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La FAO en zona de peligro
Herat, Afganistán – “Si, pueden organizar una reunión de trabajo en un hotel en la ciudad. Nos tienen que avisar con antelación y tendrán que pagar entre cuatro y seis guardias armados para vigilar la zona”.

El Oficial de seguridad de Naciones Unidas responde así a una petición del asesor técnico de la FAO Samuel Kugbei en una reunión sobre seguridad en el recinto protegido de la ONU en Herat. El seminario que se desea organizar es una actividad típica dentro del proyecto de 10 millones de euros de la FAO y la UE para el desarrollo del sector de semillas. Por desgracia, Afganistán no es un país típico.

El derrocado régimen talibán continúa luchando contra las fuerzas gubernamentales y las tropas de la OTAN. La capital, Kabul, parece un campamento militar. Los ataques suicidas con bombas van en aumento, y los secuestros son moneda corriente.

¿Como puede una agencia de desarrollo como la FAO ejecutar su programa en Afganistán de forma segura y eficaz?. Se trata de una iniciativa por valor de 17 millones de dólares EE.UU. anuales, con 400 empleados y operando en sectores como la ganadería, la producción lechera, el regadío y la seguridad alimentaria en algunas de las áreas rurales más remotas del país.

“La FAO es bien recibida en las provincias y las aldeas ya que hace mucho tiempo que trabajamos aquí”, asegura desde su oficina en Kabul Tekeste Ghebray Tekie, Representante de la FAO en Afganistán. “No hemos tenido ningún problema de seguridad –ningún ataque-, y creo que ello se debe a que la comunidad aprecia la labor que llevamos a cabo y protege a nuestro personal. Kandahar es buen ejemplo de ello. Se trata de una zona de riesgo, pero estamos trabajando allí sin problemas”.

Tekie señala que el apoyo de la FAO a la industria afgana de semillas se remonta a 1978, continuó durante toda la ocupación soviética y en la etapa posterior, incluso cuando la FAO se vio obligada a dirigir las operaciones desde el vecino Pakistán, a donde evacuó a su personal durante el conflicto.

Ello no significa que el personal de la ONU no cumpla con estrictos procedimientos de seguridad. O que los trabajadores del proyecto no estén nerviosos…

“Me preocupa la situación de seguridad”, admite Fariha Azimi, ayudante de laboratorio en el centro de ensayos de semillas de Herat, renovado por el proyecto. “Tengo que utilizar esta carretera cada día para ir al trabajo, y últimamente hay cada vez más y más ataques suicidas con bombas”.

6 de agosto de 2007

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©FAO/Giulio Napolitano

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