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La FAO ayuda a los campesinos de Kenia a salvar su cosecha del gusano cogollero

Una sencilla técnica protege a las explotaciones frente a una plaga que arrasa los cultivos

22 de junio de 2018, Embu, Kenya - "Con una buena cosecha, tenemos suficiente maíz para nosotros, y queda algo para vender. Pero ahora mismo tenemos que comprar el maíz para alimentar a la familia", se lamenta Agnes Waithira Muli, una pequeña campesina del condado de Embu, en la región central de Kenia. Ella y su esposo perdieron la mayor parte de su última cosecha por culpa del gusano cogollero del maíz, una plaga potencialmente devastadora que se ha extendido por gran parte de África.

Sin embargo, gracias a la capacitación de la FAO para combatir el gusano, conocido en inglés con el acrónimo FAW (Fall armyworm)-, están en mejores condiciones de proteger su actual cosecha. "Ahora que sabemos cómo luchar con la infestación, nuestras pérdidas serán menores", dice Agnes.

El gusano cogollero -también denominado "oruga tardía" (spodoptera frugiperda)-  es originario de las regiones tropicales y subtropicales de las Américas, pero se ha extendido rápidamente por África desde 2016, causando graves daños, especialmente en los cultivos de maíz.

En el condado de Embu, la plaga apareció por primera vez hace dos temporadas. Como en tantos otros lugares, los campesinos pronto se dieron cuenta, desesperados, que los plaguicidas poco podían hacer para combatirla.

Control mecánico

Durante la temporada de lluvias cortas de 2017, la FAO inició un proyecto piloto en el que se desplegaron "monitores de campo" especialmente capacitados para visitar a los pequeños agricultores y ayudarles en la eliminación manual de los gusanos, dos veces por semana durante seis semanas. El método utilizado fue el control mecánico, identificando y destruyendo a mano los huevos y larvas. (N.del T., el denominado "control mecánico" incluye la eliminación de las plagas mediante dispositivos mecánicos o técnicas manuales de colecta y destrucción).

Agnes y su esposo, Robert Nurithi Nthiga, se sumaron a esta iniciativa. Como resultado, les fue mejor que muchos de sus vecinos, que no hicieron control mecánico, y que a menudo perdieron buena parte de su cosecha a causa del gusano cogollero.

La pareja tiene un acre de tierra, pero que se encuentra dividida en varias parcelas. "Solo pudimos controlar la cuarta parte de las tierras, donde obtuvimos cuatro sacos de maíz de 90 kg. Sin el gusano cogollero, podríamos haber recolectado toda la finca y obtener al menos 15 sacos", indica Agnes. En estos días, sin el apoyo de un monitor, ella y su esposo inspeccionan sus parcelas para detectar el insecto, llegando a hacerlo incluso dos veces al día.

"Es mucho más trabajo que antes, pero controlar la cosecha es la labor del campesino", dice. Madre de tres hijos -el más pequeño con menos de un año-, Agnes está más atareada que nunca.

Una gran diferencia 

Petronila Wanjira Njeru es una monitora de campo capacitada por la FAO que trabajó con Agnes y su esposo para realizar el control mecánico. Explica al principio se encontró con cierto escepticismo en relación al método por parte de los agricultores.

"Pero se volvieron partidarios -explica- porque vieron que los plaguicidas no funcionaban: eliminar manualmente los huevos y las lombrices era la única solución".

Petronila -que también es agricultura- perdió tres cuartas partes de su cosecha la temporada pasada debido al gusano cogollero. Pero también confía en que la próxima cosecha sea mejor: "esta vez, perderemos tal vez una octava parte de la cosecha. De manera que el control manual está suponiendo una gran mejoría".

Mientras tanto, Petronila también se beneficia del salario que recibe como monitora de campo. Le ha permitido adquirir 27 pollos, y con el dinero que ganó con ellos, compró una vaca lechera.

Photo: ©FAO/Sven Simonsen
El gusano cogollero -también denominado “oruga tardía” (spodoptera frugiperda) se ha extendido rápidamente por África desde 2016, causando graves daños, especialmente en los cultivos de maíz.

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