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El desperdicio de alimentos y el cambio climático centran la agenda de la Conferencia de la FAO para el Cercano Oriente

Las medidas para mejorar la seguridad alimentaria, a examen

Foto: ©FAO/Ami Vitale
Las pérdidas de alimentos perecederos en la región del Cercano Oriente superan el 30 por ciento

15 de mayo 2012, Roma - Las medidas para mejorar la seguridad alimentaria regional mediante la reducción de las pérdidas y el desperdicio de alimentos y la mitigación y adaptación al cambio climático, serán analizadas por la Conferencia Regional de la FAO para el Cercano Oriente inaugurada hoy.


Las limitaciones de tierra y agua -entre otros factores-, limitan severamente el potencial de una mayor producción de alimentos para una población que en Cercano Oriente crecerá de 380 millones a 520 millones en 2030. Además de mejorar la gestión de la tierra y del agua, las menores pérdidas y desperdicio de alimentos ayudarán a proporcionar más comida sin poner presión adicional sobre una tierra y unos recursos hídricos limitados.


Se estima que las pérdidas anuales de cereales superan los 16 millones de toneladas en toda la región, volumen suficiente para alimentar a entre 70 y 100 millones de personas. El 15 por ciento de las legumbres y más del 30 por ciento de los alimentos perecederos como frutas, verduras, productos lácteos, carne y pescado también se desperdician anualmente.


La Conferencia, que se desarrolla del 14 al 18 de mayo en la sede de la FAO, debe también discutir la creación de un Fondo fiduciario regional para el desarrollo agrícola, que complemente la financiación internacional existente.


Instalaciones deficientes


Las razones para la pérdida y el desperdicio de alimentos incluyen la deficiencia de las instalaciones de almacenamiento y la capacidad limitada de almacenamiento en frío. En cuanto a los alimentos de origen animal, las pérdidas durante la manipulación, almacenamiento, procesamiento, envasado, distribución y consumo son significativamente mayores que las pérdidas durante la producción.


Situadas entre el 25 y el 50 por ciento, las pérdidas en el pescado y el marisco son las más altas de entre cualquier alimento de origen animal. Más de dos tercios de las pérdidas se producen durante el procesamiento, envasado y distribución.


Gran parte del problema deriva del número limitado de centros de venta al por mayor, supermercados y puntos de venta al por menor con condiciones adecuadas para el almacenamiento y el manejo de los productos alimenticios. Los mercados al por mayor y las tiendas al por menor en la región son a menudo pequeñas, atestadas de gente, insalubres y con carencia de equipos de refrigeración.


Otro problema es la falta de carreteras asfaltadas que permitan a vehículos pesados el conectar las áreas de producción con los puertos o el centro de las ciudades, así como la escasez de infraestructuras de energía y agua.


Las recomendaciones previas a la conferencia se centran en la inclusión de la prevención de la pérdida y el desperdicio de alimentos en las políticas y estrategias regionales y nacionales, ofreciendo incentivos para reducir estas pérdidas, el aumento de la inversión del sector público y privado en instalaciones e infraestructura, mejorar el valor añadido de los productos y promover la colaboración efectiva entre el mundo académico, la industria, el gobierno y las empresas.


Cambio climático


Anticiparse al cambio climático añade mayor urgencia a la búsqueda de soluciones para el problema de los residuos de alimentos, ya que está ejerciendo una presión adicional sobre las tierras y los recursos hídricos de la región. La posibilidad de una reducción de las precipitaciones y de temperaturas de hasta 4 grados centígrados más elevadas a corto plazo amenazan la sostenibilidad de los sistemas agrícolas y de los bosques y pastizales en la región.


Es necesario mejorar en gran medida un uso y gestión eficaz de los recursos naturales, en especial la tierra y el agua.


La región del Cercano Oriente es una de las que sufre mayor escasez de agua en el mundo. Al tiempo que esta escasez continúa aumentando, la calidad del agua se deteriora, y aumenta la polución y degradación de las masas de agua y los ecosistemas acuáticos.


Para reducir el impacto de la escasez de los recursos hídricos renovables, tanto en términos de calidad como de cantidad, la mejora de la gestión del agua necesita hacer frente a: 1) la escasez de recursos físicos, 2) la falta de capacidad de las organizaciones de gestión de los recursos hídricos, 3) la falta de mecanismos de aceptación de responsabilidad para el desperdicio del agua.


Un riesgo particular se cierne sobre la ganadería, que representa entre el 30 y el 50 por ciento de la producción agrícola en la región. El sector pesquero también es vulnerable debido a un aumento previsto del nivel del mar.


Entre las medidas recomendadas para el sector de la pesca figuran el desarrollo de la integración de la acuicultura y la agricultura. En la ganadería, se sugieren medidas de adaptación como un mayor uso de sistemas mixtos ganaderos-agrícolas.


En la silvicultura y la ordenación de los pastizales, las recomendaciones incluyen la restauración de bosques degradados, forestación y reforestación, uso de especies tolerantes a la sequía y la rehabilitación de pastizales. También se propone una mejor gestión a través de la reducción del número excesivo de ganado y el sobrepastoreo, la tala ilegal y la sobreexplotación de la madera para combustible.