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Cultivar maíz, arroz y trigo de forma más sostenible

Los expertos mundiales indican que las variedades mejoradas deben ir acompañadas de sistemas agrícolas respetuosos con el medio ambiente

Photo: ©FAO/Paballo Thekiso
Campesinas en Mozambique regresan a su aldea con el maíz recolectado

19 de diciembre de 2014, Roma - Los sistemas agrícolas basados en los cereales deben llevar a cabo la transición hacia una agricultura sostenible si quieren satisfacer la demanda sin precedentes de maíz, arroz y trigo. Este ha sido uno de los mensajes clave surgidos de la reunión celebrada por la FAO esta semana con asistencia de destacados especialistas en la producción agrícola.

La FAO estima que en los próximos 35 años los agricultores necesitarán aumentar la producción anual de maíz, arroz y trigo hasta los 3 000 millones de toneladas, 500 millones de toneladas más que el récord de las cosechas combinadas alcanzado en 2013.

Y tendrán que hacerlo con menos agua, combustibles fósiles y productos agroquímicos, en tierras de cultivo que se han visto ya muy degradadas por décadas de producción agrícola intensiva, y enfrentándose a sequías, nuevas amenazas de plagas y enfermedades, y fenómenos meteorológicos extremos provocados por el cambio climático .

Los expertos señalaron en la reunión que ese desafío sólo podrá superarse con una agricultura ecológica que logre una mayor productividad conservando a la vez los recursos naturales, adaptándose al cambio climático, y ofreciendo beneficios económicos a los 500 millones de pequeñas explotaciones agrícolas familiares repartidas por el mundo.

La reunión de Roma se centró en el maíz, el arroz y el trigo debido a que estos tres cultivos son fundamentales para la seguridad alimentaria mundial, pues aportan el 50 por ciento del suministro de energía alimentaria de la humanidad. Los cereales son también cada vez más vulnerables: se estima que las tendencias del clima desde 1980 han reducido la cosecha anual mundial de maíz en unos 23 millones de toneladas, y la de trigo en 33 millones de toneladas. Los incrementos en el rendimiento de los cereales logrados con la Revolución Verde, que en tiempos pasados alcanzaron un promedio espectacular del 3 por ciento anual, han caído a alrededor del 1 por ciento desde 2000.

En Asia, la degradación de los suelos y la acumulación de toxinas en los sistemas intensivos de producción arrocera son motivo de preocupación, debido a que la desaceleración en el incremento de rendimientos refleja un deterioro en el entorno de crecimiento de los cultivos.

En el encuentro de la FAO se acordó que la agricultura no puede depender ya de un aporte intensivo de insumos para aumentar la producción. Las variedades mejoradas de maíz, arroz y trigo deben ir acompañadas de lo que la FAO denomina sistemas agrícolas “Ahorrar para crecer”, que mantienen el suelo sano, integran la producción de cultivos, árboles y animales, utilizan el agua de forma mucho más eficiente, y protegen los cultivos con el manejo integrado de plagas.

Ejemplos de agricultura basada en los ecosistemas

Las ponencias presentadas en la reunión suponen un inventario de tecnologías y prácticas agrícolas basadas en los ecosistemas que han demostrado su validez, entre las que se incluyen:

  • En Viet Nam, más de un millón de pequeños agricultores han adoptado el Sistema de intensificación del arroz (SRI), que produce elevados rendimientos utilizando menos fertilizantes, agua y semillas que el arroz de regadío convencional
  • En China, la plantación de variedades de arroz genéticamente diversas en el mismo arrozal ha reducido la incidencia de enfermedades fúngicas de manera tan significativa, -en comparación con el arroz en monocultivo-, que muchos agricultores han logrado evitar la aplicación de fungicidas
  • En el sur de la India, el manejo de nutrientes de forma específica para cada lugar -que hace coincidir las aportaciones de nitrógeno con las necesidades reales de plantas-, ha reducido las aplicaciones y el gasto en fertilizantes, al tiempo que se ha aumentado el rendimiento del trigo en un 40 por ciento
  • La eliminación de la labranza del suelo en las zonas trigueras del centro de Marruecos redujo el volumen de escorrentía de agua en un 30 por ciento y la pérdida de sedimentos en un 70 por ciento, aumentando la capacidad de retención de agua, que a su vez incrementa la productividad de los cultivos en las temporadas más secas.
  • En Zimbabwe, la agricultura de conservación ha ayudado a los pequeños campesinos a producir hasta ocho veces más maíz por hectárea que el promedio nacional.
  • Los agricultores de Zambia cultivan un árbol de acacia, Faidherbia albida, junto a sus campos de maíz y utilizan sus hojas ricas en nitrógeno como fertilizante natural y cubierta vegetal protectora durante la temporada de lluvias, lo que ha llevado a triplicar los rendimientos.

El desafío al que se enfrentan las autoridades es acelerar la adopción de los sistemas agrícolas “Ahorrar para crecer”. Una necesidad clara señalada durante la reunión fue dar un mayor apoyo a los pequeños agricultores para adaptar prácticas agrícolas basadas en los ecosistemas a las condiciones locales. Ello requerirá la revisión de las políticas nacionales, una considerable mejora de los servicios de extensión y enfoques que reduzcan los costos de transacción del intercambio de conocimientos, como las Escuelas de campo para agricultores.


El foro de la FAO contó con la participación de 50 especialistas en producción agrícola de instituciones como AfricaRice, el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), la FAO, el Centro internacional de investigación agrícola en las zonas secas (ICARDA), el Instituto Internacional para el Manejo del Agua (IWMI), el Instituto Internacional de Investigación sobre el Arroz (IRRI), y organismos de desarrollo agrícola de Asia y Latinoamérica. Sus conclusiones se presentarán en una guía para los responsables de la formulación de políticas “Ahorrar para crecer: maíz, arroz y trigo”, que se publicará en 2015.

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