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Reconstruir con la vista puesta en el futuro
Un mejor riego y reservas de semillas ofrecen una perspectiva prometedora en Haití
La Branle, Haití – Si hay una comunidad al borde del abismo, es este pueblo colgado en lo alto de un valle pedregoso al norte de Haití. Deforestadas y despojadas de su capa superficial, las laderas circundantes parecen toboganes gigantes para las fuertes lluvias. El río, abajo, se desborda con asombrosa velocidad.

"Las lluvias de 2004 se lo llevaron todo: personas y animales. Sufrimos mucho. No recibimos ayuda alimentaria y como las carreteras quedaron cortadas, tuvimos que salir a pie y traer los alimentos cargándolos en la cabeza", relata Acefie Pierre, una viuda con cuatro hijos. "La próxima vez será peor. Estamos muy cansados y la última vez nos endeudamos porque las inundaciones se habían llevado toda la mercancía que vendemos en el mercado para obtener ingresos extras, y tuvimos que comprar más."

Con apoyo de los donantes la FAO ayudó a las aldeas de toda la región de Gonaïves. Le Branle recibió 6 000 cabras y 12 000 pollos. Río abajo, soportando temperaturas de 40ºC, los aldeanos transportan toneladas de piedra para reconstruir un sistema de riego. En otro valle cercano, los aldeanos más pobres pidieron y recibieron plataformas de concreto para secar los cultivos. Los aldeanos en condiciones algo mejores participaron en un proyecto más exigente de multiplicación de semillas.

Organizarse

Pero incluso durante las actividades de emergencia ha habido tiempo para las de desarrollo.

En Bassin Magnan, los habitantes se quejan de que el gobierno cobraba un impuesto sobre el riego sin dar nada a cambio, ya sea en forma de materiales o de mantenimiento. Terminaron formando un grupo de usuarios para hacerse cargo ellos mismos del sistema. Posteriormente, las inundaciones de 2004 destruyeron las entradas del sistema de riego a orillas del río.

Cuando llegó la FAO para financiar equipos de trabajo destinados a reparar el sistema de riego, corrió también con los gastos de reforzamiento del lecho del río y las orillas próximas a las aldeas, a fin de reducir al mínimo los daños en futuras riadas. El proyecto capacitó a la población para que el grupo de usuarios del agua fuera democrático y eficaz.

"La FAO nos ha enseñado a administrar el agua, a organizar reuniones y a elaborar un reglamento acorde con nuestra situación", informa Sebastien François, presidente del grupo de usuarios, que cuenta con 650 miembros. "Después de las inundaciones la producción se interrumpió casi por completo, pero ya se está recuperando e incluso estamos comerciando en semillas con otras regiones. Estamos recibiendo ayuda para reparar este canal, pero hay otros siete para los que también necesitamos ayuda."

Raymonde Etienne, presidenta del grupo de mujeres de la aldea, destaca la importancia del riego para el distrito. "Si no llueve, disminuye la producción y hay hambre en la zona. Fue importante reanudar las actividades agrícolas lo antes posible después de las inundaciones. Es lo único que tenemos."

Reforestación

Al final de cada conversación sobre prevención de desastres en Haití, siempre sale el tema de la reforestación. Las montañas boscosas absorben la lluvia, pero cuando no hay árboles no la retienen. Sólo el tres por ciento de la superficie del país conserva sus bosques. Sin embargo, los funcionarios haitianos se escudan en que es inútil plantar árboles porque la gente pobre los corta para hacer carbón, necesario como combustible o para venderlo y comprar alimentos.

La FAO ha obtenido resultados prometedores con un proyecto de ordenación de cuencas hidrográficas en el norte de Haití, que integra plantación de árboles, mejores sistemas de cultivo y prácticas pecuarias en un paquete agrícola que incrementa los ingresos de los agricultores y hace participar a los miembros de la comunidad en la protección del medio ambiente.

Este enfoque fortalece las organizaciones de agricultores y promueve una mayor participación de los mismos en el gobierno local, lo que les permite influir en los asuntos locales y confiar en que pueden mejorar su vida. Canadá apoya este proyecto.

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Les Cayes, Haití –Si hay algo que puede simbolizar la esperanza, son las semillas de frijoles que cubren el suelo del cobertizo donde se reúne la asociación de campesinos: se están elaborando con vistas a formar la primera reserva de semillas para después de desastres.

Los agricultores por lo general conservan una parte de la cosecha de frijoles o de cereales del año para usarla como semillas en la siguiente campaña agrícola. Cuando las inundaciones o la sequía arrasan los cultivos, también se llevan las semillas para la siguiente temporada; por ello es necesario tener una reserva.

Con el apoyo de Francia, la FAO ha colaborado estrechamente con el Ministerio de Agricultura para hallar una semilla de frijol de rápido crecimiento y resistente a las enfermedades, denominado "ligero", que ha importado posteriormente de Guatemala.

"Se trata de un logro de la FAO y Haití −señala Emmanuel Prophete, un agrónomo del ministerio, experto en semillas−. Probamos estos frijoles, la FAO confió en nosotros y compró 10 toneladas de semillas. Actualmente las están multiplicando, junto con las semillas de frijoles locales. Ahora necesitamos un lugar fresco en las montañas donde almacenarlas. Espero que se cree un sistema descentralizado en el cual los agricultores de cada departamento produzcan semillas de calidad para su propio departamento, y luego reserven una parte para las posibles emergencias."

En el cobertizo de la asociación de campesinos, Viviane Louis, agricultora de 37 años, hace una pausa durante la separación de las semillas buenas de las malas acumuladas en el suelo. Le gusta mucho el frijol ligero. "Sembré dos marmitas de ligero y coseché 45 marmitas, lo cual es estupendo. Y tienen buen sabor."

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