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Las ciudades y las políticas locales son fundamentales para lograr la erradicación del hambre y acabar con el desperdicio de alimentos

El Director General de la FAO a alcaldes de todo el mundo: “Es necesario un cambio radical para abordar el problema”

20 de octubre de 2017, Valencia- Las ciudades pueden y deben desempeñar un papel crucial en el cambio radical que se necesita para abordar el problema del hambre, la malnutrición y el desperdicio de alimentos, dijo hoy el Director General de la FAO, José Graziano da Silva, a alcaldes y representantes de más de 150 ciudades de todo el mundo reunidos en Valencia (España).
 
“Las acciones locales son fundamentales para lograr el objetivo de erradicar el hambre y la malnutrición, para garantizar sistemas alimentarios más sostenibles, más resilientes a los efectos del cambio climático, y para asegurar una dieta saludable y nutritiva para todos”, aseguró Graziano da Silva al dirigirse a los representantes de las ciudades signatarias – de Ciudad de México a Barcelona, pasando por Kioto o Quito- del Pacto de Milán sobre Política Alimentaria Urbana, un compromiso destinado a la lucha contra el hambre y el desperdicio de alimentos y a la mejora de la nutrición.
 
Esta es la tercera reunión de alcaldes de ciudades del Pacto, tras la inaugural celebrada en Milán en 2015 y la que tuvo lugar en la sede de la FAO en Roma en 2016. En la ceremonia participaron el alcalde de Valencia, Joan Ribó, y el de Milán, Giuseppe Sala. 
 
El Director General de la FAO recordó a los líderes locales que, tras haber disminuido de forma constante durante más de una década, el hambre en el mundo ha vuelto a aumentar y afecta ya a 815 millones de personas, el 11 por ciento de la población mundial.
 
Este incremento –de 38 millones de personas más respecto al año anterior- se debe en gran medida a la proliferación de conflictos violentos y de perturbaciones relacionadas con el clima, según indica el último informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2017.
 
Al mismo tiempo, señaló, múltiples formas de malnutrición –sobrepeso, obesidad o deficiencia de micronutrientes- amenazan la salud de millones de personas en todo el mundo.
 
“Afortunadamente las ciudades se están movilizando y situando cada vez más a la altura de este desafío”, señaló Graziano da Silva destacando que se pueden alcanzar “asombrosos niveles de creatividad” si se forjan asociaciones con actores locales, sociedad civil, sector privado y académico y organizaciones de productores. 
 
El Director General de la FAO utilizó su propia experiencia con el Programa Hambre Cero en Brasil, que logró sacar a 40 millones de personas del hambre. “Un componente fundamental del éxito fue la participación de las ciudades, algunas tan grandes como Belo Horizonte o Campiñas”, dijo. “Los alcaldes pusieron en marcha restaurantes populares que servían alimentación equilibrada y nutritiva a bajo coste y las ciudades privilegiaron la compra de alimentos producidos localmente, contribuyendo al fortalecimiento de la economía local”, explicó. 
 
El apoyo de la FAO a la implementación del Pacto
 
Las ciudades que se adhirieron ael Pacto de Milán de Política Alimentaria Urbana acordaron en 2015 Milán trabajar para garantizar alimentos saludables para todos; promover la sostenibilidad en el sistema alimentario; educar a la ciudadanía sobre las dietas saludables, y reducir el desperdicio alimentario.
 
El Director General explicó que la FAO apoya esta iniciativa ayudando a establecer indicadores que permitan medir el progreso del Pacto, con una guía metodológica “elaborada en estrecha colaboración con urbes de todo el mundo para asegurar que son instrumentos útiles”, y poniéndose a disposición de los países como foro neutral para el intercambio de experiencias exitosas. 
 
Graziano da Silva abogó por reforzar la colaboración: “Estas iniciativas se llevan a cabo junto a las redes de las ciudades, para aprovechar nuestras respectivas fortalezas y crear sinergias”. En ese sentido, destacó los esfuerzos de la FAO para promover el diálogo entre parlamentarios y el impulso a programas de aprendizaje mutuo entre agricultores. 
 
También hizo referencia a la Cooperación Sur-Sur y Triangular, incluyendo el Mecanismo “City to city” de la FAO como medio “importante para acelerar el ritmo de los cambios y la transformación de los sistemas alimentarios”. 
 
La FAO también apoya a los gobiernos locales en el análisis de sus sistemas alimentarios, en la elaboración de estrategias y planes alimentarios urbanos, y en la definición de sus prioridades de inversión para reforzar los vínculos con las zonas rurales. 
 
Alinear esfuerzos con la Nueva Agenda Urbana
 
El Director General de la FAO destacó la importancia de fomentar la colaboración entre ciudades de todo el mundo para lograr una urbanización más sostenible y fomentar los vínculo económicos, políticos, sociales y culturales entre las zonas urbanas y rurales. 
 
“No podemos aceptar la dicotomía entre lo rural y lo urbano, que ya no existe”, afirmó. “Tenemos que adoptar un enfoque territorial basado en la integración de lo rural con lo urbano. Solo las ciudades prósperas y las zonas rurales dinámicas pueden impulsar el cambio hacia los sistemas alimentarios sostenibles que necesitamos para luchar contra la pobreza y el hambre”, añadió. 
 
En ese sentido, abogó por alinear los esfuerzos de las ciudades signatarias del Pacto con la Nueva Agenda Urbana de las Naciones Unidas, la hoja de ruta para lograr urbes más sostenibles y más amigables para los seres humanos, que fue aprobada el pasado octubre en la conferencia sobre urbanización sostenible de ONU Habitat en Quito (Ecuador). 
 
“La Nueva Agenda hace un llamamiento concreto a una mejor planificación urbana y territorial con miras a poner fin al hambre y la malnutrición”, afirmó Graziano da Silva, añadiendo que urge también a una mayor coordinación entre las políticas alimentarias y las relativas a la energía, el agua, la salud, el transporte y los desechos. 

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