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Al servicio del desarrollo del Congo

Investigación: entre la explotación y la conservación

Foto: ©FAO/Giulio Napolitano
“Las aves son los auténticos campesinos del bosque”, afirma Frank Bapeamoni

14 de febrero de 2011, Kinshasa/Roma - Hoy es un día especial para Frank Bapeamoni. Sumergido hasta las rodillas en un riachuelo en la reserva de Yoko, en el corazón del bosque tropical de la República Democrática del Congo, desata de su red a un pequeño animal, que sacude con vehemencia su afilado pico rojo. Orgulloso, muestra sus plumas azules y naranjas. Por primera vez en su vida, ha capturado un martín pescador.

Bapeamoni, un ornitólogo, está realizando el trabajo de campo de su doctorado en investigación sobre el papel de las aves en la ‘dinámica' del bosque de Yoko. Quiere saber cómo las aves, comiendo las semillas o frutos de los árboles y plantas, las esparcen y contribuyen así a la expansión del bosque. "Las aves son los auténticos campesinos del bosque", afirma.

Durante más de un año, Bapeamoni ha estado viniendo a Yoko, que alberga una instalación de la universidad de la cercana Kisangani (UNIKIS). Comenzando a primera hora de la mañana, verifica las capturas de sus redes, ubicadas estratégicamente por toda la reserva. Hoy, como suele ser habitual, está acompañado por otros investigadores forestales como Jean-Marie Kahindo, que estudia el potencial económico del ratán, uno de los productos forestales no madereros más importantes del Congo.

Sin embargo, nunca antes había sido estudiado, apunta Kahindo. "Como si el Congo no supiera lo que tiene". Kahindo, que ha estado en el terreno más de un año, explica un ejemplo de sus hallazgos: cada mes 74.000 metros de ratán del área de Yoko se destinan a los mercados de Kisangani y Kinshasa. Un paquete normal de 300 metros vale entre 4 y 5 dólares en Kisangani, motivando el ratán sea entre tres y cuatro veces más beneficioso que la madera.

Valor apenas conocido

Los 135 millones de hectáreas de bosque natural del Congo abarcan el 62 por ciento de su territorio y representan la mitad del bosque tropical de África, el segundo más grande del mundo. Pero, según un informe reciente del CIFOR, el CIRAD y el Banco Mundial, en los últimos años no se ha formado a ningún técnico forestal profesional, poniendo de relieve la imposibilidad de cuantificar el valor económico de los bienes y servicios forestales en el Congo.

"Nuestro bosque es un recurso al servicio del desarrollo del Congo", afirma Jean-Pierre Maté, profesor de la UNIKIS, añadiendo: "al mismo tiempo, es el segundo mayor ‘pulmón' del planeta". Conjuntamente con el CIFOR, la UNIKIS es responsable del programa forestal de un proyecto de la FAO financiado por la UE para apoyar la reactivación de la investigación agrícola y forestal en el Congo, conocido por su acrónimo francés REAFOR.

"Sin conocimiento no tenemos los instrumentos necesarios para desarrollar el bosque de una forma sostenible", afirma Maté. La afrormosia es un buen ejemplo. La regeneración de este árbol, muy deseado por las compañías madereras, presenta dificultades por razones aún desconocidas. La investigación de Faustin Boyemba, uno de los estudiantes de doctorado del REAFOR, puede proporcionar la respuesta y ser una herramienta para el establecimiento de normas para la explotación forestal de la afrormosia.

Encontrar el equilibrio adecuado entre explotación y conservación es la ardua tarea a la que se enfrentan los técnicos forestales del Congo. "¡Para ello necesitamos cerebros!", exclama Maté. Para él, los 13 estudiantes de doctorado y los 35 de maestría formados por el REAFOR deberían ser el núcleo de una incipiente élite nacional dedicada a la silvicultura.

Mientras tanto, la rehabilitación de los dormitorios y el laboratorio en Yoko, el centro informático en el campus de UNIKIS y la residencia en la reserva vecina de Masako, junto con el suministro de equipamiento de vanguardia - incluyendo GPS, equipos para pesar y medir e incluso una lancha motora -  están creando un entorno en el que los investigadores pueden hacer su trabajo.

Haciendo ruido

Al final de la tarde, Frank Bapeamoni ha montado un laboratorio provisional detrás de su dormitorio en el campo base de Yoko, donde hace inventario de la captura del día. Tras consultar el manual Aves de África Occidental, 2004, concluye que ha capturado un alcedo quadribrachys, o martín pescador azul brillante.

Enseña que el bosque es dinámico en su estructura, composición y funcionamiento. Y, no se trata sólo de árboles. Las aves son parte integrante del bosque. Su estructura depende de ellas. Pero para asegurar que las necesidades de las aves se tienen en cuenta, es necesario conocer cuáles son: éste es el objetivo de su investigación.

Según Jean-Marie Kahindo, compañero de Frank, el conocimiento científico no es un fin en sí mismo. Debería orientar a los responsables de la toma de decisiones. "Voy a hacer ruido para asegurarme de que escuchan", afirma. En el caso del ratán, es importante que la población local también escuche: conservar el bosque es lo mejor para ellos. "A fin de cuentas -asegura Kahindo- el bosque pertenece a las comunidades".