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Qué pueden hacer gobiernos, campesinos, las empresas alimentarias –y usted- frente al desperdicio de alimentos

Foto: ©FAO
Juego de herramientas: reducir la huella del desperdicio de alimentos
Reducir y prevenir
 
Uno de los frentes principales de actuación en el esfuerzo por reducir el desperdicio de alimentos es el desarrollo de mejores procesos de recolección, almacenamiento, procesado, transporte y venta al por menor de alimentos, según el manual de la FAO: Juego de herramientas: reducir la huella del desperdicio de alimentos, lanzado junto a su nuevo informe sobre las consecuencias ambientales de los residuos de alimentos .
 
Las pérdidas en las cosechas tienen varias causas, incluyendo una mala programación del calendario y las condiciones precarias en las que se realiza la recolección, así como el uso de técnicas y equipos inadecuados. Del mismo modo, la falta de una buena infraestructura para el transporte, almacenamiento, refrigeración y comercialización hace que se estropeen los alimentos, especialmente en climas cálidos.
 
Tanto el sector público como el privado deben aumentar las inversiones para hacer frente a estas deficiencias. Hacerlo tendrá también beneficios adicionales para la seguridad alimentaria y la mitigación del cambio climático, la degradación del suelo y la erosión de la biodiversidad .
 
Además de estas inversiones básicas, las nuevas tecnologías también pueden ayudar. Mejorar los sacos para almacenar el arroz en Filipinas ha ayudado a reducir las pérdidas de ese alimento básico en un 15 por ciento. En África occidental, el uso de secadores solares para alargar la vida útil de frutas y tubérculos promete reducir las pérdidas post-cosecha .
 
Las pérdidas de alimentos pueden a menudo reducirse en forma significativa simplemente a través de la capacitación de los campesinos en las mejores prácticas. Por ello merece también la pena invertir en este aspecto, según la FAO.
 
Unir a los agricultores en cooperativas o asociaciones profesionales puede ayudar en gran medida a reducir las pérdidas de alimentos, aumentando su conocimiento del mercado, permitiendo una planificación más eficiente, facilitando las economías de escala, y mejorando así su capacidad de comercializar su producción.
 
En el sector minorista y de consumo, aumentar la conciencia del problema -y cómo prevenirlo- resulta igual de importante, según la FAO.
 
Y empresas y familias por igual necesitan aplicar un mejor seguimiento para mejorar la información sobre la magnitud del desperdicio y dónde se produce.
 
Las empresas -tanto las que operan dentro de la cadena alimentaria, como aquellas con una gran "huella alimentaria" (grandes cafeterías, por ejemplo)- pueden realizar auditorías para determinar cómo y por qué desperdician alimentos e identificar oportunidades para mejorar su rendimiento.
 
Los hogares pueden también realizar auditorías relativamente simples sobre el desperdicio de alimentos.
 
La mejora de la comunicación entre todos los participantes en las cadenas de suministro de alimentos resultará crucial. Hay en particular un amplio margen para mejorar la comunicación entre proveedores y minoristas para que coincida la demanda y la oferta. Las diferencias entre ambas son una de las principales causas del desperdicio de alimentos. Pueden involucrar a los agricultores que no encuentran mercado para los productos y los dejan pudrirse en el campo, madres que cocinan para cinco miembros de la familia mientras que sólo tres en realidad se presentan a cenar; supermercados que reducen sus pedidos en el último momento, dejando a los productores con productos invendibles, o restaurantes que sobreestiman la demanda y almacenan suministros de alimentos que luego se estropean.
 
Reducir -o mejorar- el envasado de alimentos tiene también un papel importante. El embalaje excesivo o de origen no sostenible forma parte del coste ambiental de los alimentos.
 
Especialmente en los países desarrollados, se necesita un comercio minorista de alimentos más concienciado a nivel medioambiental, según la FAO. Por ejemplo, abandonando la práctica de mostrar grandes cantidades de alimentos (percibida como que contribuye al incremento de las ventas) o descartando alimentos cuando comienza a acercarse el final de su vida útil.
 
El rechazo de productos alimenticios en base a cuestiones estéticas o de seguridad es a menudo otra una causa importante de pérdidas y desperdicio de alimentos. En algunos casos, los agricultores descartan entre un 20-40 por ciento de sus productos frescos, ya que no cumplen las especificaciones de apariencia estética que exige el minorista .
 
Podrían revisarse los reglamentos y normas relativas a los requisitos estéticos de frutas y hortalizas. Algunos supermercados ya han comenzado a relajar sus normas sobre el aspecto de la fruta, vendiendo artículos “malformados” a un precio reducido y ayudando a aumentar la concienciación de los consumidores que una forma irregular no significa forzosamente algo malo.
 
