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Un Planeta: la labor de la FAO relativa a la biodiversidad, Una Salud y el clima

Entrevista a Maria Helena Semedo, Directora General Adjunta de la Organización

13 de enero de 2021, Roma ‒ En su intervención en la Cumbre de Un Planeta, celebrada el 11 de enero de 2021, el Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Sr. QU Dongyu, destacó el palmarés de la Organización, que ha guiado la labor relativa a la biodiversidad en los sectores agrícola y alimentario, y reconoció la importancia de la sostenibilidad del medio ambiente como uno de los factores determinantes de una "Una Salud para todos" a largo plazo. La Cumbre, organizada por el Presidente de Francia, Excmo. Sr. Emmanuel Macron, fue la cuarta de una serie iniciada para dar seguimiento al Acuerdo de París sobre la lucha contra el cambio climático, con el objetivo de que la comunidad internacional sea más ambiciosa en lo relativo a la protección de la naturaleza, respondiendo al mismo tiempo a las nuevas cuestiones que plantea la crisis de la enfermedad por coronavirus (COVID-19).

La Cumbre, este año, se centró en la biodiversidad. Se considera que 2021 es un gran año para la comunidad internacional por lo que respecta a esta cuestión. La FAO ha estado a la vanguardia de los esfuerzos internacionales encaminados a preservar la biodiversidad y proteger nuestro planeta. La Sra. Maria Helena Semedo, Directora General Adjunta de la FAO, explica la labor de la Organización relativa a la biodiversidad y la protección de nuestro planeta, en particular la lucha contra el cambio climático.

¿Por qué la biodiversidad? ¿Y por qué 2021 se considera importante para ella?

La biodiversidad está acusando pérdidas lamentables a manos del hombre. Tanto los sistemas agroalimentarios y prácticas agrícolas insostenibles como la urbanización descontrolada están haciendo una mella terrible en nuestros recursos naturales. A menos que se controle, el ritmo alarmante al que avanza la pérdida de biodiversidad tendrá consecuencias devastadoras para la humanidad y su capacidad para alimentar al mundo.

Por ejemplo, en torno a tres de cada cuatro enfermedades infecciosas emergentes en humanos tienen su origen en animales domésticos o salvajes, y cada vez resulta más evidente que los factores determinantes son la alteración del paisaje y la pérdida de biodiversidad. Hemos visto cómo la COVID-19, una zoonosis que se transmite de los animales a los seres humanos, ha amenazado la salud de las personas y dado un vuelco a la economía mundial, poniendo así en riesgo las vidas, los medios de subsistencia y el bienestar y la seguridad en general en el mundo entero.

La Cumbre de Un Planeta llega en un momento crucial, que marca el inicio de una serie de eventos clave a lo largo de 2021 -especialmente la 26.ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos y la 15.ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Biodiversidad-, en los que todos los actores deben aunar esfuerzos y comprometerse a apuntalar tanto el clima como la naturaleza en el centro de las medidas mundiales de recuperación. Se espera que en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Biodiversidad se apruebe un nuevo Marco mundial de la diversidad biológica posterior a 2020 para los próximos años, con vistas a garantizar que la biodiversidad contribuya a la nutrición, la seguridad alimentaria y los medios de vida de las personas, especialmente las más vulnerables.

Ante una situación cada vez más apremiante de emergencia climática y merma de la biodiversidad, necesitamos ver un cambio de paradigma audaz. Los factores climáticos y medioambientales deben ser parte integrante de los modelos y planes económicos. Pero el compromiso político no es suficiente. Debemos crear asociaciones, alianzas y coaliciones en busca de soluciones ecológicas, de bajas emisiones de carbono. Estas deben ir acompañadas de oportunidades de empleo, innovación y socioeconómicas para todos. Dichas iniciativas son asimismo fundamentales para la consecución de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

¿Cuáles son las prioridades de la FAO en este sentido?

La pandemia de la COVID-19 ha puesto de manifiesto las desigualdades en los sistemas agroalimentarios. La situación no puede continuar así, lo que significa que hemos de replantearnos nuestra relación con la naturaleza, de modo que podamos hacer frente a las enfermedades dondequiera que se manifiesten, en humanos, animales, plantas o el medio ambiente.

Con el mandato general de poner fin al hambre y mitigar la pobreza -sustentado en una visión que aspira a una mejor producción, un mejor consumo, un mejor medio ambiente y una mejor vida-, la FAO promueve la transformación en favor de sistemas agroalimentarios resilientes y sostenibles que fomenten ecosistemas saludables y modelos socioeconómicos inclusivos.

