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Alimentos para la aldea

La agricultura es vital para el proceso de reinserción en Burundi

Photo: ©FAO/Giulio Napolitano
Ofrecer a los campesinos los conocimientos técnicos para hacerse expertos en sus propios campos

22 de junio de 2011, Rumonge - El regreso masivo de refugiados es un claro signo de que la paz avanza en Burundi. También añade presión a la limitada capacidad del país para alimentar a su creciente población. La FAO ayuda a los retornados a producir alimentos para sus familias.

"En Burundi, la guerra está asociada al hambre. Si la gente tiene suficiente para comer, no se producirá de nuevo", asegura Bosco Nzambimana, al final de una largo relato sobre su vida como refugiado. Hace tres años que regresó a su ciudad natal de Rumonge, a orillas del Lago Tanganyika en el sur de Burundi.

Habiendo logrado arreglarse durante la mayor parte de la difícil década de 1990, la guerra alcanzó a Bosco cuando trabajaba como profesor de escuela primaria en la provincia de Muramvya, al norte del país. "Enseñabamos durante el día y me escondía en el bosque por la noche", recuerda. En 2002 dejó el país y se marchó a Uvira, ciudad fronteriza de la República Democrática del Congo.

Desde 2005 la paz está echando raíces en Burundi, y la gente regresa a casa. Pero las cifras -más de 500 000 personas entre 2002 y 2009, según los cálculos de ACNUR- son abrumadoras para uno de los países de África más densamente poblados, que ya tiene que lidiar con una creciente escasez de tierras para alimentar a una población hambrienta y en continuo aumento.

Volver a empezar no es fácil

Muchos retornados tienen dificultades para recuperar las tierras que dejaron atrás. Algunos encuentran que sus propiedades han sido ocupadas por otros, e incluso a veces ni siquiera recuerdan donde se encontraban. No sorprende, si se tiene en consideración que mucha gente escapó hace casi 40 años, en 1972, o de forma más reciente en 1993.

Para aquellos que no pueden ser reinstalados, el gobierno -con el apoyo de la ONU y la comunidad de donantes-, está construyendo "aldeas rurales integradas". Bosco ha encontrado sitio en Mutambara, uno de los cuatro asentamientos de este tipo que existen en

Rumonge, y en el que viven ahora cerca de 1 000 familias.

Esta cifra es una prueba destacada del hecho que en la mayoría de los casos se han encontrado soluciones pacíficas entre los ocupantes pasados y presentes: se calcula en 15 000 el número total de familias que regresó a Rumonge entre 2008 y 2010.

"La gente intenta seguir el llamamiento del gobierno para trabajar juntos a favor de la paz", señala el experto de la FAO Vénuste Nahimana. "Pero desde luego, no siempre es fácil", añade. La FAO juega un papel esencial en el proceso de reinserción -explica Nahimana-, ya que ayuda a las familias retornadas a cultivar sus propios alimentos. "Después de todo, la gente tiene que comer".

La FAO suministra una amplia gama de material agrícola: semillas de fríjol, maíz y hortalizas, así como esquejes de mandioca y papa, árboles frutales, aves de corral y pequeños rumiantes. Además, las familias reciben los aperos e insumos necesarios, como fertilizantes, así como formación.

Tomates

El principal problema es sin embargo dónde cultivar. En teoría, cada familia de retornados tiene derecho a 0,5 hectáreas, pero la tierra escasea. Los aldeanos de Mutumbara han encontrado una solución temporal bastante inusual: utilizan los terrenos prestados de la prisión de Rumonge.

Junto a una organización local, la FAO organiza aquí escuelas de campo para agricultores, "un programa que ofrece a la gente los conocimientos técnicos para hacerse expertos en sus propios campos", según la formadora Spéciose Ndikumana.

Hoy, todo gira en torno a los tomates. Se plantaron hace cinco semanas en un vivero. Ahora, un grupo de 25 estudiantes aprende sobre las enfermedades de la planta y cómo tratarlas. Después, al final de la sesión, se reúnen y cantan.

"Cantamos sobre lo que hacemos," explica Bosco, quien escribió las canciones. Le gusta, lo mismo que cantar. También canta en la iglesia. Cantar levanta el ánimo, afirma. Aunque no ha sido capaz de volver a la enseñanza, no se lamenta. Hay mucha gente que está peor que él. Es todavía joven, su primer objetivo es reasentarse.