ambiente.
Impulsar la productividad con sistemas de irrigación bien administrados logra más que reducir el hambre, ayuda también a proteger el medio ambiente. Más producción por superficie significa que los agricultores tienen que abrir menos tierras nuevas para obtener más ingresos. Y esto significa también menos presión para talar los bosques o cultivar tierras ecológicamente sensibles.
Las mujeres también se benefician. Ellas a menudo tienen a su cargo acarrear el agua para sus parcelas. Si tienen que recorrer grandes distancias para obtener el agua, esta tarea puede consumir mucho tiempo y ser agotadora. La irrigación les permite dedicar sus fuerzas a otras actividades más productivas.
