FAO.org

Inicio > Medios > Noticias

El regreso de la mandioca

Vuelve a la mesa de más de 1,5 millones de personas en África

13 de noviembre de 2008, Roma/Bruselas - Tras años de pérdidas masivas de cosechas provocadas por un virus devastador, los campesinos vuelven a cosechar mandioca sana -uno de los alimentos básicos en África- en la región de los Grandes Lagos, anunció hoy la FAO, saludando este éxito como un hito en su cada vez más estrecha relación con la Unión Europea.

Durante la última temporada de siembra se distribuyeron semillas libres de virus a cerca de 330 000 pequeños campesinos en los países afectados: Burundi, la República Democrática del Congo, Rwanda y Uganda. La cosecha beneficia ahora a más de 1,6 millones de personas.

Volver a tener mandioca (yuca, ndr) en la mesa es de gran importancia, en especial para las personas más vulnerables de la región, que se han visto muy afectadas este año por la crisis alimentaria mundial", señala Eric Kueneman, Jefe del Servicio de Cultivos y Pastos de la FAO. Añade que impulsar la producción de cultivos locales, como la mandioca, es uno de los pilares de la respuesta de la FAO a la actual crisis, que ha abocado a 75 millones de personas más a la pobreza tan sólo en 2007.

En la región de los Grandes Lagos, sin embargo, los elevados precios de los alimentos y los fertilizantes son tan solo una parte del problema. Como demuestra de forma trágica la violencia reciente en la zona oriental de la R.D. del Congo, la región no logra todavía alcanzar la paz. Pero es sobre todo en circunstancias de gran inestabilidad en las que la mandioca puede jugar un papel crucial.

Los tubérculos de mandioca se pueden cosechar en el momento que se necesitan, o dejarse bajo tierra si los campesinos son expulsados de su terreno. La yuca no es tampoco un botín fácil: si la tierra está abandonada, para los ladrones resultará muy difícil tener que cavar para extraerla.

Escasez de alimentos

"Hemos progresado mucho para lograr que esta región vuelva a ser autosuficiente en mandioca", explica Cees Wittebrood, del Departamento de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea (ECHO, por sus siglas en inglés), el socio más importante de la FAO en su programa regional para la mandioca. "Una de nuestras prioridades -añade- es garantizar que cada campesino puede cultivar para su propia subsistencia, y para lograrlo la colaboración con la FAO es fundamental".

Cada africano consume al año cerca de 80 kilogramos de mandioca. Por ello, cuando una agresiva cepa de un virus denominado "mosaico de la mandioca (CMD, por sus siglas en inglés) diezmó las cosechas en toda la región de los Grandes Lagos, las consecuencias fueron desastrosas.

En Uganda, por ejemplo, en donde el virus del mosaico ha destruido 150 000 hectáreas de mandioca desde principios de los años 90 -con pérdidas estimadas en unos 60 millones de dólares EE.UU. anuales-, la escasez de alimentos resultante provocó hambrunas localizadas en 1993 y 1997.

Para hacer frente a la epidemia, se comenzó con una serie de variedades libres de la enfermedad desarrolladas por uno de los socios de la FAO dedicados a la investigación: el Instituto Internacional de Agricultura Tropical de Nigeria. Estas variedades fueron multiplicadas en numerosos viveros, incluyendo los de institutos nacionales de investigación, gobiernos locales y la sociedad civil, que lograron finalmente el número suficiente de plantones para hacer una distribución en masa a la población.

Al mismo tiempo, la FAO se embarcó en una campaña para impulsar la capacidad y los esfuerzos de los países de la región a nivel individual, lanzando una iniciativa regional para la mandioca en 2006, gracias a los fondos de diversos donantes encabezados por ECHO, que ha contribuido desde entonces con 3,3 millones de euros a diferentes programas sobre la mandioca.

La cena está lista

La provincia de Cibitoke, en el norte de Burundi, se encuentra en el epicentro de la epidemia de mosaico. Sus campos, pelados hasta hace un año, ahora están cubiertos del verde de las hojas de mandioca. "Es dulce, no es amarga", dice Ernest Nduwimana, un joven campesino que perdió a su padre durante la guerra civil en Burundi, mientras sujeta un enorme tubérculo de mandioca que acaba de desenterrar.

La cosecha de este año ha sido buena, según Ernest. Hay suficiente para alimentar a su familia hasta la próxima temporada, para la que ya se está preparando a sembrar con esquejes de calidad de sus propias plantas de mandioca. Después de una dura jornada, regresa a casa, en donde su madre le ha preparado bugari, un plato local a base de harina de mandioca acompañada de fríjoles y pescado.