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Combatir a un exterminador de bananas en África Oriental

Las escuelas de campo de la FAO ayudan ' a los campesinos de Uganda a combatir el marchitamiento y aumentar la producción

©FAO/W. Khoury
Una banana que ya no es comestible a causa de la marchitez
15 de septiembre de 2008, Roma - Un proyecto conjunto de la FAO y el gobierno en Uganda ha ayudado a más de 3 000 agricultores a combatir una enfermedad que amenazaba con acabar con la producción de banana para cocinar, un cultivo básico del que dependen la alimentación e ingresos de 14 millones de ugandeses. No sólo se ha controlado la propagación del marchitamiento bacteriano de la banana (BBW, por sus siglas en inglés) en aquellos distritos en los que se ha puesto en marcha el proyecto, sino que diversos agricultores participantes han doblado o triplicado su producción de esta fruta.

Esta enfermedad (también conocida como mal de Panamá) acaba con los árboles y convierte a sus frutos en no comestibles. No se conoce ninguna variedad de banana que sea inmune y no existe un producto químico efectivo contra la misma, de forma que una vez que aparece puede propagarse como un reguero de pólvora.

El primer brote se detectó en dos distritos de Uganda en 2001. En 2005 se había propagado a otros 31.

La producción de banana cayó en picado -entre un 65 y un 80 por cierto-, y la superficie dedicada a su cultivo disminuyó en un 13 por ciento.

Hace dos años, la FAO y el Ministerio de Agricultura, Industria Animal y Pesca de Uganda empezaron a establecer Escuelas de Campo para Agricultores en cinco distritos piloto en los que la enfermedad era endémica o aparecía en focos limitados. El objetivo era ayudar a los productores locales a adquirir conocimientos prácticos para prevenir su aparición y propagación.

Los resultados han sido notables.

“En ninguno de los distritos en los que se han establecido escuelas de campo, que fueron en su día zonas de primera línea en la lucha contra la enfermedad, se encuentra actualmente la misma”, afirma Wafa Khoury, de la Dirección de Producción y Protección Vegetal de la FAO.

A nivel nacional, los funcionarios de Uganda estiman que actualmente el problema está controlado en más de un 75 por ciento.

Según Khoury, adoptando algunas precauciones básicas, la enfermedad es controlable, pero muchos agricultores simplemente no sabían qué hacer o no estaban convencidos de que tuviera sentido hacer algo.

“A veces hace falta una experiencia práctica, tangible y convincente para atraerles,” afirma, “y es por ello por lo que las escuelas de campo para agricultores han sido tan exitosas”.

Conocimiento del mundo real

Las clases de las escuelas de campo están ligadas al ciclo habitual de producción de la banana, de forma que las lecciones y actividades son prácticas e imparten conocimientos útiles y de inmediata aplicación. Incluyen experimentos sobre el terreno y análisis de ecosistemas agrícolas realizados por los propios agricultores.

Con la ayuda de facilitadores y especialistas agrícolas cualificados, los campesinos aprenden técnicas de plantación y control de plagas que impiden la propagación de la enfermedad. Con materiales disponibles a nivel local se emplean metodologías muy simples y que no implican el uso de productos químicos: utilizar solamente plantones sanos, aplicar ceniza de madera para combatir la enfermedad, o quitar a mano los brotes macho, puertas de entrada para nuevas infecciones, en lugar de cortarlos con cuchillos, ya que esto tiende a propagar las bacterias de un árbol a otro.

Mayores beneficios

Las escuelas de campo no sólo han enseñado a los agricultores a afrontar el problema del marchitamiento, sino que también han abordado otros asuntos relacionados con la gestión del campo como la fertilidad del suelo, la conservación del agua, el saneamiento y la poda. Con estas técnicas, los agricultores afrontaron diversos e importantes problemas de rendimiento que anteriormente no les resultaban tan obvios.

“Esto es la razón por la que los agricultores no sólo han erradicado el marchitamiento en sus distritos, sino que algunos también han duplicado o triplicado su producción,” afirma Khoury.

En muchas de las escuelas de campo, los agricultores recaudaron pequeñas sumas en cada reunión semanal o utilizan parte del beneficio obtenido con la mayor producción para un fondo de microcrédito renovable que utilizan los miembros para mejorar sus granjas.

Ampliando horizontes

El proyecto en los cinco distritos ha sido tan exitoso que el gobierno de Uganda anunció recientemente su intención de utilizar el planteamiento de las escuelas de campo en todo el país como parte de sus servicios de extensión agraria.

Mientras tanto, y aprendiendo de la exitosa experiencia en Uganda, la FAO espera abrir escuelas de campo de bananas en los países vecinos. El marchitamiento bacteriano de la banana también se ha detectado en Tanzania, Etiopía, Ruanda y la República Democrática del Congo.

Contacto:

George Kourous
Oficina de prensa, FAO
george.kourous@fao.org
(+39) 06 570 53168
(+39) 348 141 6802 (móvil)