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El gigante dormido de África

400 millones de hectáreas de la sabana de Guinea aptas para la agricultura comercial

Photo: ©FAO
África puede competir a nivel mundial en productos básicos como arroz y algodón
 22 de junio de 2009, Roma - Una amplia franja de la sabana africana, que se extiende a lo largo de 25 países, tiene el potencial de convertir a varias naciones del continente en protagonistas mundiales en la producción de productos básicos agrícolas, según un estudio recién publicado por la FAO y el Banco Mundial.

El informe, denominado Awakening Africa’s Sleeping Giant - Prospects for Commercial Agriculture in the Guinea Savannah Zone and Beyond (Despertar al gigante dormido de África: perspectivas para la agricultura comercial en la sabana de Guinea y más allá), llega a conclusiones esperanzadoras al comparar esta región con el noreste de Tailandia y la región del Cerrado en Brasil. 

En la actualidad, tan solo está explotado el 10 por ciento de la sabana de Guinea, ecosistema que abarca una amplia zona de 600 millones de hectáreas desde Senegal a Sudáfrica, con 400 millones de hectáreas aptas para el cultivo.

Dificultades sobre el terreno

La región brasileña del Cerrado y el noreste de Tailandia, al igual que la sabana de Guinea, tienen dificultades a nivel geográfico: lluvias abundantes pero irregulares, suelos de escasa calidad, y una alta densidad demográfica, en el caso de Tailandia, y suelos con tendencia a la acidez y toxicidad y población escasa en el Cerrado.

En ambos países, los sucesivos gobiernos han creado las condiciones para el crecimiento agrícola "caracterizado por las políticas macroeconómicas favorables, infraestructuras adecuadas, una sólida base de capital humano, administración gubernamental competente y estabilidad política", según el estudio.

Además, África se encuentra hoy mejor situada para lograr un rápido desarrollo de su agricultura que el noroeste de Tailandia o el Cerrado, cuya transformación agrícola despegó en 1980, defienden los expertos.

Existen una serie de razones para ello: un rápido crecimiento económico, demográfico y urbano que ofrece mercados domésticos amplios y diversos, un contexto político favorable a nivel nacional, un clima de negocios adecuado en muchos países, un incremento de inversiones extranjeras y domésticas en agricultura y el uso de nuevas tecnologías.

Los pequeños campesinos crecen

Si se quiere que el desarrollo sea equitativo y evitar conflictos sociales, la transformación agrícola liderada por los pequeños campesinos, como la acaecida en Tailandia, es un modelo mejor que el ocurrido en Brasil, en donde existían grandes explotaciones en manos de ricos propietarios, señala el estudio.

"La agricultura comercial en África puede y debe involucrar a los pequeños campesinos para maximizar el crecimiento y extender sus beneficios", señala Michael Morris, economista agrario principal del Banco Mundial en Madagascar. "La producción mecanizada a gran escala -añade- no ofrece ninguna ventaja evidente a nivel de costes, excepto en algunas condiciones muy específicas y es mucho más probable que conduzca a conflictos sociales".

La experiencia de Tailandia y Brasil enseña que cuando se involucra a los pequeños agricultores en el desarrollo, la reducción de la pobreza es mayor y se estimula la demanda a nivel local. En caso de cultivos básicos de escaso valor, no es probable que las familias con escasez de tierras que cultivan una o dos hectáreas -o menos- sean capaces de obtener ingresos suficientes para salir de la pobreza. Los modelos emergentes de agricultura comercial en la sabana de Guinea deben proporcionar por lo tanto diversificación de oportunidades para estos productores, defienden los autores de la publicación.

Costes medioambientales

Cambiar el uso de la tierra en la sabana de Guinea para dedicarla a la agricultura tendrá de forma inevitable algún coste medioambiental, según el informe, pero la agricultura también puede beneficiar al medio ambiente.

"La comercialización de la agricultura a través de la intensificación puede reducir el daño medioambiental, ralentizando la extensión de la agricultura a tierras frágiles o de elevado valor medioambiental", asegura Morris.  

"Sin embargo, la intensificación conlleva el riesgo de daño medioambiental por medio de la destrucción de ecosistemas vulnerables y un uso excesivo de fertilizantes y pesticidas. A medida que se produce la intensificación de la agricultura, los gobiernos deben poner atención para controlar el impacto medioambiental e implementar medidas para reducir o evitar el daño. Por fortuna, se cuenta con una amplia experiencia en otros países de la que echar mano", indica Guy Evers, Jefe del Servicio de África en el Centro de Inversiones de la FAO.

La publicación es una versión abreviada de un estudio más amplio realizado por miembros del Banco Mundial con el asesoramiento técnico de expertos de la FAO y financiación de Italia.