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Los pueblos indígenas son clave para proteger la vida silvestre y los medios de vida rurales

Las comunidades locales necesitan apoyo para mitigar los conflictos entre la población y la fauna silvestre

Photo: ©FAO/Ami Vitale
Las culturas de los pueblos indígenas entrañan tradicionalmente una buena gestión de la vida silvestre. Pastor maasai con una oveja preñada en Narok, Kenya.
3 de marzo de 2017, Roma – La participación activa de los pueblos indígenas y comunidades locales en la conservación de la vida silvestre es clave para preservar la biodiversidad y garantizar medios de vida rurales sostenibles, aseguró hoy la FAO con motivo del Día Mundial de la Vida Silvestre.
 
Los retos urgentes a los que se enfrenta el planeta para mantener la biodiversidad, requieren que los pueblos indígenas estén empoderados para actuar a nivel nacional con la ayuda de la comunidad internacional, según la Organización de la ONU.
 
“Las culturas de los pueblos indígenas y las comunidades locales integran la custodia de la vida silvestre. Sencillamente, no pueden concebir su vida separada de la naturaleza y tienen un gran interés en el uso sostenible de los recursos”, señaló Eva Müller, Directora de la División de Políticas y Recursos Forestales de la FAO. “El empoderamiento de estos grupos –añadió-, combinado con sus conocimientos y capacidad de planificación a largo plazo, es esencial para asegurar la supervivencia de las generaciones futuras, tanto de los seres humanos como de la vida silvestre”.
 
Esta relación entre humanos y vida silvestre es el tema central de una nueva edición de Unasylva, la publicación forestal trimestral de la FAO presentada hoy, y elaborada de forma conjunta con la Asociación de colaboración sobre manejo sostenible de la vida silvestre (CPW, por sus siglas en inglés), integrada por 14 organizaciones y secretarías internacionales, incluida la FAO.
 
Los autores citan estudios de casos de diversos países para ilustrar cómo los pueblos indígenas pueden optimizar los beneficios para sus medios de subsistencia y salvaguardar la vida silvestre, siempre que se les dé el derecho de tomar sus propias decisiones en los territorios que habitan.
 
En la zona norte del Monte Kenya, por ejemplo, el denominado Il Lakipiak Maasai (“Pueblo de la vida silvestre”) posee y opera el único santuario de rinocerontes de propiedad comunitaria existente en el país. Este pueblo indígena ha logrado atenuar los conflictos entre los humanos y la fauna silvestre local provocados por la intrusión de animales silvestres que buscan agua, presas y pastos durante la sequía. Lo lograron reduciendo en sus tierras la tala de arbustos para asegurar más forraje para los animales. A través de esta estrategia de conservación, los maasai han demostrado que pueden coexistir armoniosamente con la vida silvestre al tiempo que sostienen sus propias vidas y culturas pastoriles.
 
Coexistencia en beneficio mutuo
 
Varias especies de fauna silvestre pueden causar importantes daños a los sistemas agrícolas y ganaderos, amenazando la seguridad alimentaria, la seguridad y el bienestar de las personas. En casos extremos, los ataques de especies silvestres como elefantes y cocodrilos pueden provocar lesiones e incluso la muerte de personas, según la publicación.
 
Los conflictos entre humanos y vida silvestre se han hecho más frecuentes y graves, especialmente en África, debido al aumento de la competencia por la tierra en zonas previamente agrestes y deshabitadas. A menudo son el resultado del crecimiento demográfico, la creciente demanda de recursos naturales y la mayor presión por el acceso a la tierra, con la expansión de las vías de transporte, la agricultura y la industria.
 
De forma específica, la publicación subraya que en África central y austral, la fauna y la población seguirán compartiendo paisajes y recursos, y que existen conflictos que probablemente empeorarán a menos que se tomen medidas.
 
En vista de ello, la FAO, el Centro de Investigación Agrícola para el Desarrollo Internacional (CIRAD) de Francia, y otros socios, han desarrollado el primer conjunto de herramientas sobre los conflictos entre los seres humanos y la vida silvestre (Human-Wildlife Conflict-HWC) , que ha ayudado a una comunidad local en el Parque Nacional Monts de Cristal, en Gabón.
 
Los campesinos locales en esta zona estaban particularmente frustrados por el hecho de que distintos animales -ratas de la caña, antílopes ruanos, cerdos salvajes y elefantes-, estaban destruyendo sus cosechas por completo y amenazando así sus medios de subsistencia. Al mismo tiempo, las leyes prohíben que estos agricultores tomen medidas cazando los animales protegidos por su carne o para evitar que destruyan sus cultivos.
 
Las soluciones ofrecidas por la publicación de la FAO incluyen cercar las plantaciones para impedir que los animales accedan a los cultivos, encender fuego o hacer ruido para asustar a los animales, y situar guardias para vigilar las plantaciones por la noche, todas ellas medidas relativamente fáciles y baratas de implementar.
 
La caza deportiva beneficia a todos
 
La publicación aborda también la controversia sobre la caza deportiva, argumentando que, si está bien administrada, puede desempeñar un papel positivo apoyando la conservación y los medios de subsistencia de las personas pobres en las zonas rurales. Asegura que el impacto de la prohibición total de la caza de trofeos puede ser perjudicial para los pueblos indígenas y el medio ambiente, y que por ello es necesario un enfoque más matizado.
 
En muchos contextos, la caza deportiva se superpone con la caza para obtener alimentos. Muchos cazadores de ciervos, por ejemplo, pueden abatir animales con cuernos más grandes como trofeos, pero si no los encuentran, cazarán a otros por su carne.
 
Además, los beneficios de la caza para los propietarios de las tierras pueden hacer que la vida silvestre sea una opción atractiva para su uso, alentándolos a mantener y restaurar el hábitat y las poblaciones de animales y a combatir la caza furtiva.
 
Por ejemplo, en las montañas del Pamir de Tayikistán, los permisos para la caza deportiva de ovejas y cabras salvajes muestran que hay mayores densidades del amenazado leopardo de las nieves que en las áreas cercanas donde no se permite esta actividad. Esto se debe probablemente a la mayor presencia de presas y a la disminución de la caza furtiva.
 
Existe una inquietud lícita sobre la legalidad, sostenibilidad y ética de algunas prácticas de caza, y la contribución de la caza deportiva a los medios de vida de las comunidades locales y la vida silvestre varíaenormemente según el contexto y la región.
 
En algunos casos, puede haber alternativas factibles a la caza deportiva que puedan ofrecer los mismos beneficios para la vida silvestre y las personas, pero según la publicación presentada hoy, identificar e implementar estas opciones requiere alcanzar compromisos con los gobiernos nacionales, el sector privado y las comunidades locales. 

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