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Responsables agrícolas condenan la pérdida y el desperdicio innecesario de alimentos en buen estado

La sesión ministerial de la Conferencia Regional de la FAO para Europa pide actuar al sector privado y al público y un cambio de actitud de los consumidores

Foto: ©IAEA/Louise Potterton
Una parte importante de las pérdidas de alimentos pueden producirse en las explotaciones agrícolas, o durante las fases de almacenamiento, transporte y elaboración

3 de abril de 2014, Bucarest – A medida que la población crece y las necesidades de alimentos continúan aumentando, el mundo no puede permitirse el lujo de seguir malgastando un tercio del total de la producción agrícola. Son necesarias acciones coordinadas y enérgicas, y en muchos casos, el sector privado tendrá que tomar la iniciativa.

Estas fueron algunas de las conclusiones de una mesa redonda de ministros de Agricultura de Europa y Asia Central que tuvo lugar hoy en el marco de la Conferencia Regional bienal de la FAO para Europa.

En un documento preparado para la reunión, la FAO examina las pérdidas y el desperdicio de alimentos en la región, comparando los países de ingresos bajos, medianos y altos, y fijándose en siete cadenas de suministro diferentes : lácteos, pescado, carne, frutas y hortalizas, cultivos oleaginosos y legumbres, raíces y tubérculos, y cereales.

El documento revela diferencias notables en los patrones de las pérdidas y el desperdicio de alimentos en función de los niveles de ingresos. La mayor parte de las pérdidas en los países desarrollados se producen en la fase de consumo, mientras que en los países de medianos y bajos ingresos éstas se producen en las etapas de producción y post-cosecha dentro de la cadena de valor.

El pan se toma como ejemplo. El exceso de oferta, la capacidad de compra y la preferencia de los consumidores por el pan fresco, -así como mayores tasas de descarte de otros cereales- resultan en casi un 25 por ciento de desperdicio de los productos cerealeros en los países de altos ingresos. En los países de ingresos medios, los niveles de desperdicio están en el 8,5 por ciento, y en los países de bajos ingresos de tan sólo un 5 por ciento. Otro de los motivos del desperdicio de alimentos son las normas estéticas, y la preferencia de los consumidores por productos con un tiempo de conservación más largo.

El comportamiento del consumidor es sin embargo tan sólo una parte del problema. Una parte importante de las pérdidas de alimentos pueden producirse a nivel de las explotaciones agrícolas, o durante el almacenamiento, el transporte y la elaboración.

Atendiendo al grupo de raíces y tubérculos (papas y raíces hortícolas), el estudio de la FAO revela que para los países de ingresos altos de la Unión Europea y la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC), las mayores pérdidas se dan en la fase de producción, con más de un 30 por ciento de cultivos perdidos o desperdiciados durante el proceso de recolección. Una pérdida adicional del 17 por ciento se produce en el procesamiento y envasado. En los países de medianos y bajos ingresos, sin embargo, el estudio apenas encontró pérdidas o desperdicio en la elaboración y envasado de las raíces y tubérculos.

“Los productores de frutas, hortalizas y lácteos (en Europa y Asia Central) lo son en su mayoría en pequeña escala”, según la FAO ", y la falta de equipos de ordeño modernos y capacidad de refrigeración de la leche es probablemente la principal causa de las pérdidas en el sector lácteo”.

Muchos países de Europa y Asia Central han puesto en marcha ya campañas y programas destinados a reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos, y los delegados de los países delinearon muchas de ellos durante la reunión. Estas iniciativas van desde el establecimiento de bancos de alimentos a la utilización de la bioenergía y el reciclaje, desde la inversión en tecnología a nivel de las granjas a la mejora de la logística y la infraestructura.

Los ministros y otros delegados pidieron a la FAO a que intensificara su labor de análisis para comprender mejor las causas de las pérdidas y el desperdicio de alimentos, y para ayudar a los países a desarrollar su propia capacidad de mejorar las estadísticas y la información. La Organización facilitará también el intercambio de soluciones y las mejores prácticas para reducir estas pérdidas, ofreciendo opciones de políticas que los gobiernos puedan seguir. Algunos ejemplos son el apoyo al desarrollo de las organizaciones de productores para que los pequeños productores aumenten su rendimiento y trabajen directamente con los procesadores o minoristas, o para que desarrollen capacidad conjunta de pre-enfriamiento y almacenaje.

La FAO encabeza o está involucrada en una serie de iniciativas encaminadas a reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos -incluyendo la campaña Save Food y la Iniciativa Mundial sobre la reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos, en colaboración con Messe Dusseldorf (Alemania). En Europa y Asia Central, donde las dietas están cambiando, la Iniciativa Mundial trabajará para sensibilizar a los consumidores sobre el desperdicio de alimentos y promover “un patrón de consumo más respetuoso y saludable”.

Los alimentos producidos, pero que posteriormente se pierden o desperdician, tienen también repercusiones medioambientales graves. Junto con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA ), la FAO puso en marcha un Programa de Sistemas Alimentarios Sostenibles para mejorar la eficiencia en el uso de los recursos y reducir la intensidad de la contaminación de los sistemas alimentarios desde la producción hasta el consumo.

La FAO apoya firmemente al Desafío Hambre Cero del Secretario General de la ONU, Ban Ki -Moon, que incluye “cero pérdidas o desperdicio de alimentos”, como uno de sus cinco pilares para un mundo sin hambre.