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Las voces de las mujeres afganas
Herat, Afganistán – En un país cuyos habitantes han convivido codo a codo con el conflicto y la inseguridad durante décadas, el impacto en las mujeres ha sido especialmente duro. Sobre todo bajo el régimen talibán, entre 1996 y 2001, cuando se les prohibió trabajar, ir a la escuela a partir de los ocho años de edad o incluso salir de casa sin un acompañante masculino.

Pero ahora las mujeres juegan un papel importante en el momento en que los afganos tratan de reconstruir sus medios de vida, en especial en el sector agrícola, del que depende el 85 por ciento de la población.

Algunas mujeres que trabajan en un proyecto de semillas ejecutado por la FAO cuentan sus historias:

Nazila Jamshidi, ayudante de laboratorio, Laboratorio de análisis de semillas de Herat

Ayudo a encontrar mejores semillas para nuestros campesinos. Registro las muestras de semillas y las estudio con microscopio para comprobar su pureza. La labor que realizamos es importante: si las semillas no son puras los campesinos tendrán una mala cosecha.

Vivo con mi madre y dos hermanos, mi padre murió durante el conflicto en Irán hace 18 años, cuando yo tenía dos. Soy la única que trabaja, así que este empleo es muy importante para mí. Gano 500 dólares EE.UU. al mes y el dinero sirve para pagar la comida, el alquiler, la calefacción, la electricidad y el agua. También me permite comprar medicamentos para mi madre, que está enferma y tiene dolores de cabeza terribles. Nos cuestan cerca de 100 dólares al mes. Al final, me queda un poco que ahorro para el futuro.

Fariha Azimi, ayudante de laboratorio, Laboratorio de análisis de semillas de Herat

Planto las semillas en sus macetas, las riego y ayudo a recolectarlas una vez que crecen. Comencé limpiando y dando una mano en el laboratorio, pero mis colegas me ayudaron a aprender, de modo que ahora sé cultivar y cuidar las semillas. Estoy contenta de haber adquirido estos conocimientos, ya que me ayudarán a ganar dinero.

Tengo cinco hijos, mi marido trabaja para el Gobierno, pero yo también necesito trabajar para que nos alcance el dinero. De otro modo las cosas se nos pondrían difíciles.

Nunca he oído a nadie lamentarse de que soy una mujer que trabaja, aunque no creo que todo el mundo esté de acuerdo. Mi familia nunca se ha opuesto, pero creo que los vecinos y otras personas no lo ven bien. Las cosas pueden resultar difíciles para las mujeres en este país, pero mucho peor fueron los años de los talibanes: eran mucho más estrictos.

Fatima, trabajadora en el Centro de ensayo de Urdo Khan

Limpio de malas hierbas y también ayudo a obtener las semillas del trigo y ponerlas en bolsitas para someterlas a pruebas. Somos unas quince personas sentadas en una pequeña tienda quitando las semillas de las espigas, mientras que el fuerte viento sacude la lona durante todo el día. Tengo siete hijos, pero sólo uno está trabajando. Otro de mis hijos perdió una mano en la explosión de una mina, y mi marido murió hace seis años.

No tenemos mucho, pero con este dinero podemos pagar el alquiler y comprar alimentos suficientes. También puedo comprar bolígrafos y cuadernos para la escuela de mis hijos. Quiero que aprendan lo más posible, para que tengan una oportunidad cuando crezcan. Realizo este trabajo durante cuatro meses al año, el resto del tiempo lavo ropa y hago bordados.

Shah Bibi, trabajadora en el Centro de ensayo de Urdo Khan

Elimino la maleza de los campos, limpio las semillas y ayudo a clasificarlas. Trabajamos desde las 08h00 hasta las 17h00. Nuestra aldea se encuentra cerca del campo, así que muchas de las mujeres se van a casa para el almuerzo, o nos traemos alguna cosa aquí.

Tengo ocho hijos y soy pobre, ya que en casa no trabaja nadie más. Mi marido está incapacitado, sufrió una intervención quirúrgica hace tres años y su brazo izquierdo quedó muy dañado. Dedico el dinero a pagar el alquiler y comprar artículos como arroz, aceite para cocinar y ropa. Nunca tuve problemas con la gente por el hecho de ser una mujer trabajadora. Todas las mujeres de aquí tienen que trabajar: por su propia supervivencia y la de sus familias.

6 de agosto de 2007

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La FAO en zona de peligro

©FAO/Giulio Napolitano

Mujeres trabajando en un campo de pruebas de semillas cerca de Herat

©FAO/Giulio Napolitano

La técnico de laboratorio Nazila Jamshidi inspecciona semillas

©FAO/Giulio Napolitano

Fariha Azimi en el laboratorio de Herat renovado por el proyecto

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