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Todo crece

Reactivar el potencial agrícola de Nicaragua

Photo: ©FAO/Saul Palma
"La tierra ha sido lo primordial de nosotros. De ella sobrevivimos”, Ramiro Rizo

25 de octubre de 2010, Pantasma/Roma - En uno de los valles más fértiles de Nicaragua, impera la desnutrición. La UE y la FAO han puesto en su punto de mira esta zona de elevado potencial dentro de sus esfuerzos para ayudar a los pequeños campesinos a incrementar sus rendimientos.

"La tierra ha sido lo primordial de nosotros", explica Ramiro Rizo, un agricultor de Pantasma. "De ella sobrevivimos", añade. Pero la supervivencia no siempre ha sido fácil en esta ciudad del norte de Nicaragua, situada en uno de los frentes de la guerra civil que asoló el país durante la década de 1980.

"Casi no se podía trabajar", recuerda Rizo. Muchos de los miembros de su familia huyeron. El valle de Pantasma, que recibe su nombre del río que lo atraviesa y que era considerado como uno de los graneros de Centroamérica, se convirtió en una tierra yerma.

Aunque la guerra terminó hace tiempo y Nicaragua ha vivido desde entonces una situación de estabilidad, no todas las heridas han cicatrizado. Los vaivenes recientes, como el alza de precios alimentarios en 2007-2008 y la sequía de 2009, han supuesto una mayor presión sobre los medios de subsistencia de muchas personas.

Según Carlos Villagra, un miembro del consejo municipal de Pantasma, casi una de cada cinco personas en la localidad sufre de desnutrición crónica.

Potencial elevado

De forma paradójica, Nicaragua combina un sólido crecimiento de su PIB y un descenso de la desnutrición con la persistencia de la pobreza en el campo. Los datos del Instituto Nacional sobre Información del Desarrollo (INIDE) muestran que la pobreza rural se incrementó desde el 27,4% al 30,5% entre 2001 y 2005.

Desde 2009 la FAO con 3 millones de euros procedentes de los fondos del Mecanismo Alimentario -la respuesta de la UE al nivel inaceptable de hambre en el mundo-, ayuda a las organizaciones de pequeños campesinos a impulsar la productividad de los cultivos básicos, entre ellos los fríjoles, arroz y maíz.

Las zonas con elevado potencial agrícola, como el valle de Pantasma, son objeto de atención especial. La FAO trabaja aquí con cuatro cooperativas locales, que representan a cerca de 550 campesinos que poseen alrededor de 650 manzanas (455 hectáreas). Ramiro Rizo pertenece a Los Limones, la mayor de las cooperativas, con cerca de 300 campesinos asociados.

Durante la temporada de siembra "apante" a finales del pasado año, cada campesino recibió 80 libras (37 kg) de semillas de calidad de fríjoles, así como 2 quintales (91 kg) de fertilizantes. Los rendimientos fueron el doble con respecto a la media nacional, afirma Offman Salinas, supervisor del proyecto de la FAO en el norte de Nicaragua.

Soluciones

Hoy, los campesinos reciben formación en técnicas agrícolas, dentro de un programa que incluye el control de plagas y la rotación y almacenamiento de cultivos. La creación de capacidad es una solución, según Salinas. "La reducción de la pobreza comienza con la educación", añade.

Otra solución es la sostenibilidad. Las asociaciones de campesinos han establecido un "fondo revolvente": gestionan una reserva de cereales que se rellena con la cosecha de los miembros. Algunas asociaciones han comenzado a vender los excedentes de sus cosechas de forma conjunta.

Sentado en el porche de su rancho, que domina el valle, Ramiro Rizo cuenta cómo tras la guerra su familia comenzó a regresar. Ahora se encuentran reunidos de nuevo. "Aquí todo crece", asegura. Según él, la tierra lo es todo: "el que no tiene dónde sembrar, no tiene cosecha. Ahí está la pobreza"