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El sur de Filipinas sale de la guerra
De las armas al arado con ayuda de la FAO y Japón
Bunao, Isla de Mindanao, Filipinas – Numerosos ex rebeldes que depusieron las armas y hoy se dedican a la agricultura prosperan gracias a una ayuda acertada y oportuna. Su éxito no sólo se debe a su empeño, sino también a la buena coordinación de la ayuda aportada por las organizaciones de las Naciones Unidas y a una financiación bien dirigida de los países donantes, como Japón.

"Cuando regresamos a la aldea pasamos hambre. Algunas personas estuvieron varios días sin comer, sólo tenían bananos", recuerda Arsad Landasan, ex jefe de los rebeldes y hoy presidente de la cooperativa agrícola de la comunidad. "Al principio la gente vivía en chozas, sus casas habían quedado destruidas. Yo tuve que vivir en una barraca de hojas de palma."

Bunao fue una de las primeras aldeas en ser designada "comunidad de paz y desarrollo", bajo el acuerdo de paz de 1996 que puso fin a tres décadas de guerra entre el Gobierno filipino y el Frente Moro de Liberación Nacional, un movimiento armado musulmán independentista. Si bien algunos grupos rebeldes disidentes siguen combatiendo en otras partes de Mindanao -una isla del tamaño de Corea del Sur-, Bunao es hoy un oasis de paz.

La resurrección de Bunao

Japón presta ayuda bilateral y multilateral a Filipinas. La ayuda bilateral, o directa, se dirige a mejorar el cultivo y la irrigación del arroz. La ayuda multilateral, a través de organizaciones internacionales como la FAO, se canaliza a la prevención contra la gripe aviar, el socorro en casos de emergencia y hacia actividades de restablecimiento. Además, a través del Programa Mundial de Alimentos, colabora en la entrega de ayuda alimentaria a familias vulnerables. Japón ha manifiestado su intención de apoyar el proceso de paz en Mindanao, lo que significa trabajar en las zonas rurales.

"Hacemos énfasis en el desarrollo rural porque la mayoría de los pobres viven en zonas rurales", explica Mitsuhiro Ito, Primer Secretario de Agricultura de la Embajada del Japón en Manila. "En concreto, tratamos de hacer más productiva la agricultura."

¿Por qué Japón canaliza 1,8 millones de dólares EE.UU. a través de la FAO para un proyecto de rehabilitación agrícola de emergencia para 7 000 beneficiarios en aldeas como Bunao?.

"Sabemos que la FAO es el organismo especializado en seguridad alimentaria y que es eficaz en la ejecución de este tipo de proyectos en zonas de conflicto −responde Ito−. La FAO presta apoyo a este país desde hace muchos años [desde 1957] y tiene numerosos asociados en Mindanao, por ejemplo ONG locales y los representantes del gobierno en la zona”.

Una mano amiga

Bunao es una de las 112 comunidades que reciben ayuda del proyecto financiado por Japón, y tiene la suerte de estar situada cerca de una carretera y junto a terrenos aptos para la producción de yuca, según descubrieron recientemente los miembros de la cooperativa local. La elaboración del tubérculo de la yuca en hojuelas para piensos, en vez de venderla entera, casi cuadruplica su valor. Pero se requieren seis personas y un mes de trabajo para cortar a mano 60 toneladas de yuca, el producto de una hectárea de cultivo. El proyecto entregó a la cooperativa una máquina con motor para producir las hojuelas.

A la vez, Habitat, el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, proporcionó hipotecas a bajo costo a fin de que algunos de los ex combatientes construyeran casas de bloques de cemento. Y cuando un representante de la Embajada de Nueva Zelandia visitó la zona en una misión investigativa, el jefe de la cooperativa, Landasan, tuvo la presencia de ánimo suficiente para explicar al funcionario que el grupo necesitaba un vehículo para transportar la yuca al molino. Una vez investigada la trayectoria de la cooperativa, Nueva Zelandia donó un camión de cinco toneladas.

Saliendo de la pobreza

La próxima mejora, también aportada por el proyecto de la FAO y Japón, es una plataforma de secado para las hojuelas de yuca, situada en un terreno donado a la cooperativa por un miembro de la comunidad. La cooperativa negoció recientemente el arrendamiento de 50 hectáreas para la producción de yuca. La nueva máquina que produce las hojuelas puede procesar sin dificultad las 3 000 toneladas de raíces que los miembros prevén obtener. Y el molino productor de piensos, que abastece a un sector pecuario en pleno auge, comprará toda la producción.

Si todo funciona bien ¿distribuirá la cooperativa todas las ganancias entre sus miembros?. En absoluto, explica Landasan: "Estamos pensando en ayudar a otras familias musulmanas de la zona a mejorar sus casas. De nuestros miembros, 20 viven en chozas de bambú y techo de palma. Además tenemos intención de ampliar la ayuda de la cooperativa a otras personas."

Aportación del gobierno

Diversos estamentos del gobierno filipino trabajan codo a codo con los donantes, los organismos encargados de la ejecución del proyecto y las propias comunidades. En las 112 comunidades donde opera, la FAO tiene cuidado de no duplicar la ayuda que ya se está proporcionando o que los servicios locales de extensión agraria tienen previsto proporcionar.

Un ejemplo de sinergia entre la intervención local y la internacional se encuentra en la aldea de Nalapaan, donde Susan Uy, especialista local en tecnología agrícola, asesora a los agricultores desde hace 16 años. Cuando esta aldea se convirtió en campo de batalla en 2003 y la población tuvo que evacuar el pueblo durante seis meses, Uy siguió visitando a los campesinos en el centro donde estaban refugiados.

"Afortunadamente aquí se recibió la ayuda de muchos organismos de las Naciones Unidas. También colaboraron las ONG, aunque fragmentariamente, donando, por ejemplo, algunos aperos agrícolas −relata−. La FAO aporta todos los insumos necesarios y capacitación."

En efecto, el proyecto patrocinó una Escuela para agricultores en la cual los instructores enseñaron a los campesinos a realizar una gestión ecológica de sus campos de maíz y arroz, y a aprender cuándo se necesita de veras aplicar plaguicidas y fertilizantes. Por su parte, Susan Uy está promoviendo la diversificación de los cultivos: producir bananos para el cercano mercado local, al que se llega por una buena carretera.

Por último, en Manila, funcionarios del Ministerio de Agricultura ofrecen su perspectiva sobre la labor de paz y desarrollo en Mindanao.

"Les aseguro que valoramos mucho los fondos japoneses para Mindanao", afirma Jesus Emmanuel Paras, Subsecretario de Operaciones de Campo. "Casi todos los beneficiarios son mujeres, que no tendrían otra fuente de ingresos aparte de la agricultura. Su necesidad más apremiante es el sustento cotidiano".

17 noviembre de 2006

Contacto:

Peter Lowrey
Oficina de prensa, FAO
peter.lowrey@fao.org
(+39) 06 570 52762

FAO/Bahag

Una máquina de trocear ayuda a los campesinos a multiplicar el valor de la cosecha de yuca [Galería de fotos]

FAO/Bahag

Campesinos de Marahan (Mindanao) en un centro de formación financiado por la FAO y Japón

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De las armas al arado con ayuda de la FAO y Japón
Las comunidades rurales en la isla de Mindanao (Filipinas), vuelven a estar en pie tras décadas de conflicto gracias a la ayuda de un proyecto de la FAO financiado por Japón.
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