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Cómo cambiar el estado de las cosas
La estrategia para frenar el creciente uso de pesticidas
Islamabad, Pakistán – El cambio es una parte esencial del desarrollo rural, pero es más fácil decirlo que hacerlo. El status quo beneficia siempre a alguna de las partes implicadas. Cuando son los gobiernos los que impulsan el cambio, una ineficaz burocracia puede frenar el progreso. Los campesinos, que están ya a merced de fuerzas que se escapan a su control -como el clima y los precios-, tienden a ser conservadores.

Por estas y otras razones, los proyectos de desarrollo en zonas rurales que introducen las agencias internacionales o las ONGs, a menudo no conllevan cambios duraderos. A pesar de las buenas intenciones y del trabajo duro, las formas nuevas de hacer las cosas muchas veces no llegan mas allá del punto en donde se acaba la financiación extranjera.

Ello hace todavía más llamativa la campaña para reducir el consumo de pesticidas en el sector algodonero de Pakistán. Un programa conjunto FAO-UE para reducir el uso incontrolado de pesticidas ha sido seguido y mantenido con éxito por campesinos, el gobierno paquistaní y el resto de partes implicadas.

¿Cómo sucedió todo?

En Pakistán existen más de 300 compañías que producen pesticidas. La idea convencional sostenía que los pesticidas son un insumo agrícola rutinario e irremplazable. A esta realidad se enfrentaba un grupo de expertos y de funcionarios gubernamentales que trabajaban en los centros de investigación y los ministerios de la capital en la década de los años 90. Este grupo estaba alarmado por las consecuencias del uso excesivo de pesticidas sobre el medio ambiente, la salud de los agricultores y la inocuidad de los alimentos.

“Insistí en realizar en primer lugar una amplia campaña de concienciación, presentando la evidencia científica sobre los residuos de los pesticidas”, asegura Iftikar Ahmad, experto en fitopatología y responsable del Programa Nacional de Manejo Integrado de Plagas (MIP). “Contratamos consultores para investigar y en todos los casos conseguimos datos para cambiar las normas que regulan los pesticidas”, asegura.

Ahmad sostenía también que una campaña para reducir el uso indiscriminado de pesticidas necesitaba una sólida base institucional.

“Retrasé en varias ocasiones el comienzo del proyecto FAO-UE porque carecíamos de la capacidad para gestionarlo”, recuerda. “Defendí que antes teníamos que establecer un programa nacional, ya que de otra forma no funcionaría”.

Era de importancia crucial tener aliados. Además del apoyo internacional del sistema de Naciones Unidas, el Banco Asiático de Desarrollo, la Unión Europea, las organizaciones de ayuda europeas y las organizaciones no gubernamentales, la iniciativa MIP en Pakistán cuenta con el apoyo de los principales ministerios.

“La delegación de la UE en Pakistán mostró gran interés y nos ayudó a formular nuestra petición de fondos. Si alguno de los documentos quedaba paralizado en un ministerio, el Representante de la FAO telefoneaba en nuestro nombre para agilizar el proceso”, explica Ahmad. “Otro elemento importante es el desarrollo de los campesinos y de sus organizaciones como catalizadores antes de que finalice el proyecto, de forma que puedan representar un grupo de presión para la continuidad de este tipo de programas”.

Cuando el proyecto encontró resistencia en la importante provincia agrícola del Punjab, modificó su estrategia e introdujo el MIP en la vecina provincia de Sindh, por lo que más tarde al Punjab se apresuró a subirse al carro.

¿Que pasará en el futuro?

Conseguir introducir dos nuevas ideas –el Manejo Integral de Plagas y las Escuelas de Campo para agricultores- ha requerido casi tener fe y celo religioso. ¿Pero que sucede con el control de calidad? ¿Es necesario un cierto grado de “ortodoxia” para que estos métodos continúen funcionando?

El éxito de la metodología de las Escuelas de Campo se basa en permitir a los campesinos que aprendan a través de la observación y el debate entre ellos mismos, con un mínimo de intervención. De esta manera consolidan los conocimientos y la confianza necesarios para tomar sus propias decisiones, que a menudo son contrarias a las ideas preestablecidas. Los viejos métodos de enseñar a los agricultores pueden parecer más sencillos, pero a largo plazo no funcionan tan bien.

“La calidad es el elemento clave”, concluye Ahmad. “Existe el impulso, pero al tiempo que el movimiento crece algunos responsables de las escuelas de campo han empezado a producir manuales. Nosotros nunca tuvimos uno, ya que desplaza a la experimentación”.

“Una de las piedras angulares del método de las Escuelas de Campo es la innovación. Hay que ofrecer alternativas a los campesinos y escuchar qué es lo que quieren. Los novatos les dirían en cambio simplemente qué hacer”.

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Contacto:

Peter Lowrey
Oficial de información, FAO
peter.lowrey@fao.org
(+39) 06 570 52762

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