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Burundi: un método para secar pescado que cambia la vida

Un proyecto de la FAO para introducir sencillos secaderos elevados mejora los medios de subsistencia y la nutrición de las comunidades ribereñas del Lago Tanganica

Foto: ©FAO/Oumou Khaïry Ndiaye
El uso de secadores de pescado ha proliferado a orillas del lago Tanganica

9 de julio de 2014, Roma – Un proyecto de la FAO para dotar a las pequeñas comunidades pesqueras con las herramientas y los conocimientos técnicos para secar pescado en sencillos bastidores elevados -en vez de sobre la arena- ha cambiado las vidas de la población a orillas del lago Tanganica, en Burundi.
 
Las mujeres siempre habían secado los pequeños peces plateados similares a las sardinas llamados ndagala sobre el suelo, donde eran presa fácil para los animales y expuestos a verse pisoteados y contaminados. Durante la temporada de lluvias, muchos peces eran arrastrados por el agua o comenzaban a pudrirse.
 
"Si el pescado se estropeaba y comenzaba a desprender un olor fétido, resultaba imposible venderlo en el mercado", explica Gabriel Butoyi, presidente del puerto pesquero Rumonge.
 
En total, alrededor del 15 por ciento de las capturas se perdía o estropeaba durante el proceso de secado.
 
Trabajando en colaboración con el Departamento de Pesca y Acuicultura de Burundi, la FAO estableció inicialmente un pequeño proyecto hace diez años en la aldea de Mvugo, con tan sólo 48 bastidores de malla metálica de bajo coste suspendidos un metro por encima del suelo, ofreciendo capacitación y distribuyendo folletos sobre cómo construir los secadores.

Los beneficios se vieron rápidamente, ya que estos bastidores reducían el tiempo de secado de tres días a tan sólo ocho horas, lo que significa que se podían secar varios lotes de peces en el mismo día. Los peces quedan fuera del alcance de los animales, y los bastidores pueden también cubrirse en caso de lluvia, evitando que el pescado se deteriore.
 
"Nuestro pescado es de buena calidad y sin gravilla ni piedras y se seca en condiciones higiénicas", señala Domitien Ndabaneze, propietario de uno de los secaderos. "Con nuestros productos, los clientes ya no tienen que preocuparse de si están comiendo pescado con arena".
 
Explosión de secaderos

La noticia corrió rápidamente entre las comunidades de pescadores, y el uso de bastidores proliferó a orillas del lago. El área dedicada al secado de pescado en las afueras de Mvugo aumentó de un acre en 2004 a cinco acres de hoy, y el número de secadores en los sitios oficiales de pesca en las riberas del lago Tanganica ha pasado de 500 a más de 2 000
 
La cantidad de pescado que se pierde o se desperdicia debido a prácticas inadecuadas de secado se ha reducido a más de la mitad, y la calidad del pescado seco ha mejorado. Los precios han aumentado así más del doble, de 4 000 francos de Burundi (2,5 dólares EEUU/kg) en 2004 a 9 000 (6 dólares EEUU/kg) en 2013.
 
"Puedo ocuparme de mi hijo gracias a lo que obtengo del comercio de pescado", indica Pelousi Ndayisaba, un ex combatiente rebelde que se pasó al secado de pescado. "Es la única actividad que me permite ganarme la vida”.
 
La técnica del secado hace también menos penoso la ardua labor diaria del secado, ya que las mujeres ya no tienen que agacharse para extender y girar el pescado en la tierra.
 
Han surgido pequeñas empresas que suministran material y construyen los bastidores, ayudando así a mejorar los medios de subsistencia de las comunidades pesqueras y la economía local.
 

El mayor tiempo de conservación del pescado que sale de los secaderos significa que el ndagala -de elevado contenido proteínico- puede ser transportado no sólo a los mercados domésticos, sino también los mercados transfronterizos y regionales, contribuyendo a la nutrición de las comunidades que viven lejos de las fuentes de pescado fresco.
 
Y al mismo tiempo, el aumento de la oferta no ha supuesto mayor presión sobre los recursos del lago, ya que la cantidad de peces que se capturan se ha mantenido relativamente estable.
 
"Lo extraordinario es cómo un proyecto muy pequeño ha creado un efecto de bola de nieve a orillas del lago", explicó la experta de Industrias Pesqueras de la FAO Yvette Diei-Ouadi. "Es muy poco habitual ver ahora a la gente secando pescado en el suelo. Si no pueden permitirse bastidores de malla metálica, los improvisan con madera y redes de pesca. Incluso las comunidades de pescadores de los países vecinos han hecho suya la técnica de los secadores".
 
El camino a seguir
 
La nueva forma de secar pescado ha conllevado otros cambios. Mientras que en 2004, alrededor del 80 por ciento de los secadores eran mujeres, ahora los hombres, deseosos de participar en una actividad lucrativa, suponen entre el 30 y el 40 por ciento.
 
"El gobierno ha realizado grandes esfuerzos para asegurar el acceso a la tierra para establecer secadores, pero también es importante ayudar específicamente a las mujeres dedicadas a esta actividad a través de planes de microcrédito para que no se queden fuera del mercado a medida que aumenta la competencia", explicó Diei-Ouadi.
 
Mientras que los secadores han supuesto una enorme mejora para evitar que el pescado se deteriore, los días lluviosos y nublados todavía puede dar lugar a algunas pérdidas.
 
Entre las posibles soluciones al problema está el uso de secadores de energía solar y una técnica para secar y ahumar pescado conocida como técnica de procesado FAO-Thiaroye (FTT, por sus siglas en inglés), que ya se está implementando en varios países africanos, como Côte d’Ivoire, Tanzania y Togo. Otra forma de utilizar pescado que no se puede secar sería introducir productos con valor añadido alternativos a base de pescado fresco, como los embutidos de pescado.
 
Alrededor del 60 por ciento de los burundeses no consumen actualmente suficientes proteínas. Los medios para mejorar la nutrición en África -y en otros lugares- serán objeto de debate en la Segunda Conferencia Internacional sobre Nutrición (CIN2), organizado por la FAO y la Organización Mundial de la Salud (OMS) en noviembre de 2014 en Roma.
 
La FAO continúa mientras tanto promoviendo y afianzando el uso de secadores de pescado en otros países, entre ellos Kenya, Uganda y Zambia, donde el éxito de la técnica se ha traducido en pescado seco que se exporta y se vende en Zimbabwe, Ruanda y la República Democrática del Congo.