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Lecciones sobre agricultura “inteligente” con el clima

Un nuevo sitio en Internet de la FAO ofrece ejemplos de todo el mundo para hacer frente al calentamiento global

Foto: ©FAO/Florita Botts
Un campesino utiliza un fertilizante líquido, derivado de la producción de biogás, en un arrozal de Shuangliu, en la provincia china de Sichuan.
4 de noviembre de 2010, Roma – Los campesinos de todo el mundo están adoptando nuevas formas de producir alimentos que ayuden a hacer frente al cambio climático y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de la agricultura, según un nuevo sitio en Internet de la FAO sobre la agricultura “climáticamente inteligente” presentado hoy.

La provincia de Yatenga, en Burkina Faso, está siendo recuperada a través del uso de una versión mejorada de los “hoyos de plantación” tradicionales –denominados zai-. Tierras que antes apenas producían, consiguen ahora rendimientos cinco veces mayores que antes.

En el norte de Camerún, las variedades tradicionales de mijo, sorgo y maíz tenían poca resistencia a la falta de agua, y su producción sufría a menudo a causa de la disminución de las lluvias y la sequía. A partir de 2006, el Instituto nacional de investigación agrícola de Camerún desarrolló variedades mejoradas de estos cultivos, y con la ayuda de empresas de semillas establecidas por la FAO, las hizo llegar a los campos de los agricultores, en donde hoy producen buenos rendimientos a pesar de las condiciones desfavorables.

En Mozambique, los pequeños campesinos reciben dinero por retener carbono a través de la adopción de diversas prácticas agroforestales, y de reducir la deforestación y la degradación de los bosques.

Los agricultores de Viet Nam están siendo animados a utilizar unos “digestores” especiales que transforman los desechos agrícolas en biogás, utilizado para las necesidades cotidianas de cocina y alumbrado, y también para crear un estiércol semilíquido rico en nutrientes destinado a fertilizar los campos.

Y en la isla de Bohol (Filipinas), una mejor infraestructura ha permitido mejorar la gestión del agua y estabilizar la producción de arroz, al tiempo que se han introducido técnicas de cultivo de arroz que utilizan menos agua –aprovechando más el suministro local- y reduciendo la producción de gases de efecto invernadero en los arrozales.
 
“Un cambio hacia una agricultura inteligente con el clima ayuda a avanzar en varios objetivos importantes: no solamente protege a los campesinos de las consecuencias adversas del cambio climático y supone una forma de reducir de forma significativa los gases de efecto invernadero y retener el carbono de la atmósfera, sino que también puede mejorar los rendimientos agrícolas y los ingresos de las familias”, aseguró Alexander Mueller, Director General Adjunto de la FAO para Recursos Naturales.

El ejemplo del arroz

El sector arrocero supone un ejemplo de cómo la agricultura puede adaptarse para hacer frente a los desafíos del cambio climático.

El cultivo de arroz es uno de los pilares de la seguridad alimentaria mundial. Produce un cereal básico que consumen a diario 3 000 millones de personas. Al mismo tiempo, sin embargo, este cultivo supone el segundo mayor emisor de metano, uno de los gases de efecto invernadero (GEI).

El metano se produce de forma natural en los suelos anegados y templados de los arrozales. La investigación han demostrado que estas emisiones se producen principalmente cuando el suelo de los arrozales esta totalmente cubierto de agua. De este modo, cambiar el lapso de tiempo en que se encuentra inundado, drenarlo a mitad de temporada o regarlo tan solo de forma intermitente, pueden ser formas de reducir las emisiones de metano.

De forma similar, mientras que añadir fertilizante orgánico – como el estiércol- a arrozales llenos de agua estimula la producción de metano, utilizarlo cuando el arrozal está seco reduce las emisiones.  

Igualmente, aplicar suplementos de sulfato amónico puede promover la actividad microbiana en el suelo y reducir los metanógenos, microorganismos que viven en la tierra y que producen metano como subproducto metabólico.

Según el informe de la FAO que sirve de base para el nuevo sitio en Internet sobre agricultura inteligente con el clima, además de necesitar el sector arrocero reducir sus emisiones, la producción de arroz se enfrenta a múltiples dificultades debido al cambio climático.

El documento indica que las lluvias erráticas, los periodos más secos entre temporadas de lluvia que pueden dañar a las plantas jóvenes, sequía e inundaciones están afectando ya el rendimiento del arroz y han provocado la aparición de plagas y enfermedades.

El aumento de las temperaturas, especialmente las nocturnas, ha tenido ya su impacto sobre el rendimiento del arroz, provocando pérdidas de entre un 10-20 por ciento en las cosechas en algunos lugares de Asia en el curso de los últimos 25 años, según señalan las últimas investigaciones (leer más).

Muchos gobiernos y campesinos están ya tomando medidas para reducir la vulnerabilidad al cambio climático, ofreciendo valiosas lecciones para futuras estrategias de adaptación, según la FAO.

Se han construido diques para proteger las explotaciones de las inundaciones, y se producen y utilizan nuevas variedades de arroz tolerantes a la sequía y a las inundaciones.

Los campesinos están diversificando la producción, cultivando otros cereales y hortalizas, criando peces y animales, incrementando por tanto sus ingresos, mejorando la nutrición familiar y aumentando la capacidad de resistencia de sus granjas frente a los impactos adversos.

El desarrollo de técnicas avanzadas de utilización de modelos y los esfuerzos para cartografiar el efecto del cambio climático en las regiones arroceras ayuda a reducir la vulnerabilidad de las comunidades, al igual que los esfuerzos para incrementar la disponibilidad y mejorar el acceso a los seguros para las cosechas. 

La FAO continuará actualizando el sitio en Internet sobre la agricultura climáticamente inteligente para destacar ejemplos y estudios de caso adicionales, así como las lecciones aprendidas en todo el mundo.