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Regreso a Burundi

La agricultura es uno de los pilares de la paz

Photo: ©FAO/Giulio Napolitano
Consolidar el proceso de paz en Burundi
20 de enero de 2009, Roma/Bujumbura - Lograr volver a poner en pie su agricultura es uno de los grandes retos de Burundi, un país que lucha por curar las heridas de más de diez años de guerra civil, y en donde la mayoría de la población vive del sector agrícola.

Una de las señales más evidentes de que estas heridas están cicatrizando es el regreso a sus casas de 450 000 refugiados desde 2002. Pero el regreso no soluciona todos los problemas en este pequeño país africano densamente poblado y en donde el acceso a la tierra es una de las pruebas más difícil para la reintegración de los refugiados que vuelven.

Las cosas no le han ido mal a Ferruzi Mukurumbuze, un campesino de Rumonge, al sur del país. A su regreso desde Tanzania en 2004, Ferruzi recuperó una parte de las tierras que debió abandonar en 1972, cuando un brote generalizado de violencia le forzó al exilio junto a su familia.

"La agricultura -explica- ayuda a vivir a la gente. Lo que traes en el bolsillo cuando regresas del exilio no te dura mucho tiempo, pero cuando tienes un trozo de tierra en la que cultivar algo, siempre puedes sobrevivir".

En la actualidad, Ferruzi ha plantado mandioca, usando esquejes libres de un virus devastador que ha provocado enormes pérdidas en toda la región de los Grandes Lagos. Obtuvo los esquejes de la FAO, empeñada en un proyecto para erradicar el virus en toda la región financiado por el Departamento de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea (ECHO, por sus siglas en inglés). Esta iniciativa ha permitido obtener una primera cosecha de mandioca sana en el otoño de 2008, de la que se beneficiaron 1,5 millones de personas.

La agricultura es crucial

Ayudar a Ferruzi, junto con casi 25 000 familias de refugiados en 2008, es parte del esfuerzo de la FAO para rehabilitar el sector agrícola de Burundi. La UE, que ha contribuido con más de 12 millones de euros desde 2001, es uno de los principales socios de la FAO en esta iniciativa.

En la capital, Bujumbura, Eric Donni de la Delegación de la Comisión Europea afirma que el desarrollo rural es el objetivo central de las operaciones de la UE en Burundi. "Resulta obvio -explica-que la agricultura es crucial en un país en el que un 90 por ciento de la población depende de ella". La UE considera que la FAO, con sus conocimientos técnicos, es un socio natural, según Donni.

Con el apoyo de la UE, la FAO lleva a cabo un amplio abanico de actividades, desde la divulgación de conocimientos agrícolas para la diversificación de cultivos y la distribución de semillas y aperos. Actividades que realiza en colaboración con las autoridades locales y la sociedad civil, con el objetivo de reforzar las estructuras sociales de Burundi, que se van recuperando lentamente.

En todo Burundi, la FAO organiza ferias comerciales de insumos, uno de los métodos preferidos por la Organización para estimular la producción local de alimentos. Los campesinos que acuden reciben unos bonos equivalentes a dinero, de manera que pueden elegir entre una oferta de semillas, fertilizantes, aperos o servicios de laboreo. Estas ferias, organizadas con fondos de ECHO, ofrecen igualmente un mercado para los productores locales de semillas de calidad y suponen un apoyo para el comercio al por menor de los agricultores locales.

En 2008 se alcanzó a un total de cerca de 100 000 pequeños campesinos vulnerables. Según Jean-Alexandre Scaglia, de la FAO, rehabilitar la agricultura de Burundi tiene una gran importancia: "ayuda a consolidar el proceso de paz en el país", explica.

Sin mirar hacia atrás

De vuelta en Rumonge, Ferruzi Mukurumbuze señala: "desde que hemos regresado no nos gusta recordar las razones que nos obligaron a huir. Preferimos mirar hacia delante". Cuenta que lo ocurrido en 1972 fue una verdadera masacre: "cuatro de mis hermanos fueron acuchillados delante de mis propios ojos. Aquello duró una semana. Cuando conseguí huir, aquí ya no quedaba nadie con vida".

A principios de la década de los años 90, el país pareció calmarse. La madre de Ferruzi decidió regresar sin que él pudiera acompañarle. Por desgracia, la situación no permaneció tranquila. "Eso explica que en 1994 hiciera todo lo posible por venir y llevármela", asegura Ferruzi.

La operación que narra parece sacada de un relato de espías. Vinieron en barco atravesando el Lago Tanganyika. Contaban con cómplices en el interior de Burundi que condujeron a su madre y a otras nueve personas ancianas hasta la orilla del lago, y de ahí a su salvación.

La madre, que ahora tiene 94 años, regresó a Burundi con su hijo en 2004. De los seis vástagos que le quedan con vida, tres han regresado ya, y lo otros tres tenían pensado hacerlo a finales de 2008.