La FAO ayuda a los países tanto a adaptarse al cambio climático como a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de la alimentación y la agricultura mediante la formulación a nivel nacional de planes sobre el clima y programas y proyectos de investigación. El objetivo consiste en adecuar y mejorar la producción de los pequeños productores de manera sostenible para que los medios de vida de las poblaciones rurales sean más resilientes.

La FAO promueve asimismo soluciones basadas en la naturaleza, sistemas de alimentación energéticamente inteligentes y la agricultura climáticamente inteligente con miras a transformar y reorientar la agricultura en favor de la resiliencia al cambio climático y la sostenibilidad.

La FAO considera la biodiversidad como la base de la seguridad alimentaria y promueve su utilización sostenible para dicho fin, el bienestar de los seres humanos y el desarrollo mundial. Alberga la Comisión de Recursos Genéticos para la Alimentación y la Agricultura y el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura. Ambos tienen por objeto alcanzar un consenso internacional sobre las políticas encaminadas a la utilización sostenible y la conservación de los recursos genéticos para la alimentación y la agricultura.

Así pues, esta importante Cumbre constituyó una oportunidad única para que quienes están al mando encaucen la situación hacia un futuro saludable y sostenible, prestando especial atención al modo de demostrar el compromiso y el cambio sobre el terreno. La crisis actual y la necesidad de transformar los sistemas agroalimentarios representan una oportunidad excepcional para no dejar a nadie atrás en nuestros esfuerzos para reconstruir mejor. La transformación de nuestros sistemas agroalimentarios puede transformar nuestro futuro.

¿Qué medidas concretas promueve la FAO?

Sabemos que el paisaje cambia -con carácter permanente, debido a la deforestación, el cambio de uso de la tierra o la urbanización, y temporal, por causa de las inundaciones o sequías-. Estos constituyen los principales factores del (re)surgimiento de diversas enfermedades zoonóticas, como la malaria, el dengue, el ébola y la enfermedad de Lyme.

Asimismo, la degradación de la tierra y los ecosistemas marinos atenta contra el bienestar de más de 3 000 millones de personas y representa sobre un 10 % del producto interno bruto mundial anual como consecuencia de la pérdida de especies y servicios de los ecosistemas. Según se desvela en el informe sobre El estado de la biodiversidad para la alimentación y la agricultura en el mundo de la FAO de 2019, están disminuyendo a un ritmo acelerado ecosistemas clave que prestan numerosos servicios esenciales para la alimentación y la agricultura, en particular el abastecimiento de agua dulce, la protección contra peligros y el suministro de hábitat para especies como los peces y los polinizadores.

A fin de revertir la situación, hemos de restaurar nuestros bosques, tierras agrícolas, pastos, humedales y medios marinos -no solo para detener la erosión de la biodiversidad, sino también para luchar contra el cambio climático. De este modo, la labor de la FAO relativa a la biodiversidad tiene por objeto ayudar a los países a encontrar un equilibrio respecto de la necesidad de garantizar la seguridad alimentaria, mejorar la nutrición y salvaguardar los medios de vida de las personas pobres, especialmente en las zonas rurales, previniendo a un tiempo la degradación, contaminación y pérdida de los recursos naturales.

El Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas (2021-2031), liderado por la FAO y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), constituye un llamamiento mundial para fomentar la restauración a gran escala con miras a proteger y recuperar ecosistemas en todo el mundo, desde bosques de montaña hasta lagos y áreas costeras. La investigación revela que más de 2 000 millones de hectáreas de los territorios deforestados y degradados del mundo podrían restaurarse. Mediante la restauración de los ecosistemas degradados, no solo restauramos la productividad y mejoramos la biodiversidad; también creamos puestos de trabajo y medios de vida, aumentamos la seguridad alimentaria y nos adaptamos al cambio climático y mitigamos sus efectos.

La FAO viene trabajando con los países desde hace decenios para ampliar las inversiones en el clima y la biodiversidad en favor de los sectores agrícolas, aprovechando su asociación con el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM) y, más recientemente, con el Fondo Verde para el Clima (FVC), a fin de fomentar vías de desarrollo resilientes al clima.

La cartera de proyectos de la FAO y el FMAM, cuyo valor ascendía a más de 250 millones de USD en 2020, abarca una amplia gama de actividades de la FAO y actúa como vehículo para culminar los esfuerzos transversales encaminados a liberar el potencial de las cadenas de suministro alimentario mediante la utilización sostenible de los recursos naturales y las prácticas "climáticamente inteligentes". Hasta la fecha, los proyectos han beneficiado a casi 5 millones de personas, creado 350 000 empleos en las comunidades rurales, salvaguardado la biodiversidad de casi 200 ecosistemas marinos vulnerables y salvado de la extinción a unas 1 000 variedades de cultivos, especies animales y razas.

