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Los países pueden beneficiarse del comercio de alimentos si establecen las normas adecuadas

La FAO y la OMC facilitan la participación de las naciones en desarrollo en un mercado de 1,7 billones de dólares EUU de crecimiento rápido

Photo: ©FAO/Giuseppe Carotenuto
FAO apoya un proyecto de envasado de plantas medicinales en Uzbequistán.
12 de julio de 2017, Ginebra – Participar en el desarrollo de las normas alimentarias internacionales para el comercio es fundamental para que los países puedan aprovechar los beneficios del auge del comercio mundial y prepararse para cambios tecnológicos inminentes, afirma una publicación conjunta presentada hoy por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial del Comercio (OMC). 

Los países en desarrollo, en particular, deberían invertir en capacidad y habilidades para lograr una participación eficaz en instituciones y organismos multilaterales como la OMC y el Codex Alimentarius, la principal entidad para establecer normas alimentarias internacionales.

La publicación “Comercio y normas alimentarias” (Trade and Food Standards) ofrece una explicación concisa de cómo se deciden y aplican estas normas internacionales. Defiende una mayor participación de los países en desarrollo tanto en los procesos armonizados para establecer normas alimentarias en el Codex Alimentarius, como en los Comités de Medidas Sanitarias y Fitosanitarias (MSF) y de Obstáculos Técnicos al Comercio (OTC) de la OMC.

“Cuando las normas alimentarias y el comercio internacional trabajan mano a mano, ayudan a garantizar la inocuidad alimentaria, así como una mejor nutrición en todo el mundo. Lo que a su vez ayuda a promover el crecimiento y el desarrollo y a cumplir muchos de los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible”, dijo el Director General de la OMC, Roberto Azevêdo.

Un compromiso más efectivo tiene también el potencial de hacer que el mercado internacional de 1,7 billones de dólares EEUU en productos agrícolas sea más inclusivo, permitiendo que los productores y procesadores de alimentos en pequeña escala participen en cadenas de valor a gran escala. Para lograrlo, los gobiernos deben prestar mayor atención y lograr el consenso nacional sobre sus prioridades de política alimentaria.

Este enfoque se hace cada vez más imprescindible en un momento de creciente preocupación de los consumidores por los microbios, plaguicidas, aditivos alimentarios y por la nutrición y por el aumento de la capacidad tecnológica para controlar la calidad, inocuidad y origen de los productos alimenticios.

“La inocuidad de los alimentos y las normas alimentarias son cruciales para poder aprovechar el potencial de una importante herramienta para combatir el hambre, que es el comercio”, señaló el Director General de la FAO, José Graziano da Silva.  “Los sectores público y privado –añadió- los operadores de todos los eslabones de la cadena de valor alimentaria, organizaciones de la sociedad civil e instituciones académicas y de investigación, desempeñan todos un papel esencial en el desarrollo de sistemas sólidos y creíbles de gestión de la inocuidad de los alimentos”.

Hoja de ruta para el compromiso

El organismo central que rige las normas alimentarias es el Codex Alimentarius, administrado conjuntamente por la FAO y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Desde su creación en 1963, el Codex -cuyos 188 Miembros representan el 99 por ciento de la población mundial- ha promulgado normas alimentarias, directrices y códigos de prácticas que abarcan casi 200 productos alimenticios y más de 300 aditivos alimentarios, al tiempo que ha establecido cerca de 5 000 límites máximos de residuos de plaguicidas.

Los Acuerdos de los Comités de MSF y OTC de la OMC establecen las normas básicas sobre la forma en que los gobiernos pueden aplicar medidas de inocuidad alimentaria y de sanidad animal y vegetal, así como reglamentos técnicos para los objetivos de las políticas, incluidos la salud y la seguridad humanas, la protección del medio ambiente y la información al consumidor. El Acuerdo MSF hace referencia específica a las normas elaboradas por el Codex para la inocuidad de los alimentos, y los países miembros de la OMC usan a menudo estas normas como referencia en las deliberaciones del Comité de OTC.

Si bien las economías emergentes han comenzado en forma reciente a participar más en los principales comités del Codex y de la OMC, los niveles de participación de muchos países menos adelantados son todavía bajos.

Un mensaje clave de la publicación presentada hoy es que los países obtendrán más beneficios de colaborar en esa labor si reúnen a funcionarios gubernamentales y expertos en agricultura, salud, industria y comercio, así como grupos de consumidores y productores para identificar las prioridades nacionales de inocuidad y calidad alimentaria y decidir los posibles medios para abordarlas.

Desafíos por delante

La publicación ilustra igualmente algunos de los factores que promueven los cambios en el ámbito de la regulación de los alimentos: la digitalización, las nuevas tecnologías de producción y procesamiento y el comercio electrónico, así como las tendencias de etiquetado, los nuevos acuerdos comerciales y las cambiantes preferencias alimentarias y de los consumidores. Todo ello tendrá un impacto cada vez más profundo en el panorama del comercio de alimentos y de la inocuidad alimentaria.
 
La trazabilidad de los productos alimenticios tiene cada vez más carácter obligatorio para permitir responder de forma rápida a los brotes de enfermedades transmitidas por los alimentos. Los métodos para medir la radiación, los plaguicidas y otros contaminantes químicos en los alimentos son cada vez más sensibles y subrayan la creciente importancia de desarrollar la capacidad de los países para evaluar los riesgos que conllevan y gestionarlos e informar sobre ellos de forma adecuada.

Estos factores plantean desafíos formidables a muchos países en desarrollo, donde los sistemas de control, inspección y certificación de los alimentos están a menudo en sus inicios y las cadenas de suministro suelen estar fragmentadas y no están bien desarrolladas. La OMC, la FAO y otras entidades han creado una asociación, el Fondo para la Aplicación de Normas y el Fomento del Comercio (FANFC), para difundir mejores prácticas y apoyar proyectos para ayudar a los países en desarrollo a mejorar su acceso a los mercados cumpliendo las normas internacionales.



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