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Biodiversidad agrícola: utilizarla para que no se pierda

La FAO lanza el segundo informe del estado de los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura en el mundo

Foto: ©FAO/Walter Astrada
Los campesinos pobres necesitan acceso a semillas mejoradas

26 de octubre de 2010, Roma - La diversidad genética de las plantas que cultivamos y nos sirven de alimento y sus "parientes silvestres" podría perderse para siempre, amenazando la seguridad alimentaria en el futuro, a menos que se redoblen los esfuerzos, no sólo para conservarlas sino también por utilizarlas, en especial en los países en desarrollo.

Este es uno de los mensajes clave incluidos en el Segundo Informe del estado de los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura en el mundo, que fue lanzado hoy por la FAO.

El informe de 350 páginas, que cubre todo tipo de aspectos, desde la compilación de bancos de genes a los efectos del cambio climático sobre la diversidad agrícola, supone un chequeo completo sobre las iniciativas para proteger la biodiversidad en la alimentación y la agricultura.

La pérdida de biodiversidad tendrá un gran impacto en la capacidad de la humanidad para alimentarse en el futuro, los 9 000 millones de personas que seremos en 2050, con los más pobres del mundo entre los más afectados. El cambio climático y la creciente inseguridad alimentaría son grandes desafíos para los sistemas agrícolas del mundo, desafíos que no pueden afrontarse sin la recolección, preservación y uso sostenible de los recursos fitogenéticos.

Cambio climático

La información genética que albergan determinados cultivos es crucial para el desarrollo de nuevas variedades de crecimiento rápido, elevado rendimiento y resistentes al calor, la sequía, salinidad y las plagas y las enfermedades. Estas variedades son necesarias para combatir la inseguridad alimentaria debida al cambio climático.

"Incrementar el uso sostenible de la diversidad vegetal podría ser la clave para hacer frente a las dificultades de los recursos genéticos en la agricultura", indicó el Director General de la FAO, Jacques Diouf. "Existen -añadió- miles de variedades silvestres de cultivos que deben ser recolectadas, estudiadas y documentadas porque esconden secretos genéticos que les permiten resistir al calor, la sequía, la salinidad, las inundaciones y las plagas.

El cincuenta por ciento del incremento en el rendimiento de los cultivos en años recientes se deriva de las nuevas variedades de semillas. El riego y los fertilizantes son responsables del restante 50 por ciento. Un buen ejemplo reciente es la variedad de arroz de maduración rápida NERICA (acrónimo del inglés New Rice for Africa, ndr), que ha transformado las economías locales en diversas partes de África.

Sobre el terreno

Es necesario hacer más, en especial al nivel de las granjas para generar interés local y crear capacidad para conservar y utilizar la biodiversidad genética que todavía existe.

Han pasado doce años desde que se publicó el Primer Informe del estado de los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura en el mundo, y durante este tiempo el panorama alimentario a nivel mundial ha cambiado en forma drástica.

El hambre se ha reducido en algunos países, pero ha aumentado en otros. Los precios del combustible y de los alimentos se han incrementado en forma notable. La globalización se ha extendido y profundizado, y las importaciones de alimentos baratos en algunos países amenazan la riqueza de la diversidad local.

Aunque el informe no intenta cuantificar la pérdida de biodiversidad, la evidencia empírica apunta a una continua extinción de la biodiversidad agrícola que reduce la diversidad de los cultivos alimentarios tradicionales que han sobrevivido durante el siglo pasado. La FAO calcula que el 75 por ciento de la diversidad agrícola se perdió entre 1900 y 2000.

Salvar las variedades silvestres

Un estudio reciente destacado en El estado de los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura en el mundo predice que entre el 16 y el  22 por ciento de los parientes silvestres de importantes cultivos alimentarios como el cacahuete (maní), papa y fríjoles desaparecerán para 2055 a causa del cambio climático.

Tan solo cinco variedades de arroz suministran hoy el 95 por ciento del total de la cosecha en los principales países arroceros.

Crecen los bancos de genes

En un tono más positivo, el informe señala que durante los últimos doce años se ha producido un incremento en la concienciación sobre la importancia de proteger y utilizar la diversidad genética de los cultivos agrícolas.

Los bancos de genes han visto aumentar su número y tamaño. Existen hoy cerca de 1 750 bancos de genes en todo el mundo, con cerca de 130 de ellos conteniendo más de 10 000 adquisiciones. En 2008 se inauguró en Noruega la gran reserva de la diversidad agrícola mundial, el Depósito Mundial de Semillas de Svalbald.

Del total de 7,4 millones de muestras conservadas en el mundo, los bancos de genes de los gobiernos nacionales conservan 6,6 millones, un 45 por ciento de las cuales se encuentra en tan solo siete países, frente a los doce países que había en 1996.  

Este aumento en la concentración de la diversidad genética recolectada y conservada en un menor número de países y centros de investigación pone de relieve la importancia de contar con mecanismos que garanticen el acceso tal y como ofrece el Tratado sobre los Recursos Filogenéticos para la Agricultura y la Alimentación, promovido por la FAO. El Tratado, que ya ha sido ratificado por 125 países, establece un marco para compensar a los campesinos pobres por la preservación de las diferentes variedades genéticas de cultivos.

Descuidar las inversiones

El descuido de las inversiones en la agricultura desde 1980 ha llevado de forma inevitable a una escasez de científicos agrícolas cualificados, incluyendo los fitomejoradores, en especial en los países en desarrollo. La gente joven, ante la falta de incentivos, se vuelve hacia actividades que ofrezcan un beneficio más inmediato, según el informe.

En los últimos doce años se han realizado enormes progresos en biotecnología y las tecnologías de la información, cuyos beneficios han de ampliarse para mejorar el uso de la agrobiodiversidad con el objetivo final de mejorar la seguridad alimentaria.

Muchos sistemas de semillas, el mercado o mecanismo mediante el cual se reproducen, ensayan y distribuyen las semillas de calidad, se han hundido. En el mundo desarrollado, el sector de las semillas es lo suficientemente rentable como para hacerlo un negocio viable. Por desgracia, este no es el caso en los países pobres, en donde los entes públicos luchan para garantizar semillas adecuadas para todos los campesinos y que tengan acceso a las nuevas variedades.

Un uso más amplio y mejor de los recursos genéticos y la biodiversidad en los cultivos alimentarios estimularía la conservación. Pero es necesario establecer sistemas adecuados para poner las nuevas variedades en manos de los campesinos a través tanto del sector público como de otros actores.

Las Naciones Unidas han declarado 2010 como Año Internacional de la Biodiversidad.