En calidad de entidad acreditada ante el FVC, el fondo más específico del mundo para la acción por el clima, la FAO utiliza su vasta experiencia y conocimientos técnicos para movilizar grandes flujos de financiación relacionada con el cambio climático a fin de ayudar a adaptarse a sus efectos, y a su mitigación. Con ayuda de proyectos por valor de 796,2 millones de USD el año pasado, la FAO trabaja en todo el mundo, llevando a cabo actividades que abarcan desde la lucha contra la deforestación en la Argentina hasta la restauración de terrenos de pasto en el Sudán, para facilitar la transición hacia sistemas alimentarios sostenibles de bajas emisiones mediante enfoques, prácticas y técnicas "climáticamente inteligentes" que preserven el medio ambiente y la biodiversidad y, al mismo tiempo, ayuden a desarrollar la resiliencia de millones de agricultores familiares con escasos recursos económicos.

Ha mencionado el vínculo entre la pérdida de biodiversidad y el surgimiento de nuevas enfermedades. ¿Qué podemos hacer al respecto?

Necesitamos conocer mejor las causas por las que se originan las enfermedades zoonóticas a fin de prevenir futuros brotes y facilitar una recuperación ecológica. El simple contagio de un animal a un ser humano puede desencadenar una pandemia mundial. Esto significa que hemos de trabajar en múltiples frentes para reducir la probabilidad de contagios a través de posibles agentes pandémicos a cada paso.

La integración de la salud de los ecosistemas en la salud humana, del ganado y los animales salvajes resulta esencial. Este es el camino para la mitigación de futuras pandemias. Debemos promover un enfoque ecosistémico que preserve la biodiversidad, desarrolle la resiliencia y conduzca a sistemas alimentarios sostenibles. Ahora bien, encajar todas esas piezas no es tarea fácil y exige una gran colaboración y coordinación a todos los niveles.

La necesidad de vigilancia integrada en las poblaciones de seres humanos y animales salvajes y de cría surge como una nueva prioridad para evaluar y gestionar los riesgos. Una mayor previsión de dónde, cuándo y cómo van a producirse los contagios permitirá centrarse más en los esfuerzos de prevención en las comunidades que probablemente se vean afectadas primero. Y debemos ayudar a los pueblos indígenas a garantizar y ejercer sus derechos territoriales, con miras a la gestión sostenible de los recursos silvestres de los que dependen para alimentarse, obtener ingresos y preservar su identidad cultural.

En consecuencia, la FAO está trabajando en primera línea para combatir y lidiar con las enfermedades infecciosas emergentes en la interfaz entre los animales, el ser humano y el medio ambiente, en particular evaluando y respondiendo a sus posibles repercusiones en las vidas y medios de subsistencia de las personas, la salud pública veterinaria y la seguridad ocupacional, el comercio mundial de alimentos, los mercados, las cadenas de suministro alimentario y la sanidad animal.

El Director General y muchos líderes hablaron en la Cumbre sobre el enfoque "Una salud". ¿En qué consiste y por qué este enfoque?

Realmente necesitamos adoptar, impulsar y potenciar Una Salud, un enfoque integrado que reconoce la interrelación fundamental que existe entre la salud de las personas, los animales, las plantas y el medio ambiente. Con él se vela por que los especialistas en múltiples sectores trabajen codo a codo para combatir las consiguientes amenazas para la salud, protegiendo al mismo tiempo la biodiversidad.

El enfoque "Una salud" debería ser una estrategia fundamental para prevenir otras pandemias zoonóticas, proporcionando a un tiempo la resiliencia a largo plazo, los sistemas agroalimentarios sostenibles y los entornos saludables que necesitamos para encarrilar, replantear y reconstruir mejor nuestro futuro.

La FAO, que colabora estrechamente con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), promueve Una Salud en la labor relativa a la seguridad alimentaria, la agricultura sostenible, la inocuidad alimentaria, la resistencia a los antimicrobianos, la nutrición, la salud animal y vegetal, la pesca y los medios de vida. En aras de progresar, resulta esencial la aplicación del enfoque "Una salud", con miras a anticipar, prevenir, detectar y controlar las enfermedades que se transmiten entre animales y seres humanos, combatir la resistencia a los antimicrobianos, garantizar la inocuidad de los alimentos, evitar los riesgos para la salud animal y humana asociados con el medio ambiente, así como afrontar muchos otros desafíos.

Photo: ©FAO/Benedicte Kurzen Noor
Un grupo de mujeres en una reserva natural administrada por una comunidad en Kholy-Alpha, Senegal, uno de los proyectos más importantes de la FAO para la Gran Muralla Verde.