También se necesitan con urgencia mejores hábitos de consumo. En los países desarrollados, una parte importante del despilfarro total de alimentos se produce a nivel del consumidor, en algunos lugares esta tendencia sigue en aumento.
 
Además de la realización controles sobre el desperdicio de alimentos en los hogares, los consumidores pueden dar muchos pasos para revertir estas tendencias, tales como: planificar menús con carácter semanal, comprar las llamadas “frutas y verduras feas”, asegurarse que los refrigeradores funcionan correctamente, utilizar productos marchitos en sopas, y hacer un mejor uso de las sobras. También resulta útil servir en la mesa porciones más pequeñas, situar al frente los alimentos que llevan más tiempo en estanterías y refrigeradores, congelar las sobras y realizar el compostaje de los residuos.
 
Un factor que contribuye a menudo al desperdicio de alimentos por parte de los consumidores es la confusión en el etiquetado sobre la fecha límite de venta y la fecha de caducidad, según la FAO. En algunos casos existe un exceso de celo en la legislación, que debe ser revisada y modificada. Los legisladores y el resto de autoridades también deben emitir directrices más claras y flexibles tanto para las empresas como para los consumidores.
 
La FAO insiste en que los gobiernos deben hacer más para aplicar la legislación destinada a reducir el desperdicio de alimentos. Según sus recomendaciones, "los legisladores tendrán que adoptar una serie de medidas que pueden variar desde marcos de política general a declaraciones de intenciones, de medidas legales no vinculantes como recomendaciones y directrices a otras más firmes, como directivas, reglamentos y leyes aprobadas por el parlamento".
 
Reutilizar
 
Hay que desarrollar mercados para los productos que normalmente no entran en la cadena alimentaria, según la publicación Reducir la huella del desperdicio de alimentos. La rebusca, por ejemplo, es la práctica de buscar alimentos que, por una razón u otra, se dejan en el campo para descomponerse y luego arar encima. En algunos lugares, los empresarios han descubierto oportunidades en la adquisición de esos productos a precios reducidos y luego comercializarlos, desarrollando así nuevas cadenas de valor de los alimentos .
 
Del mismo modo, pueden desarrollarse mercados para los productos rechazados por los minoristas pero sigue siendo aptos para el consumo. Los mercados de campesinos ya juegan aquí su papel.
 
Redistribuir los excedentes de alimentos inocuos a los necesitados representa sin duda “la mejor opción" para tratar los residuos de alimentos, según sostiene el estudio de la FAO.
 
En la actualidad, la cantidad de alimentos redistribuidos a organizaciones benéficas siguen siendo una pequeña fracción de los excedentes de alimentos comestibles disponibles, debido al hecho de que esta redistribución de alimentos se enfrenta a una serie de barreras .
 
"Los minoristas están muy influenciados por la idea de que es más barato y más fácil enviar los desechos al vertedero, a pesar de que el aumento de impuestos sobre estos vertidos actúa ahora como elemento disuasorio", según el manual de la FAO. Pero el factor que más ha disuadido a las empresas a la hora de donar los excedentes de alimentos es el riesgo de ser considerados legalmente responsables en caso de intoxicación, enfermedad u otra lesión. Cada vez más, los gobiernos están buscando la manera de facilitar el proceso y brindar protección a los donantes de alimentos en caso que los productos cedidos de buena fe provoquen algún tipo de enfermedad.
 
Reciclar
 
A fin de que las ciudades y los gobiernos locales reciclen los residuos de alimentos de manera eficiente y eficaz, las medidas adoptadas en los hogares para separarlos son esenciales –los programas de reciclaje sólo funcionan cuando los residuos se clasifican correctamente en la fuente. Utilizadas juiciosamente, las regulaciones pueden incentivar a las empresas y los hogares para reducir el desperdicio de alimentos y gestionarlo mejor a la hora del reciclaje.
 
En lugar de limitarse a la eliminación de estos residuos en vertederos, el uso de la digestión anaeróbica para descomponerlo en digestato (material sólido resultante de la digestión, ndr) -que puede ser utilizado como fertilizante- y el biogás -que puede usarse como fuente de energía o inyectarse en la red del gas-, es preferible a nivel medioambiental frente al compostaje o la eliminación en vertederos.
 
Cuando la digestión no es posible, el compostaje representa la mejor opción alternativa. A nivel individual, el compostaje doméstico puede desviar potencialmente hasta 150 kg de residuos de alimentos por hogar al año de los servicios locales de tratamiento de basuras.
 
Por último, la incineración de los residuos de alimentos recuperando la energía liberada se presenta como último recurso para evitar que vayan a parar a los vertederos. Las emisiones de metano de los vertederos representan una de las mayores fuentes de emisiones de GEI de todo el sector de los residuos.