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Comienza el Año Internacional de las Fibras Naturales

2009 dedicado a las fibras procedentes de animales y vegetales

Photo: ©AFP PHOTO/Jaime Razuri
Campesinos de Pasco, en los Andes centrales, con sus alpacas en Lima

22 de enero de 2009, Roma - La FAO lanzó oficialmente hoy el Año Internacional de las Fibras Naturales (AINF) 2009 para celebrar las virtudes del algodón, el lino, el sisal y el cáñamo, pero también de la lana, la alpaca, el pelo de camello y la angora. Y, ¿por qué no?, también del tejido de Cachemira.

El AIFN sigue al AIP (Año Internacional de la Papa), mientras que 2004 fue el Año Internacional del Arroz y 2002 fue el de las Montañas. Todos estos eventos fueron coordinados por la FAO a petición de la Asamblea General de la ONU para concienciar a la población y promover la importancia de recursos naturales cercanos a los que a menudo no se presta atención suficiente.

En la ceremonia de lanzamiento del Año Internacional de las Fibras Naturales, Hafez Ghanem, Director General Adjunto de la FAO al frente del Departamento de Desarrollo Económico y Social, afirmó que la producción de fibras animales y vegetales es un sector agrícola de gran importancia, cuyo valor para los agricultores a nivel mundial asciende a unos 40 000 millones de dólares EE.UU. al año.

Las fibras pueden representar en algunos casos hasta el 50 por ciento de las exportaciones de un país en desarrollo. "Los ingresos -señaló- y la seguridad alimentaria de los agricultores y procesadores de estos países dependen de las ganancias por las ventas y exportaciones de estas fibras naturales".

Rey algodón

Cada año se cultivan unos 30 millones de toneladas de fibras naturales de plantas y animales en todo el mundo, desde China (algodón, lana, cáñamo, sisal, ramio, seda, etc) hasta los Andes (alpaca). El cultivo principal es el algodón, con una producción anual de unos 25 millones de toneladas, mientras que la de lana asciende a unos 2,2 millones de toneladas al año procedentes de casi 100 países, cerca de una cuarta parte de Australia.

En términos de volumen, el yute, procedente del líber -película entre la corteza y la madera del árbol- de la planta Corchorus, es el segundo mayor cultivo de fibras del mundo (entre 2,3 y 2,8 millones de toneladas) pero en comparación con la lana su valor es mucho menor. Los principales productores son India y Bangladesh.

El sisal, el henequén y otras fibras duras similares se producen a partir de una hoja del Agave, principalmente en África, América Latina y China. El bonote, la fibra procedente de la cáscara del coco, se utiliza en tapicerías y colchones aunque está encontrando nuevos usos en geotejidos y materiales compuestos.

Salchichas y billetes

El abacá, procedente del pedúnculo de una planta muy cercana a la banana, se produce casi por completo en Filipinas y Ecuador y, aunque tradicionalmente se ha utilizado para la fabricación de cuerdas, actualmente se machaca en una pasta para elaborar diversos papeles especiales, envoltorios de salchichas, bolsas de té, filtros de café y billetes de banco.

Aunque en su día tuvieron una enorme importancia económica -el nacimiento de Inglaterra como potencia mundial se basó en la lana y los tejidos, mientras que la seda desempeñó durante siglos un papel fundamental en el comercio internacional-, las fibras naturales se han visto sustituidas progresivamente por los materiales sintéticos.

El principal objetivo del Año Internacional de las Fibras Naturales es resaltar la importancia de estas fibras y destacar su valor para los consumidores, al tiempo que se ayuda a mantener los ingresos de los agricultores.

La celebración del AIFN incluirá conferencias, exposiciones, y desfiles de moda en muchos países, incluyendo una Cumbre Internacional del Mohair en Sudáfrica y un Festival de Fibras Creativas en South Canterbury, Nueva Zelanda.

La FAO necesita financiación para coordinar las actividades y ayudar a las organizaciones asociadas en todo el mundo y está haciendo un llamamiento a los países miembros y a las industrias naturales para que contribuyan a la causa. El Año Internacional de la Papa fue posible gracias a las donaciones, que alcanzaron la suma de 800 000 dólares EE.UU..