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Sin tiempo para el fútbol

Las buenas prácticas agrícolas aumentan el rendimiento de los agricultores de Swazilandia y protegen el medio ambiente

Photo: ©FAO/Rodger Bosch
Melford Mhlamga: "Nunca me verás arar de nuevo".
21 de septiembre de 2012, Mathlanghatja - "Puedo ver la diferencia", dice Melford Mhlamga, de pie entre dos parcelas de plantas de maíz en su terreno en el suroeste de Swazilandia, sosteniendo una mazorca de una parcela y otra del otro lado.

Melford, cuyo poderoso físico no representa sus sesenta años de edad, dice que la mejor mazorca viene de la parcela en la que ha estado utilizando la agricultura de conservación, un método de cultivo que permite al campesino obtener beneficios de forma sostenible.

La ausencia de labranza, uno de los principios del método, significa menos erosión, explica. Y no se necesita dinero para contratar un tractor. Melford ha estado usando este método desde hace tres años. "Nunca me verás arar de nuevo", asegura.

Recientemente, Melford ofreció su terreno para realizar demostraciones a otros agricultores, organizadas por el Proyecto de Desarrollo Agrícola de Swazilandia (SADP, por sus siglas en inglés), una ambiciosa iniciativa del gobierno de Swazilandia y la FAO, con el apoyo de la Unión Europea (UE), para combatir la pobreza rural.

Un proceso de aprendizaje

El SADP promueve la agricultura de conservación y otras buenas prácticas agrícolas para ayudar a los pequeños campesinos a aumentar sus rendimientos. En Swazilandia, la productividad ha estado cayendo durante años, debido a la devastación causada por la pandemia del sida y los últimos años de sequía, junto con el alza de los precios de los alimentos y los insumos agrícolas.

Pero las buenas prácticas agrícolas pueden lograr más que eso, asegura Mónica Murata, asesora de producción en el SADP. Al hacer uso de ellas, los agricultores también ayudan a preservar el medio ambiente y reducen la presión de la agricultura sobre los limitados recursos hídricos y de suelo de Swazilandia, al tiempo que contribuyen a mitigar el impacto del cambio climático, citado a menudo como un factor importante detrás de las recientes sequías en el país.

Al familiarizar a los pequeños agricultores con cultivos de alto rendimiento como la batata, el SADP ofrece alternativas viables al monocultivo -por lo general de maíz-, característico de la agricultura de Swazilandia y una de las principales causas de la degradación del suelo.

La agro-silvicultura, otra práctica promovida por el SADP, también ofrece alternativas. Además, el cultivo de árboles frutales junto a otros cultivos, o combinar la producción agrícola y la ganadería, -otra práctica que promueve el SADP-, permite a los agricultores producir sus propios alimentos y al mismo tiempo obtener dinero de sus tierras.

Después de haber formado a más de 2 000 agricultores, el SADP estableció más de 1 150 parcelas de demostración en la temporada agrícola 2011/12, enseñando buenas prácticas agrícolas a más de 11 000 personas con demostraciones in situ y jornadas de formación.

"Ha sido un proceso de aprendizaje para todos nosotros", subraya Murata. Ella cree firmemente que una vez que el agricultor ve los beneficios, se hace cargo de la práctica. El truco consiste en convencerles. "Y eso no sucede de un día para otro", advierte.

Hacer las cosas a su manera

Melford Mhlamga no sólo puso su terreno a disposición para demostraciones, sino que se involucró también como formador. Algunos agricultores salían corriendo, explica. Le decían que es un trabajo demasiado duro cavar hoyos en lugar de arar. Otros pensaban que podrían obtener algo por participar, como semillas o fertilizantes. Y cuando veían que no era así, se retiraban.

Sin embargo, Melford confía en que muchos agricultores se convencerán, aunque se muestra escéptico sobre la generación más joven. Él siente que ya no están interesados en la agricultura. Por ejemplo sus propios hijos. Viven y trabajan en la ciudad. Acostumbraba a ir a sus escuelas para pagar las cuotas, y ahora ni siquiera recuerdan quién es su padre. Incluso ni le llaman, y mucho menos le van a visitar.

Por el momento, todavía tiene fuerzas para trabajar. Sin embargo, ya no es como antes. En sus tiempos, fue jugador de fútbol, centrocampista. Solía crear oportunidades para que el delantero pudiera marcar goles.

"Pero ahora no tengo tiempo para el fútbol ", se lamenta Melford. Tiene que dedicar su tiempo a las tierras. No es que a él le importe tener que ocuparse por si mismo. En realidad, él prefiere hacer las cosas a su manera. Pero, se pregunta: ¿y cuando ya no me queden fuerzas? ¿Quién va a cuidar de mí?