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Proporcionar aperos para reconstruir vidas
Los agricultores que regresan a la comunidad desgarrada por el conflicto reanudan la producción con la ayuda de la FAO
29 de octubre de 2004, Kilinochchi, Sri Lanka - La población de este distrito del noreste de Sri Lanka ha pasado tiempos difíciles. Tras años de exilio o desplazamiento en el interior del país debido al conflicto armado que hubo en esa zona, muchas personas regresaron a sus tierras en 2002 y afrontaron la perspectiva de empezar desde cero.

Gracias al Programa de socorro de urgencia y rehabilitación de la FAO, más de 5 000 familias de la zona han recibido semillas, fertilizantes, aperos y capacitación para reanudar la producción agrícola.

Empezar de nuevo

"Antes de irnos de nuestra granja en 1996 teníamos una vaca, 12 pollos y cuatro cabras. También teníamos 47 cocoteros y un mango", relata Multeah Nadesan, de 52 años y padre de cinco hijos. "Al volver, en 2002, no había nada: ni casa, ni animales y casi ninguno de los árboles. Sólo quedaban siete cocoteros y el mango. Ahora vivimos en una choza, pero espero que algún día tengamos de nuevo una casa."

Nadesan recibió semillas y aperos a través de un proyecto de la FAO.

"Recibí de la FAO dos bushels (alrededor de 21 kilogramos) de semillas de maíz y fertilizantes, así como un azadón y un machete. Sin esta ayuda, no se cómo hubiera podido comenzar de nuevo cuando regresamos. Desafortunadamente hubo sequía y se perdió una gran parte de las semillas que recibí. Pero logré rescatar una parte del cultivo para obtener las semillas que ahora están creciendo en las tierras."

Toda la gente de esta aldea huyó durante la peor parte del conflicto, algunos se fueron a vivir con amigos o con parientes en otras zonas más seguras, y otros a campamentos para refugiados. Todos narran una historia parecida. Antes del conflicto mantenían a sus familias con su actividad agrícola. Cuando terminó el conflicto, regresaron y encontraron sus granjas destruidas, y ha sido difícil comenzar de nuevo.

Capacitación para refrescar los conocimientos

En una aldea cercana, Varathalingam Jeyanthi, de 32 años, recibió semillas de arroz cuando regresó, después de pasar seis años en un campamento para refugiados.

"Cuando regresamos, después del cese al fuego, nuestra casa estaba por completo dañada. No quedaba ninguno de nuestros animales. Antes teníamos cinco cabras, 15 pollos y 12 vacas. Ahora vivo con mi esposo y nuestros siete hijos en una pequeña choza de barro y no tenemos animales", explica Jeyanthi.

"A través de la ayuda de la FAO recibimos dos bushels de semillas de arroz y fertilizante, además de un azadón y un machete. Con los aperos pudimos limpiar las tierras, que no se habían cultivado desde hacía muchos años, y empezar a cultivar arroz de nuevo", añade.

En los años en que estuvo lejos de la granja, Jeyanthi no desempeñó tareas agrícolas en absoluto. Al regresar, se sentía un poco fuera de práctica.

"Cuando recibimos los aperos y las semillas, la extensionista agrícola llegó a la aldea. Eso fue muy bueno porque se me habían olvidado muchas cosas durante los años que estuve fuera. Algunas de las cosas que nos enseñó la extensionista ya las sabía, pero aprendí muchas otras nuevas", refiere.

La granja todavía no produce lo suficiente para mantener a su numerosa familia.

"Mi esposo trabaja eliminando minas terrestres, lo que nos proporciona algunos ingresos extras para comprar otros alimentos, como fruta y hortalizas", explica.

Costo bajo en comparación con los beneficios

La mayoría de los campesinos que están regresando no han tenido medios de subsistencia propios desde hace más de 10 años. Con una pequeña aportación de la FAO, los agricultores pueden volver a ser autosuficientes.

Hilde Niggemann, Oficial de operaciones de emergencia y rehabilitación de la FAO, hace hincapié en que una ventaja de este tipo de asistencia es el bajo costo por hogar respecto a los beneficios producidos.

"El programa de la FAO estimula la propia producción agrícola de las familias y cuesta menos que proporcionar una cantidad equivalente de alimentos. El proyecto se propone fortalecer los medios de subsistencia y regenerar la economía de estas comunidades. A fin de cuentas, esto será en provecho del proceso de paz", señala.

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Contacto:

Maria Kruse
Oficial de información, FAO
maria.kruse@fao.org
(+39) 06 570 56524

FAO/M. Kruse

Multeah Nadesan utiliza el azadón que le dio la FAO. "Este azadón ha sido fabricado aquí, en Kilinochchi, y es de muy buena calidad", afirma.

FAO/M. Kruse

"Fue muy positivo que nos dieran capacitación al entregarnos las semillas y los aperos", explica Varathalingam Jeyanthi, que aparece aquí con su familia.

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